El abogado como guardián de la ética en la era digital
DOI:
https://doi.org/10.62876/gm.v14i16.7667Palabras clave:
Abogado, IA, Sesgo algorítmico, ÉticaResumen
Cuando hablamos de Inteligencia Artificial (IA), solemos pensar en el futuro; sin embargo, los orígenes de
la inteligencia artificial los encontramos en el pasado, pues este concepto se remonta, al menos en el plano
teórico, al año 1943, cuando Warren McCulloch y Walter Pitts presentaron su modelo de neuronas
artificiales. No obstante, es en el último siglo donde ha conseguido desarrollarse a plenitud y lograr su
aplicación en la vida real y en cada uno de los ámbitos posibles. En la esfera jurídica, la IA ha emergido
como una herramienta disruptiva, ofreciendo soluciones innovadoras para actividades como: la búsqueda
de antecedentes jurisprudenciales, la redacción de contratos inteligentes y la predicción de victoria o pérdida
de litigios. Claro está, a pesar de sus bondades, la IA también representa para el ejercicio del Derecho
riesgos significativos; por una parte, genera la incertidumbre de: ¿serán las máquinas capaces de suplir el
trabajo de los abogados? Y desde otra perspectiva, debido al sesgo algorítmico que es innato a este tipo de
sistemas: ¿Cuál es el grado de probabilidad de que se generen decisiones e información errónea con su uso?
Los recientes casos de abogados sancionados por errores atribuibles a la utilización indiscriminada de
dichos sistemas, subrayan la necesidad de un uso ético y responsable de esta tecnología. En el presente
ensayo se ahondará el desarrollo de la IA, sus principales herramientas a la orden de los operadores de
justicia y, sobre todo, los riesgos de su uso indiscriminado por parte de los abogados.





