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  <para>Camino a la nada: ¿el ser se disuelve en su propio devenir? Comentario a partir de “Estructura dinámica de la realidad” de Xavier Zubiri.</para>
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  <para>    María Guadalupe Llanes - Wolfgang Gil</para>
  <para>Camino a la nada: ¿el ser se disuelve en su propio devenir? Comentario a partir de “Estructura dinámica de la realidad” de Xavier Zubiri.</para>
  <para>María Guadalupe Llanes</para>
  <para>Escuela de Filosofía</para>
  <para>Universidad Central de Venezuela</para>
  <para>lupellanes@gmail.com</para>
  <para> </para>
  <para>Wolfgang Gil</para>
  <para>Escuela de Filosofía </para>
  <para>Universidad Central de Venezuela</para>
  <para>wolfgang.wolfgil.gil@gmail.com</para>
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  <para>The path to nothingness: does the self dissolve itself in its own </para>
  <para>becoming? Commentary based on “Dynamic Structure of Reality” </para>
  <para>by Xavier Zubiri.</para>
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  <para>La route du néant: l'être se dissout-il dans son propre devenir ? Commentaire de "Structure dynamique de la réalité" de Xavier Zubiri.</para>
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  <para>Caminho para o nada: o ser se dissolve no seu próprio devir? Comentário de “Estrutura dinâmica da realidade” de Xavier Zubiri.</para>
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  <para>Regresaba</para>
  <para>—¿Era yo el que regresaba?—</para>
  <para>en la angustia vaga</para>
  <para>de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.</para>
  <para>De pronto sentí el río en mí,</para>
  <para>corría en mí</para>
  <para>con sus orillas trémulas de señas,</para>
  <para>con sus hondos reflejos apenas estrellados.</para>
  <para>Corría el río en mí con sus ramajes.</para>
  <para>Era yo un río en el anochecer,</para>
  <para>y suspiraban en mí los árboles,</para>
  <para>y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.</para>
  <para>Me atravesaba un río, me atravesaba un río!</para>
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  <para>Juan L. Ortíz</para>
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  <para>Introducción: Qué es eso que llamamos “devenir”.</para>
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  <para>Tiempo, mutación, cambio, proceso, transformación, son términos que dibujan nuestra experiencia vital. Todos relacionados con lo que, en filosofía, se denomina devenir. Ninguna metafísica lo esquiva, ya sea para afirmarlo como suprema realidad moviente, o para negarlo como mera apariencia en la superficie de lo eterno-inmutable y realmente real. La noción de ‘devenir’, tan antigua y tan nueva, es identificada actualmente por algunos autores con el cambio, otros la igualan al dinamismo y otros piensan el devenir como proceso de ser, en el sentido de llegar a ser algo, que incluye todos los tipos de cambio (movimiento, alteración, generación, corrupción, etc.) Otros más piensan al ser mismo como proceso. </para>
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  <para>En fin, para empezar a estudiar lo deviniente en sí mismo, en su propia fluidez, se debe definir el devenir en primer lugar a la manera tradicional, como lo hace Zubiri: “Devenir es desde un cierto punto de vista llegar a ser algo, pero inexorablemente dejando de ser algo que se era, o añadiendo algo que no se era a lo que ya es, a lo que ya era”<footnote><para> Xavier Zubiri:  Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza; 1995): 11.</para></footnote> Es muy evidente aquí, como apunta más adelante Zubiri, que los antiguos establecían una relación ser-no ser: algo que todavía no es viene al ser y algo que se es deja de ser. Hay un paso del ser al no-ser y viceversa, con todo lo contradictorio que pueda parecer. Los objetos presentan una cierta paradójica naturaleza pues “son”, pero también “devienen”. </para>
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  <para>Zubiri resume la definición heredada de los antiguos griegos enfatizando que: “El devenir estaría constituido por un momento de no-ser, a diferencia de las cosas, que en tanto que son están constituidas nada más que por el momento del ser. El devenir es la articulación entre ser y no-ser”<footnote><para> Xavier Zubiri:  Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza; 1995): 11,12.</para></footnote>. </para>
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  <para>Pero recordemos que al igual que el ser se dice de muchas maneras también el no-ser se puede decir de manera distinta a la nada absoluta. La potencia, por ejemplo, es un no ser, no-absoluto, de algo que puede llegar a ser. Así que, de algún modo una potencia es una posibilidad real con cierto grado de ser mientras espera ser actualizada.</para>
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  <para>En suma, es indudable que tanto para los griegos antiguos como para todas las metafísicas posteriores que siguen su esquema, el devenir está siendo ontológicamente abordado, es un problema que surge en el seno del ser y en él se busca la solución. Por ahí entonces debe empezar la reflexión, y sobre esto hay mucha historia y mucha metafísica escrita. Zubiri, como buen metafísico hace lo propio, procede a revisar lo que dice la tradición filosófica sobre este peculiar modo de ser. Luego se desmarca de todas las posiciones anteriores, diciendo que el devenir no es lo mismo que el cambio, ni que el dinamismo, ni que el proceso y que, de hecho, ni siquiera es un problema del ser, sino de la realidad. </para>
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  <para>Son tres los filósofos griegos que analiza para exponer el tema del origen del concepto de ‘devenir’ en el contexto del ser: Parménides, Platón y Aristóteles. Con Parménides, nos dice Zubiri, hace entrada el devenir a la historia de la filosofía. Lo hace de forma paradójica, pues implica su negación. En efecto, el jefe de los eleatas afirma que solo el ser es y el no-ser no es. Como el devenir es la combinación de ambos elementos, entonces tampoco tendría existencia. Hay que recordar que el planteamiento de Parménides es básicamente lógico, pero su ser no logra separarse de la materia. </para>
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  <para>En cuanto a Platón, él comete el ‘parricidio’ filosófico al aceptar la existencia del no-ser, en la forma de diferencia, o lo otro. La diferencia con Parménides es que Platón distingue claramente entre materia y espíritu. Acepta que el ser pleno es el inteligible, o espiritual, allí el no-ser está ubicado como la categoría de diferencia en los géneros supremos. Por otro lado, el mundo sensible es constituido por lo material donde las cosas son y no son, a la vez. </para>
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  <para>Zubiri destaca que todavía en Platón la idea de unidad entre el ser y el no-ser es lógica, es decir, dialéctica. Aristóteles tiene a su cargo el convertir esa unidad en física. Para Aristóteles, el devenir es, básicamente, cambio físico, es decir, paso de una manera de ser a otro. El Devenir es una articulación entre ser y no-ser dentro de la realidad física de una cosa. Ya no se trata de lo otro sino de lo que el ser tiene en sí como potencia para llegar a ser. Aristóteles se concentra en quién sufre el cambio, en el móvil que es sujeto del movimiento entendido así, como un tipo de cambio. Aparece la visión aristotélica del hypokeimenon –ύποκείμενον- en la metafísica.</para>
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  <para>Y este es un logro impresionante en la evolución del pensamiento metafísico sobre la realidad que inicia con la negación del devenir en un plano lógico y culmina en una explicación que logra articular un algo y una privación en cada realidad física. Pero a Zubiri no le parece que la explicación zanje definitivamente el problema y en esto coincide con las filosofías del proceso. Por ello, para entrar en contexto, vale la pena revisar brevemente lo que dice una filósofa procesual de nuestros días sobre el devenir, siguiendo un sistema inspirado en el ser como proceso en vez del ser sustancial aristotélico.</para>
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  <para>En efecto, Johanna Seibt se refiere a Whitehead en particular y a los filósofos del proceso en general, diciendo que identifican ‘devenir’ con ‘dinamicidad’, y diríamos también que con ‘proceso’. Además nos presenta una serie de interrogantes que suscita la consideración procesual del ser:</para>
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  <para>For process philosophers the adventure of philosophy begins with a set of problems that traditional metaphysics marginalizes or even sidesteps altogether: what is dynamicity or becoming—if it is the way we experience reality, how should we interpret this metaphysically? Are there several varieties of becoming—for instance, the uniform going on of activities versus the coming about of developments? Do all developments have the same way of occurring quite independently of what is coming about? How can we best classify into different kinds of occurrences what is going on and coming about? How can we understand the emergence of apparently novel conditions? While process philosophers insist that all within and about reality is continuously going on and coming about, they do not deny that there are temporally stable and reliably recurrent aspects of reality. But they take such aspects of persistence to be the regular behavior of dynamic organizations that arise due to the continuously ongoing interaction of processes.<footnote><para> Johanna Seibt: “Process Philosophy”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2020 Edition), Edward N. Zalta (ed.): 1 (negritas añadidas)</para><para>En URL= <ulink url="https://plato.stanford.edu/archives/sum2020/entries/process-philosophy/">https://plato.stanford.edu/archives/sum2020/entries/process-philosophy/</ulink> </para></footnote></para>
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  <para>En este texto ya es muy fácil observar cómo las metafísicas procesuales del siglo XX se desmarcan de las versiones clásicas del devenir: la parmenídea que lo niega, y la aristotélica centrada en una substancia que es sustrato o sujeto inmóvil del cambio, para entonces buscar su inspiración en la rama que inicia Heráclito el oscuro. Pero mirando de cerca, también podemos apreciar en este párrafo de Seibt los dos ingredientes presentes en cualquier teoría del cambio por muy dinámico y relacional que éste sea: aspectos de persistencia que se entienden como comportamientos regulares (no como sustratos inmóviles) en organizaciones dinámicas que surgen de la interacción de procesos. Persistencia en medio, o a pesar, del dinamismo relacional. </para>
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  <para>Es esta característica compleja y aparentemente contradictoria del devenir la que condujo en el pasado a ciertos problemas que persisten con diferentes nombres y soluciones en la metafísica actual, como el del cambio intrínseco o “problema de los intrínsecos temporales”<footnote><para> David Lewis: On the Plurality of Worlds, (Oxford: Blackwell; 1986): 202-205.</para></footnote> Es decir, tratar de “compatibilizar la persistencia del sujeto del cambio con el carácter transitorio de los estados de posesión de propiedades intrínsecas en los que dicho sujeto participa”<footnote><para> Sebastián Briceño Domínguez: “El sujeto del cambio”, Discusiones Filosóficas. Año 17, N 29, Chile, Universidad de Concepción, (julio-diciembre, 2016): 15-33.</para></footnote>. Existen al menos tres soluciones contemporáneas propuestas para este problema en el caso de los que insisten en concebir algún tipo de sujeto del cambio. Un sujeto que en algunos casos ya no se parece al aristotélico, ya no tiene que ser simple para ser casi inmóvil, ni mero sustrato de accidentes. Pero que siguen considerándolo como un sujeto en el sentido más general de aquello que permanece, aquello que perdura, aquello que organiza en regularidades al imparable torbellino de lo real. ¿Es totalmente satisfactoria alguna de las tres soluciones que plantea la metafísica actual: la endurantista con sus variantes: neo-aristotélica y cuasi-aristotélica, la perdurantista y la presentista? Pues, en realidad, sigue siendo un interesante problema todavía abierto. Las tres tienen seguidores y detractores. No lo debatiremos aquí porque excede el tema del ensayo pero puede resultar ilustrativo recordar las palabras de Whitehead para quien el devenir es sinónimo de proceso:</para>
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  <para>Mere change without conservation is a passage from nothing to nothing. Its final integration yields mere transient non-entity. Mere conservation without change cannot conserve. For after all, there is a flux of circumstance, and the freshness of being evaporates under mere repetition. The character of existent reality is composed of organisms enduring through the flux of things…Electrons, molecules, crystals…exhibit a massive and complete sameness. In the higher types, where life appears, there is greater complexity. Thus…there is a complex, enduring pattern…<footnote><para> Alfred North Whitehead: Science and the Modern World, (London: Penguin; 1938): 201.</para></footnote> </para>
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  <para>El cambio, para que sea lo que es, supone alguna continuidad, algo que se conserva en aquello que cambia, porque de lo contrario sólo tendremos la desaparición de algo y la aparición de algo otro, y eso no es cambio. La continuidad indica que debe haber algún grado de igualdad (sameness) de aquello que permanece, que persiste, en el tiempo. La continuidad, entonces, no es una simple cuestión de sucesión. Podemos preguntarnos ¿identidad de qué? </para>
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  <para>Esta cuestión tiene la muy conocida formulación paradójica clásica que se conoce como la paradoja de Teseo<footnote><para> La paradoja de reemplazo tenía como ejemplo la leyenda griega que Plutarco recogió: "El barco en el cual volvieron (desde <ulink url="https://es.wikipedia.org/wiki/Creta">Creta</ulink>) <ulink url="https://es.wikipedia.org/wiki/Teseo">Teseo</ulink> y los jóvenes de <ulink url="https://es.wikipedia.org/wiki/Atenas">Atenas</ulink> tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaron hasta la época de <ulink url="https://es.wikipedia.org/wiki/Demetrio_de_Falero">Demetrio de Falero</ulink>, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los <ulink url="https://es.wikipedia.org/wiki/Fil%C3%B3sofo">filósofos</ulink> sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era". Plutarco, Teseo, 23. 1  <ulink url="https://historicodigital.com/download/Vidas%20paralelas%201.pdf">https://historicodigital.com/download/Vidas%20paralelas%201.pdf</ulink> </para></footnote>, que narró por primera vez Plutarco y fue debatida ampliamente. Lo interesante aquí es determinar si la identidad de algo que continúa en el tiempo mientras ese algo existe, es material o formal. ¿Se trata de la substancia?, ¿es algo subyacente inmóvil que recibe accidentes?, ¿es lo que llamamos ‘sujeto’ en el sentido de sustrato?, ¿o se trata del modo de organización continua de una materia que siempre está cambiando? ¿Dejaría usted de amar a su mascota al cumplir los siete años porque sus células habrían sido reemplazadas en su totalidad y por eso su perro sería otro perro? Ya vimos en la cita de Whitehead que, para él, lo que permanece, lo que tiene continuidad, lo que tiene identidad, es un patrón. Pero, ¿podemos todavía llamar a ese patrón, substancia o sujeto? Ahí está la cuestión.</para>
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  <para>Como decíamos, hay varios intentos de solución a este tópico tan arcano pero aquí sólo mencionaremos la variante cuasi-aristotélica endurantista respondiendo al problema sobre los intrínsecos temporales, que mencionamos antes, la cual considera que en un objeto real.</para>
  <para>                    </para>
  <para>un núcleo esencial de tropos recíprocamente dependientes cumple el rol del sujeto del cambio, mientras una periferia de tropos accidentales que dependen asimétricamente del núcleo esencial tiene carácter transitorio. El núcleo puede existir y persistir en distintos tiempos sin la compañía de esos tropos periféricos, pero estos no pueden existir, ni persistir sin los primeros.<footnote><para> Sebastián Briceño Domínguez: “El sujeto del cambio”, , Discusiones Filosóficas. Año 17, N 29, Chile, Universidad de Concepción, (julio-diciembre, 2016): 15-33 (negritas nuestras)</para></footnote></para>
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  <para>En el fondo de este esquema encontramos un modo no-totalmente-aristotélico, o cuasi-aristotélico, de pensar a la substancia, entendida desde las propiedades, como un “bundle” o manojo de características. Pero así concebida la substancia, es posible considerar las propiedades que se estructuran en el orden que la constituye, de dos maneras: siendo de carácter universal o siendo casos particulares de propiedades, o tropos. Si las propiedades que componen la estructura sustancial son universales hay que enfrentarse al problema de la “identidad de los indiscernibles”. Solucionarlo implica, por ejemplo, asignar a dos “bundles” idénticos, por tener las mismas propiedades universales, una locación particular diferente a cada uno. Y si un “bundle” está constituido por tropos podría decidirse que uno es central y los demás inhieren en él<footnote><para> “One way out of this problem may be to resort to the notion of a master property which was invoked in the discussion of Locke on substratum (2.5.1); that is, to the notion of one property of which all the others are modes, as visual shape is a mode of colour, or extension is the master property of matter for Descartes”. Howard Robinson: “Substance”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2014 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL= <ulink url="https://plato.stanford.edu/archives/spr2014/entries/substance/">https://plato.stanford.edu/archives/spr2014/entries/substance/</ulink>  </para></footnote>. En este último caso se vuelve a la solución aristotélica del sustrato. Los endurantistas no parecen muy preocupados por este problema, porque, de hecho, su solución es cuasi-aristotélica y no evitan señalar a un sujeto esencial para regular el manojo de tropos de diferentes tipos: esenciales y accidentales, y permanecer a través del cambio.</para>
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  <para>Sin ahondar más en el tema, es interesante ver que, para estos metafísicos, un sujeto es un tipo de rol relacionado con la posibilidad de la organización de lo que permanece en medio del cambio<footnote><para> “Varios filósofos han propuesto ontologías en las que los tropos tienen un puesto preponderante como categoría ontológica. Un “tropo” es una determinación individual en un objeto, por oposición a un universal que es una determinación que puede encontrarse simultáneamente instanciada en muchos casos. La terminología para hablar de estas determinaciones individuales ha sido fluctuante. Se ha hablado de “modos”, “particulares abstractos”, “momentos” y de otras formas para referirse a ellos.”</para><para> José Tomás Alvarado Marambio: “Clases de tropos como universales Ersatz” Trans/Form/Ação, Marília, v.34, n.1, Chile, Instituto de Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, (2011): 87-114, De URL:  <ulink url="https://www.scielo.br/pdf/trans/v34n1/a06v34n1">https://www.scielo.br/pdf/trans/v34n1/a06v34n1</ulink> </para></footnote>. </para>
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  <para>Xavier Zubiri, en plena mitad del siglo XX, en medio de nuevas corrientes filosóficas y con la ciencia sumando descubrimientos sobre la constitución de las cosas, se enfrenta al problema del devenir y desarrolla su propia solución.</para>
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      <para>X. Zubiri, desenreda el doble nudo del devenir en dos de sus libros emblemáticos.</para>
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  <para>El emblemático libro de Zubiri Sobre la esencia publicado en 1962 tiene como fin explicar qué es la realidad en su actualidad. Pero la esencia aparecía demasiado estática según los críticos de esos días. Para enfatizar la dinamicidad de la realidad y responder a la crítica, Zubiri elaboró en 1968 un curso de once lecciones titulado: Estructura dinámica de la realidad, que hoy disfrutamos impreso. Ya en el prólogo Zubiri aclara que “La realidad no es solamente lo que es actualmente; también está…incursa en eso que…podemos llamar el devenir.” <footnote><para> Xavier Zubiri: Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza; 1995): 7.</para></footnote> No se trata de ninguna manera de dos tipos de realidad, sino de una sola que se analiza desde dos puntos de vista complementarios e indispensables el uno para el otro. Los dos libros son como dos tomos que se ocupan in extenso del difícil tema de lo que se entiende por ‘realidad’.</para>
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  <para>Diego Gracia, reconocido estudioso de Zubiri, resume la tesis general de cada uno de los libros, diciendo:</para>
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  <para>La tesis general de Sobre la esencia es que la realidad no es “en sí”, ni “para sí”, ni “en mí”, sino que es “de suyo”. La tesis de Estructura dinámica de la realidad es complementaria de la anterior, y afirma que la realidad “da de sí”. El problema de este libro no es otro que el del modo de articular el “de suyo” con el “dar de sí”. La respuesta de Zubiri es que ambos términos no se relacionan como lo “constitutivo” con lo “operativo”, sino de un modo mucho más radical y profundo, como “sustantividad” y “respectividad”. Por tanto, no es que el “de suyo” dé consecutivamente “de sí”, sino que el “de suyo” es constitutivamente un “dar de sí”. Cabría decir que las realidades son estructuras que “de-suyo-dan-de-sí”<footnote><para> Xavier Zubiri: Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza; 1995): iv, v</para></footnote>.</para>
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  <para>Es mucho lo que dice Diego Gracia en ese pequeño párrafo. En primer lugar, hay que discernir entre las tres primeras opciones: “en sí”, “para sí” y “en mí”. Las dos primeras pueden ser interpretadas desde diferentes épocas de la filosofía con distintas  conclusiones. Si, por ejemplo, pensamos platónicamente el “en sí” parece que nos referimos a los eidoses que son lo mismo, en sí mismo y consigo mismo, es decir, gozan de total autonomía óntica.  La substancia aristotélica también goza de autonomía óntica, no se predica de nadie y todo se predica de ella. En la Edad Media a pesar de que el mundo se concebía dependiente del Ser Supremo, Creador y Causa Primera de todo lo que es, podía llevarse a cabo una reflexión del mundo en sí mismo como receptáculo de las cosas reales. Es verdad que los seres existían en virtud de una dádiva divina de esse, y que su existencia era precaria, contingente, pero mientras tenían “ser”, estaban en el ser, perduraban.  “Para la propia filosofía medieval -advierte Zubiri- nada impide, sin mengua de la causa primera, tomar el mundo en y por sí mismo, y ver las cosas como realidades que reposan en el mundo, como realidades intramundanas…Es una metafísica de la realidad mundanal en cuanto tal”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 201 (cursivas mías)</para></footnote>. La diferencia entre ser “en sí” y ser “de suyo”, es que mientras el “en sí” mira sólo a su propio contenido, el momento “de suyo” se abre a su propio contenido y además a otras cosas en tanto que reales. Sobre todo porque el “dar de sí” es el modo de ser del “de suyo”.</para>
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  <para>En cuanto al “para sí”, en la Edad Media sólo sería aplicable a Dios, todo ser del universo medieval tiene su finalidad en Dios y Dios la tiene en sí mismo. El “para sí” cobra importancia en las filosofías existencialistas, por ejemplo, y es fundamental para garantizar la libertad humana según Sartre. Para Sartre hay niveles de ser, uno de los cuales es el ser para sí, es decir, el propio ser de la conciencia, aquello que en el humano es no-objeto, no-realidad cosificada. El ser para sí, por tanto, no es una cosa pero tampoco es el ser en sí, que es un ser cosificado. Entonces, si lo característico del ser humano es ser conciencia, es ser para sí, esto significa que es un ser que construye su propia esencia, que se hace a sí mismo, y en esto consiste su libertad inevitable. Como vimos, el “en sí” reposa en el mundo, decía Zubiri, es cosa cerrada, negada a la apertura, pero el “para sí” aunque ya no es una realidad cosificada todavía está orientado hacia adentro, su construcción es autoconstrucción. Pero lo que es propio o “de suyo” de la realidad zubiriana es “dar de sí”, insistimos, es orientarse hacia su constitución íntima pero también hacia fuera, hacia lo otro de sí. </para>
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  <para>La tercera, “en mí”, habla de una realidad aprehendida que es real en tanto es en un sujeto. Este es un tema, a todas luces, perenne en toda investigación filosófica y científica. Y la balanza se inclina en cualquiera de las direcciones dependiendo de la tendencia del pensamiento del investigador. </para>
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  <para>Pues bien, en resumen, Zubiri rechaza las tres opciones (ojo, de entrada cabría erróneamente pensar que la realidad según Zubiri es “en mí” en tanto aprehendida por la inteligencia-sentiente, dándose en el sujeto) y afirma que la realidad es “de suyo”. Pensamos que quizás sea una especie de conjunción de tres modos de estar: Es algo que siendo “en mí” no deja de ser “en sí” lo que está siendo relacionalmente, o en palabras de Zubiri: lo que es “de suyo”, y al mismo tiempo “da de sí”. Pues la realidad no pierde su relación con lo demás, estar en relación con lo otro es también su propio modo de ser en vez de un añadido accidental. Esto, lejos de ser una propuesta diáfana, entraña algunos problemas.</para>
  <para/>
  <para>Hay aquí dos nudos para desenredar, como nos decía Diego Gracia: entender claramente a qué se refiere Zubiri con que la realidad es “de suyo”, y también cómo a la vez es constitutivamente un “dar de sí”. El antiguo dilema entre estabilidad y cambio, esencia y devenir, se reformula aquí en la novedosa solución en Zubiri. En efecto, estamos ante algo que no es estrictamente “para sí”, sino para darse, y lo hace sin perder consistencia, sin diluirse en la indeterminación de la nada, ni en la del infinito. Además surgen difíciles cuestiones sobre cómo está la realidad “en mí” sin ser yo misma, sin ser construida por mí; o si acaso es posible que lo que está “en mí” sea la realidad siendo como ella es; o si, después de todo, hay algo que pueda nombrar como ‘realidad’ o ‘momento de realidad’. Zubiri no se contenta con las soluciones aportadas por metafísicas anteriores y complementa su propuesta con nuevas nociones: el ser “de suyo” y el “dar de sí” se relacionan como la sustantividad y la respectividad.</para>
  <para>  </para>
  <para>Pues bien, así resume Zubiri de qué va la investigación en su Estructura dinámica de la realidad:</para>
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  <para>En este estudio voy a tratar del problema de la realidad una vez más, pero en un aspecto y desde un ángulo al que repetidas veces he aludido, aunque en él no he insistido de manera temática y sistemática, a saber, el problema del devenir. La realidad no es solamente lo que es actualmente; también está, en una o en otra forma, incursa en eso que de una manera más o menos vaga podemos llamar el devenir. Las cosas devienen, la realidad deviene<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 7</para></footnote>.</para>
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  <para/>
  <para>Es decir, ambas cosas: la realidad es y deviene, o tal vez se debería decir que la realidad es deviniente. Zubiri lo tiene claro, y en este punto consideramos que su metafísica se puede convertir en un dique natural para contener a los procesualismos extremos. Diego Gracia nos ofrece un apretado pero excelente recuento de las influencias de otros filósofos en las obras de nuestro autor, que pondremos aquí a pie de página.<footnote><para> “Es probable que el lector descubra en este libro un nuevo Zubiri, relativamente nuevo, claro. Si en Sobre la esencia parecía tener por interlocutores principales a Aristóteles y la Escolástica, en Inteligencia sentiente a Kant, Husserl y la Fenomenología, y en El hombre y Dios a San Agustín y la Teología, aquí, en Estructura dinámica de la realidad, el lector descubrirá un Zubiri inédito, que con un rigor intelectual enorme y no menos vigor, rehace el camino de un Hegel, y propone una alternativa en extremo convincente, tanto a la Fenomenología del espíritu de éste como a la Dialéctica de la naturaleza de Engels. La diferencia está en que aquí no se trata de «naturaleza» ni de «espíritu», sino de «realidad», y tampoco de «fenomenología» o de «dialéctica», sino de «estructura dinámica». Pocas veces un filósofo se ha propuesto tanto, y pocas también lo ha resuelto de modo más riguroso y original”. </para><para>Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): p. v</para></footnote> </para>
  <para/>
  <para>Ya el título del libro Estructura dinámica de la realidad resume en una frase la propuesta zubiriana, por eso su autor sabe que tiene que empezar por aclarar los términos del sintético encabezado: </para>
  <para/>
  <para>El libro, pues, tiene tres partes, dedicada cada una de ellas a las cuestiones siguientes:</para>
  <para/>
  <para>I. Qué significa «estructura dinámica de la realidad» (por encima de la definición nominal).</para>
  <para>II. Cuáles son las estructuras dinámicas de la realidad.</para>
  <para>III. La realidad en su dinamismo.<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 7.</para></footnote></para>
  <para/>
  <para>Y a continuación aclara que “la primera cuestión que debe plantearse es: qué sea la estructura dinámica de la realidad desde un punto de vista estrictamente filosófico”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 8.</para></footnote> porque, si bien toma en cuenta el conocimiento de nuestro mundo que las ciencias ofrecen, no pretende hacer un arqueo detallado de tales posiciones científicas.  Se trata de un libro de filosofía y de un enfoque filosófico, y esto tiene que estar claro desde el principio. </para>
  <para/>
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    <listitem>
      <para>Tres supuestos fundamentales sobre el devenir que Zubiri desarticula para proponer su nueva concepción. </para>
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  <para>Después de revisar brevemente las concepciones griegas de devenir correspondientes a Parménides, Platón y Aristóteles, Zubiri resume así los “tres supuestos radicales” que se esconden en tales concepciones: </para>
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  <para>En primer lugar, que el problema del devenir es un problema del ser.</para>
  <para>Segundo: que el que es y no es en el devenir es justamente un sujeto que deviene. He ahí una segunda hipótesis.</para>
  <para>Tercero: que en este sujeto, el devenir consiste en cambiar, en ir cambiando<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 18.</para></footnote>.</para>
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  <para>Procede, pues, nuestro autor, a revisar cada uno de estos tres presupuestos. Comienza por el tercero: El devenir es un cambio. La cuestión es si se puede, en verdad, desde el siglo XX al menos, reducir el devenir al cambio, si son intercambiables en cualquier contexto. </para>
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  <para>Zubiri se pregunta: “¿se deviene porque se cambia, o se cambia porque se deviene?”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 19.</para></footnote> Es decir, ¿podemos afirmar que somos seres en devenir como resultado de incesantes cambios, como si el devenir fuera una manera de llamar al proceso total de algo que sí concierne a la naturaleza de las cosas cambiantes y denominamos al proceso total: devenir?, o más bien, como somos seres dinámicos en esencia, el devenir es nuestro modo natural de ser, y por ello podemos cambiar. El devenir, una suerte de cualidad dinámica, se convierte en un componente ontológico de nuestra naturaleza íntima, un modo de ser independientemente de que cambiemos o no. En este sentido podríamos interpretar el devenir como un posibilitador del cambio y otras formas de dinamismo, en vez del cambio resultante mismo. Pero no es exactamente así para Zubiri, quien se expresa sobre la naturaleza del dinamismo en general con estas palabras:</para>
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  <para>El dinamismo no es una actuación consecutiva sino constitutiva; la realidad es activa por sí misma. No es el dinamismo una capacidad de actuar y que en ciertos momentos actúa, sino que la realidad en cuanto tal es activa por sí misma. En el primer supuesto, bastaría que estuvieran puestas las condiciones externas para que la realidad actuara. Si la realidad no actúa…es… porque no tiene en qué actuar. Ahora bien, ésta es una hipótesis completamente quimérica. La realidad está constituida en respectividad, y cada una de las sustantividades es activa por sí misma, por su propia razón de realidad<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 315, 316.</para></footnote>.</para>
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  <para>Así que, es verdad que para él el devenir no es un cambio resultante mismo, pero tampoco es una potencialidad de la realidad que responde únicamente cuando algo externo o interno la fuerza a realizarse. El devenir no es lo que le puede pasar a algo que está ahí, o que ocurre cuando una cosa con cierta potencia para cambiar se encuentra con lo que facilita el cambio. Es, como dice él, constitutivo, no consecutivo. Ni siquiera sirve decir que ya que el devenir es constitutivo, se trata de una potencialidad constitutiva. No. La realidad es constitutivamente dinámica. Zubiri deja muy claro al final de Estructura dinámica de la realidad que “el dinamismo es un devenir…Siempre que por devenir no se entienda forzosamente cambiar, lo cual sería absolutamente falso. Todo devenir…todas las formas del dinamismo y del devenir envuelven sin duda un momento de cambio. Pero el cambio no es aquello que formalmente constituye el devenir. El devenir no está constituido por el cambio, a pesar de que integra el cambio en sí mismo deviniendo.”<footnote><para> Xavier Zubiri: Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza; 1995): 315.</para></footnote></para>
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  <para>Luego pasa al segundo de los supuestos, que ya mencionamos un poco más arriba: El sujeto del devenir, o lo que es igual ¿es necesario que haya algo que deviene, un sujeto, y cuál sería su función? No solo su función sino también su naturaleza. Habrá que determinar si, en efecto, el devenir precisa de un sustrato, un hypokeimenon, que sea estable, permaneciendo, en medio del movimiento. Zubiri va presentando una opción diferente cuando se pregunta si: “¿O será que pura y simplemente el devenir afecta formalmente, en alguna medida, a la realidad misma en una de sus dimensiones, sin que esta realidad tenga que desempeñar formal y forzosamente el carácter de sujeto?”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 19, 20.</para></footnote></para>
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  <para>Termina este apartado diferenciando al sujeto que deviene del ser deviniente, pero entiende que aquí se puede seguir preguntando ¿qué o quién es el deviniente? O más bien, ¿qué significa para algo el decir que es deviniente?</para>
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  <para>Por último, considera el primero de los supuestos clásicos: El devenir es un problema del ser. ¿A quién le sucede o en quien se inscribe el devenir?, se pregunta Zubiri, ¿es el ser la razón última de todo lo que existe?, ¿o puede haber algo más primigenio?, ¿será el ser anterior a la realidad, o al revés?, ¿será lo mismo realidad y ser? Podemos ver más adelante en este magnífico libro que la realidad es anterior al ser, para nuestro autor. Por ello no se titula: Estructura dinámica del ser (ni del ente). Es en la realidad donde se inscribe el devenir y “el hombre es un animal de realidades”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 206.</para></footnote>. </para>
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  <para>Esto nos lleva de vuelta al primer nudo de la ecuación estabilidad-dinamicidad. ¿Quién deviene?, pues</para>
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  <para>Toda realidad, en una o en otra forma, tiene un momento de estabilidad, si no, sería puramente evanescente; en definitiva, no sería nada…Toda realidad envuelve, pues, un momento de estabilidad. Sí, pero aquí se trata de una estabilidad propiamente hablando dinámica. Es decir, de la estabilidad de unas sustantividades que, efectivamente, por su dinamismo continúan siendo las mismas en una forma o en otra.<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 161.</para></footnote></para>
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      <para>La permanencia según Zubiri.</para>
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  <para>Recordemos la solución endurantista al problema de lo permanente en medio del cambio. Consideran que un conjunto de tropos, determinaciones individuales de una cosa, hace el papel de sujeto o esencia de la cosa y el resto de los tropos son accidentales, adventicios.</para>
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  <para>Con las debidas distancias, y siempre pensando en el rol, en la función, que desempeña aquello del objeto que protagoniza la posibilidad de su permanencia en el tiempo, a pesar del cambio, será interesante ver en qué consiste la solución de Zubiri en cuanto a esta parte del nudo. Podemos hacer aquí una comparación analógica con la esencia zubiriana. En efecto, la esencia es una estructura de notas, es un núcleo (insistamos en que no se trata de una esfera situada en un centro, alrededor de la cual se adhieren las propiedades) que perdura y regulariza lo que es y lo que puede llegar a ser el objeto real del que se trate. El núcleo esencial está compuesto por notas necesarias y adventicias. Así lo expresa Zubiri:</para>
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  <para>Toda esencia consiste en una unidad coherencial primaria de notas que son  formalmente constitutivas: aquellas notas cuyo sistema unitario, coherencial y primario, es necesario y suficiente para que una cosa tenga todas sus notas constitucionales, y pueda tener todas las notas adventicias. Es el extructo “de suyo” y por tanto constituye el “sí” del “dar de sí”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 100.</para></footnote>.</para>
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  <para>Añade Zubiri que “la esencia es la unidad coherencial primaria de unas notas muy precisamente caracterizadas con una caracterización no meramente específica, sino formalmente individual (singular o no) en sí misma qua esencia…la esencia es aquello que hace que lo real sea “tal” como es”.<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 357.</para></footnote> La talidad zubiriana es determinación en cierto sentido, no en el estilo escolástico de determinación que está en función de la sustancia, el género, la especie y la diferencia específica, es decir en función de la definición esencial tradicional, sino en función de la “constructividad de un sistema”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 358.</para></footnote> La explicación sobre lo que son las notas zubirianas, los tipos de notas, su modo de relacionarse para consolidarse estructuralmente, etc., es un tema largo y complejo que no podemos desarrollar aquí. Nos limitaremos a citar una definición del propio Zubiri y luego hablaremos solo de su aspecto talitativo. En efecto, dice Zubiri:</para>
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  <para>Al hablar de “notas” tomo el vocablo en toda su máxima generalidad. Usualmente se suele tomar como sinónimo de propiedad, pero dando a este vocablo un sentido restringido, a saber: algo que “tiene” la cosa ya previamente constituida en cuanto tal…Aquí, en cambio, al hablar de “notas” me refiero no sólo a estas “propiedades” de la cosa, sino a todos los momentos que posee, incluyendo entre ellos hasta lo que suele llamarse “parte” de la cosa, es decir, la materia, su estructura, su composición química, las “facultades” de su psiquismo, etc….todo aquello que pertenece a la cosa o forma parte de ella “en propiedad”, como algo “suyo”. Las células de un organismo o la psique misma son, en este sentido, propiedades de aquel organismo o del hombre, etc.<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 104.</para></footnote></para>
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  <para>Es decir, tenemos una cosa real, una realidad sustantiva que es una estructura dinámica de notas. Además contiene una estructura necesaria de notas constitutivas que es la esencia, esto es, aquello responsable de responder a lo que es esa realidad y lo que puede ser. Tal esencia, tal unidad estructurada de notas, propiedades, cuya naturaleza es ser notas-de, es lo que las hace talitativas, justamente el “de” de las notas determina lo que tal nota en tal constructo unitario es. La unidad es tal cosa porque las notas son tales que responden y constituyen esa tal-como-es realidad. </para>
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  <para>Carlos Sierra Lechuga nos ofrece este comentario aclaratorio: “Las cosas se hacen notar, aparecen en sus notas, se hacen presentes o se actualizan en ellas, y estas notas notifican o hacen notar lo que la cosa es realmente. Decimos, pues, que nota es un carácter en que la cosa se actualiza realmente”<footnote><para> Carlos Sierra-Lechuga: “Estructura y realidad, una investigación de reología”, Lógoi, Revista de Filosofía. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, N. 42. Año 24. (julio diciembre 2022): 79-124.</para></footnote>. El énfasis está en que la cosa no es un centro acopiador de notas que se relacionan con ella como un accidente con respecto a la substancia en metafísica tradicional. Más bien las cosas son lo que son sus notas. Es una verdadera apuesta constitucional de lo real desde las notas y no con ellas.</para>
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  <para>La propuesta es de esencias individuales, con “notas-de” talificantes individuales. Dice Zubiri: “no sólo es ser perro o ser hombre, sino ser este perro o este hombre, es ser “tal” unidad precisa y formalmente individual. Cada cual tiene su propia e irreductible talidad esencial individual”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 361.</para></footnote> Por eso, hay unas notas que confieren talidad al sistema porque el sistema como unidad esencial es capaz de esenciar a su vez a tales notas, las actualiza y hace talificantes. Del modo particular de construirse, de referirse cada nota y su conjunto unitario a todas las demás, se deriva la manera peculiar de ser “tal” la unidad, pero las notas se relacionan de esa tal manera porque pertenecen a esa unidad y no a otra. Es la complejidad y la riqueza de las relaciones propias de una unidad sistemática.</para>
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  <para>Desde este punto de vista, estas notas se acercan a los tropos endurantistas en tanto son determinaciones individuales de una cosa y son las responsables de la estabilidad del sistema por su modo constructo de ser, nuclear y necesario. La “realidad esenciada” zubiriana, sin perder dinamicidad, se asienta en la “riqueza y solidez de su estar siendo”<footnote><para> Xavier Zubiri: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998): 174.</para></footnote>. </para>
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  <para>Entonces, para concluir, pensamos que una concepción metafísica de la realidad que conciba el devenir ya sea como proceso, como constitución dinámica de la realidad, como cambio, como contingencia radical, y que acepte la coexistencia de los dos momentos de dinamicidad y estabilidad que lo justifican, debería postular una estructura nuclear capaz de evitar la disolución de los seres en la nada por causa de su propia capacidad natural de transformación. La forma que tendrá tal estructura nuclear variará según el sistema conceptual-categorial en que se apoye. Puede tratarse de una esencia, de una ruta histórica, de un patrón que se repita en el flujo perpetuo de eventos que se suceden y articulan, de un núcleo esencial de tropos, etc. Lo fundamental es anclar el devenir con un ancla dinámica que garantice la posibilidad de poder ser lo mismo y serlo dinámicamente. </para>
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  <para>Fuentes Bibliográficas.</para>
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  <para>North Whitehead, Alfred: Science and the Modern World, (London: Penguin; 1938).</para>
  <para>Sierra-Lechuga, Carlos: “Estructura y realidad, una investigación de reología”, Caracas, Lógoi, Revista de Filosofia. N. 42. Universidad Católica Andrés Bello, (julio-diciembre 2022): 79-124</para>
  <para>Lewis, David: On the Plurality of Worlds, (Oxford: Blackwell; 1986).</para>
  <para>Howard, Robinson: “Substance”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2014 Edition), Edward N. Zalta (ed.), </para>
  <para>URL= <ulink url="https://plato.stanford.edu/archives/spr2014/entries/substance/">https://plato.stanford.edu/archives/spr2014/entries/substance/</ulink></para>
  <para>Seibt, Johanna: “Process Philosophy”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2020 Edition), Edward N. Zalta (ed.)</para>
  <para>En URL= <ulink url="https://plato.stanford.edu/archives/sum2020/entries/process-philosophy/">https://plato.stanford.edu/archives/sum2020/entries/process-philosophy/</ulink>  </para>
  <para>Alvarado Marambio, José Tomás: “Clases de tropos como universales Ersatz” Trans/Form/Ação, Marília, v.34, n.1, Chile, Instituto de Filosofía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, (2011): 87-114, De URL:  <ulink url="https://www.scielo.br/pdf/trans/v34n1/a06v34n1">https://www.scielo.br/pdf/trans/v34n1/a06v34n1</ulink></para>
  <para>Briceño Domínguez, Sebastián: “El sujeto del cambio”, , Discusiones Filosóficas. Año 17, N 29, Chile, Universidad de Concepción, (julio-diciembre, 2016): 15-33</para>
  <para>Zubiri, Xavier: Estructura dinámica de la realidad, (Madrid: Alianza Editorial; 1995).</para>
  <para>Zubiri, Xavier: Sobre la esencia, (Madrid: Alianza Editorial; 1998).</para>
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