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Año 2022
ISSN: 2343-5658
Un diccionario de lo nuestro.
Reflexión metalexicográfica para la elaboración de un diccionario de literatura del estado
Bolívar
A dictionary of ours.
Metalexicographic reflection for the elaboration of a dictionary of literature of the Bolívar
state
Bogarín Leal, Humberto / humbogarin11@hotmail.com
Ravelo Gómez, Yoryelin / yoryeravelo@gmail.com
Rojas Ajmad, Diego / rojasajmad@gmail.com
Universidad Nacional Experimental de Guayana
Resumen
En este trabajo se propone una reflexión acerca de los criterios, tanto de estructura como de
contenido y organización, que deberían emplearse para la elaboración de un diccionario de
literatura del estado Bolívar. Para ello, a través de una investigación documental, se ahonda en la
conceptualización de los diccionarios y sus tipologías. Luego, se estudian los conceptos de
“región” y de “literatura” para así completar los núcleos semánticos que conforman la frase objeto
de estudio: diccionario de literatura regional. Por medio del arqueo de fuentes diccionariológicas,
y su posterior análisis, se estudian dos diccionarios venezolanos de literatura regional (Zulia y
Mérida), con el propósito de describir sus criterios metalexicográficos y sus nociones de
diccionario, literatura y región. Analizados los criterios de estos diccionarios, se reflexiona acerca
de sus propuestas para así bosquejar cómo debería ser un posible diccionario de literatura del
estado Bolívar. El resultado de estas reflexiones nos condujo a considerar una perspectiva cultural
amplia, diversa, que toma en cuenta las distintas lenguas que conviven en este territorio y que pone
en cuestión la idea tradicional que se tiene de la literatura. Se espera que estas reflexiones sirvan
de guía para quienes posteriormente se planteen la elaboración de ese necesario proyecto de un
diccionario de lo nuestro.
Descriptores: Diccionarios, Estado Bolívar, Literatura, Metalexicografía, Región.
Abstract
This paper proposes a reflection on the criteria, both of structure and of content and organization,
that should be used for the elaboration of a dictionary of literature of the Bolívar state. To do this,
through documentary research, it delves into the conceptualization of dictionaries and their
typologies. Then, the concepts of "region" and "literature" are studied in order to complete the
semantic nuclei that make up the phrase under study: dictionary of regional literature. Through the
search of dictionary sources, and their subsequent analysis, two Venezuelan dictionaries of
regional literature (Zulia and Mérida) are studied, with the purpose of describing their
metalexicographic criteria and their notions of dictionary, literature and region. After analyzing
the criteria of these dictionaries, we reflect on their proposals in order to outline what a possible
dictionary of literature of the Bolívar state should be like. The result of these reflections led us to
consider a broad, diverse cultural perspective that takes into account the different languages that
coexist in this territory and that questions the traditional idea of literature. It is hoped that these
reflections serve as a guide for those who later consider the elaboration of that necessary project
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of a dictionary of what is ours.
Descriptors: Dictionaries, Bolivar State, Literature, Metalexicography, Region.
En Venezuela ha existido una importante y fecunda producción diccionariológica. A través
de instituciones como la Universidad de Los Andes, la Universidad Católica Andrés Bello o la
Fundación Polar, entre otras, la construcción de diccionarios que tienen como propósito registrar
el patrimonio nacional ha sido de tal calidad y magnitud que hoy día constituyen fuentes
indispensables para cualquier investigación en las ciencias sociales y humanas.
Sin embargo, los diccionarios elaborados desde una perspectiva regional han sido pocos. Los dedos
de las manos alcanzan para contar este tipo de trabajos, cosa que, si se analiza con cautela, podría
significar la rdida, en un tiempo no muy lejano, de información importante para nuestra
identidad y la memoria histórica.
Es esta la razón por la cual se echa de menos y se destaca la necesidad de un diccionario
del estado Bolívar, en particular de su literatura, pues este, que al día de hoy no existe, contribuiría
a afianzar el conocimiento y difusión del patrimonio cultural. Este diccionario de la literatura del
estado Bolívar serviría, como han servido los diccionarios de otros estados del país, para compilar,
sintetizar, facilitar y hacer disponible la información de calidad para estudiantes del sistema
educativo en sus diferentes niveles y, de igual manera, a docentes e investigadores que necesiten
información veraz y fidedigna para la investigación académica y la preparación de clases.
Pero no es la intención de este trabajo el construir un diccionario de la literatura del estado Bolívar.
Sabemos que esa labor es ardua, que amerita mayores recursos y un equipo de trabajo mucho más
amplio. Lo que se pretende con este trabajo es dar el primer paso para que en un futuro cercano,
con otras personas e instituciones involucradas, asuman estas páginas como una contribución
preliminar a ese necesario proyecto.
Ese primer paso consiste en una reflexión metalexicográfica que brinde criterios y
lineamientos a considerar en la elaboración de diccionario de la literatura del estado Bolívar. Pérez
(2005) nos aclara este término: “se entiende como metalexicografía a la disciplina que se ocupa de
estudiar la teoría, la crítica e historia de los diccionarios en la dimensión más variada de sus
especies genéricas” (p. 78). Si la lexicografía es la “técnica científica de elaboración de
diccionarios” (Pérez, 2005: 78), la metalexicografía, como su mismo nombre sugiere, es el saber
que reflexiona sobre ese mismo quehacer, que tiene a los diccionarios como su propio objeto de
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estudio. Para tener una idea más clara de lo que abarca la metalexicografía, Pérez (2005) menciona
sus fuentes de estudio:
1. Los prólogos o prefacios a obras lexicográficas.
2. Las reseñas o recensiones críticas a obras lexicográficas.
3. Los artículos metalexicográficos en enciclopedias o diccionarios enciclopédicos.
4. Las ponencias académicas en congresos o simposios científicos.
5. Las monografías sobre temas específicamente lexicográficos.
6. Las bibliografías especializadas.
7. Las historias de la lexicografía o las referencias lexicográficas en historias de la lingüística
(p.79).
Abordar entonces la creación de un diccionario de literatura del estado Bolívar tiene que
pasar previamente por preguntarnos acerca de los criterios que regirán la selección y organización
de la información sobre la cual se construirá ese diccionario: ¿cuál tipo de diccionario sería el más
adecuado?, ¿a qué se le llama estado Bolívar?, ¿solo la literatura hecha en lengua española se
incluirá en el diccionario o también deben sumarse las otras lenguas empleadas en la región, como
las lenguas indígenas?, ¿se considera como literatura solo a las producciones escritas, o lo oral y
la tradición popular también deben ser parte del corpus?, ¿qué hace que una obra se considere
como literatura regional…
El Diccionario Como Salvaguarda Del Saber Civilizatorio
La creación de un diccionario de literatura regional supone una serie de arduas reflexiones
previas sobre varios tópicos que de por cuesta definir y delimitar. Esto es así ya que un
diccionario no es simplemente una estructuración mecánica y ordenada de un puñado de entradas,
sin límites de temáticas ni de objetivos y que contendrá de todo y que servirá para todo. Al
contrario, antes de su realización es necesario delimitar, pensar bien su organización y su
contenido. Como lo señala Pérez (2005), se debe construir con antelación una conciencia de su
macro y microestructura:
Como producto textual, el diccionario es revelador de una estructura. Conjunto orgánico,
el diccionario se desarrolla corporalmente. La sistemática que anima su concepción y naturaleza
genera un funcionamiento bipolar en entidades susceptibles de identificación. Estas dos unidades,
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que identificamos con los sintagmas terminológicos: macroestructura y microestructura, alimentan
el sistema del diccionario y, más aún, constituyen el aparato de acción del propio organismo
descriptivo. En otras palabras, no pueden entenderse la una sin la otra. (p. 21).
Tener conciencia de la estructura diccionariológica, es decir, pensar en su metalexicografía,
supone entender el desarrollo corporal y sistemático del diccionario. Nos permite comprender los
límites prefijados por la macroestructura, y por consiguiente el desarrollo corporal de las entradas
y su desarrollo en la microestructura. Solo de esta manera se obtiene un trabajo lógicamente
organizado y sistemático.
Delimitemos conceptualmente lo que es un diccionario para así entender mejor sus
cualidades y posibles usos. La Real Academia Española (2014) lo describe de la siguiente manera:
“Repertorio en forma de libro o en soporte electrónico en el que se recogen, según un orden
determinado, las palabras o expresiones de una o más lenguas, o de una materia concreta,
acompañadas de su definición, equivalencia o explicación”. Este concepto pone el énfasis en la
idea de repertorio, de un conjunto de varios elementos que se ordenan con una razón y lógica
determinadas, y ello advierte, veladamente, de las distintas posibilidades o tipos que puede tener
un diccionario en función de la temática o del criterio empleado para esa ordenación. El tipo de un
diccionario se define al elegir los criterios de su macro y microestructura.
Otra definición podría dar más información que contribuya a la reflexión acerca de los
diccionarios que intentamos llevar adelante. Aguilar (2003, en Ciro, 2018), por ejemplo, afirma
que: “el diccionario es considerado un objeto manufacturado, cultural y pedagógico fundamental
para las necesidades comunicativas y por qué no, también representa una institución social que, de
alguna forma, establece una norma” (p. 59). En este concepto se observa mo salen a la luz varios
tópicos importantes, como el peso cultural, el valor pedagógico que puede tener dicha herramienta,
lo importante de esta para las necesidades comunicativas y la convención social que llega a
normalizar de alguna manera la lengua y la sociedad, ampliando así la perspectiva de los
diccionarios y enlazando su textualidad con el contexto y los usuarios. Es este el mismo sentido
que Porto Dapena (2002) indica al señalar que: “Todo diccionario es, en efecto, producto de una
cultura y como tal, se hace siempre eco de las inquietudes, pensamientos y corrientes lingüísticas
de la época en que fue escrito” (p. 41).
Este concepto de Porto Dapena llega a nutrir aún más el valor del diccionario y supone en
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este un reflejo social temporal de una cultura en el cual recaen pensamientos, inquietudes de la
sociedad en el cual fue escrito. De esta forma el diccionario, así como toda obra de la cultura, lleva
dentro de una impronta de la sociedad en la cual fue elaborado. Para reforzar esto, Maldonado
(1998) nos dice lo siguiente: “el diccionario es documento de una época [no en balde el diccionario
ha sido calificado mil veces de notario del idioma]” (p.12). Con esto, Maldonado corrobora la
concepción de Porto Dapena y muestra al diccionario como una herramienta de gran peso cultural
y social, lo cual, para el fin planteado, sirve en un doble sentido: en primer lugar, reconocer a los
diccionarios como documentos de cultura, contentivos de ideologías y prejuicios, y esto sirve como
señal de alerta para saber leer o interpretar las peculiaridades de su macro y microestructura, de
sus criterios, inclusiones y omisiones.
En segundo lugar, permite además tener muy en cuenta las posiciones ideológicas de
nuestro tiempo (como el multiculturalismo, la complejidad, la Otredad) para así establecer algunos
lineamientos con los cuales pensar en un posible diccionario de la literatura del estado Bolívar que
esté en sintonía con nuestro presente. Por lo tanto, podemos decir que el diccionario es una
herramienta que refleja a una sociedad desde diferentes tópicos que convergen en un todo, no es
un ente abstracto hecho de retazos de aquí y de allá, es más bien la conjugación de muchos verbos
disonantes que suenan juntos armónicamente, que en su disparidad se organiza y funciona dentro
de sus estructuras.
Concibiendo entonces al diccionario con una visión conceptual más amplia, es necesario
saber también el peso histórico que este guarda bajo sus páginas. Al respecto, Pérez (2005) nos
dice lo siguiente:
Todo diccionario, se lo proponga o no, da cuenta de los procesos históricos y de la
evolución de las culturas en la inclusión de determinadas voces y en el modo de interpretarlas en
la descripción. Así, el diccionario debe verse como una fuente de primer orden para el
conocimiento histórico. Gracias a él podemos no solo entender el paso del tiempo pactado en las
palabras que el diccionario define, sino que junto a esto han quedado señalados los cambios de
ideas y de pensamientos, de mentalidades y efectos, de sensibilidades y aprehensiones. (p. 58).
Los diccionarios, vistos de esta manera, no son entonces discursos objetivos o libres de
prejuicios. En ellos se inscriben también las ideologías de su contexto de creación y es por ello
que lo que muestran, y lo que no, responde a unos criterios particulares e históricos. Teniendo en
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cuenta estas ideas, ya podríamos hacernos una idea de la complejidad e importancia de los
diccionarios.
Proponer la elaboración de un diccionario de literatura regional supone entonces un
quehacer que va más allá del simple registro, y busca además fortalecer nuestro patrimonio,
entender a los bolivarenses desde su cultura y poner la información regional (poco conocida y de
difícil acceso) al alcance de estudiantes, investigadores y curiosos de la región, del país y del
mundo. Sin embargo, antes de emprender la tarea de un diccionario, es necesario también revisar
lo que han hecho con anterioridad otros investigadores. Por ello, es conveniente sumergirse en las
páginas de los principales diccionarios venezolanos de literatura regional que existen y descubrir
en ellos sus fundamentos y criterios de elaboración, para así evidenciar el curso que ha tenido esta
práctica de la lexicografía. Sabiendo como otros autores abordaron la creación de estos ejemplares,
se podrán tener referentes y elementos a tener en cuenta ante el fin planteado.
Un Paseo Por Los Diccionarios Venezolanos De Literatura Regional
La tarea de elaborar diccionarios de la literatura venezolana, desde la perspectiva nacional,
ha sido constante y fructífera en el país. De ellos, se pueden mencionar como ejemplos dos trabajos
que son y serán referentes para estudiosos y académicos. Uno es el Diccionario general de la
literatura venezolana, elaborado por el Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón
Febres de la Universidad de Los Andes (1974) y cuenta al día de hoy con tres ediciones: 1974,
1987 y 2013. El otro ejemplo es el Diccionario de autores venezolanos, de Rivas y García (2012),
publicado por la Universidad Católica Andrés Bello.
Sin embargo, cuando nos referimos a diccionarios venezolanos de literatura regional la situación
es totalmente opuesta. No existe el tesón, la variedad ni la constancia que se evidencia en los
diccionarios de mirada nacional, y una exhaustiva revisión de los catálogos de las principales
bibliotecas del país dan como resultado estas afirmaciones: dos o tres referencias de diccionarios
regionales para 23 estados que conforman el país y al día de hoy no se ha hecho un diccionario de
literatura del estado Bolívar.
Dentro de estos pocos diccionarios venezolanos de literatura regional que existen, se encuentran
el Diccionario de autores merideños, de Rivas y García (2014), y el Diccionario general de la
literatura en el Zulia, de Semprún Parra (2019). De estos dos diccionarios analizamos su tipología,
estructuras y profundizamos en cómo sus autores concibieron, delimitaron o conceptualizaron
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términos como “literatura” y “región”.
El primer diccionario para el análisis es el Diccionario de autores merideños, de la autoría
de Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Rivera, e impreso por la Arquidiócesis de Mérida
en el año 2014. En la presentación del libro existe una detallada descripción de la estructura del
diccionario y da indicios claros acerca de su orientación con respecto a los picos conceptuales
antes mencionados. Lo primero que tratan de hacer los autores en la presentación es dejar clara la
orientación o focalización en la que va enraizada esta empresa diccionariológica:
El Diccionario de autores merideños es una especie de inventario que recoge los datos
sobre la producción intelectual humanística y de las ciencias sociales, de los que han cooperado
con su creatividad al acervo literario, y con sus estudios a un mayor conocimiento y
engrandecimiento de las ciencias y la cultura nacional y universal (Rivas y García, 2014: 7).
Es necesario interpretar el título de esta obra. Causa curiosidad que este diccionario no se
haga llamar de literatura merideña”, sino de “autores”, y este hecho lleva a pensar en las
motivaciones y consecuencias de entender a la literatura solo desde uno de sus elementos (el autor).
Es conocida la perspectiva de análisis que parte del autor como centro generador de sentido de las
obras. Wellek y Warren (1974) hablan de ella y la consideran como la de mayor tradición en los
estudios literarios:
La causa más evidente de una obra de arte es su creador, el autor; y de aquí que la
explicación literaria en función de la personalidad y vida del escritor sea uno de los métodos más
antiguos y cultivados de estudio de la literatura (p.90).
Teniendo en cuenta esta antigua postura de estudiar la literatura desde la biografía del autor,
se puede entender un poco más el diccionario en escrutinio. En las entradas, como se ampliará en
líneas ulteriores, se hace una explicación extensa de la vida laboral y académica de los escritores
y se mencionan las obras realizadas por estos; de igual manera se menciona la ciudad y fecha de
nacimiento y, en el caso que lo amerite, su fecha de muerte. Todos estos datos dan al lector pistas
de las obras enmarcadas en la biografía del autor. Pero los mismos Wellek y Warren (1974) critican
esta perspectiva y dicen lo siguiente:
La biografía puede juzgarse con relación a la luz que arroja sobre la obra poética; pero
ocioso es decir que cabe defenderla y justificarla como estudio del hombre de genio [...]. La
relación que existe entre la vida privada y la obra no es una simple relación de causa y efecto”. (p.
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90, 92).
Por lo tanto, la biografía brinda datos para entender una obra, pero no se pueden tomar
como absolutos o dejar a un lado otros elementos de importancia que, sin lugar a dudas, se
involucran en la conformación y creación de una obra literaria. Centrar una investigación solo en
la biografía, en desmedro de la obra, el lector y el contexto, desarticula el sistema social que en
realidad es la literatura.
Aclarado este punto, podemos entender que cuando los autores del Diccionario de autores
merideños abordan su investigación enmarcados simplemente en la visión del escritor, dejan de
lado muchos otros elementos que llenarían de sentido a una obra diccionariológica como la que se
plantea. Es evidente que ese no es el único elemento sobre el cual se funda la literatura. Existen
otros sujetos y prácticas que la conforman (editoriales, revistas, páginas culturales, librerías,
recitales, lectores, corrientes y movimientos, etc.), y sobre los cuales se fundan otras perspectivas
para entender lo literario.
Es necesario destacar además que en la presentación de este diccionario de Rivas y García
(2014) se hace un estudio histórico, geográfico, social, cultural y étnico del espacio merideño,
siempre desde la perspectiva de lo urbano y escrito. Por ello, la literatura indígena, la campesina,
la hecha por comunidades afrodescendientes, la oral, quedan soslayadas, cosa que se ve reflejada
en el repertorio del corpus que conforman las entradas del diccionario, las cuales son: “las crónicas,
textos autobiográficos, la crítica, la reflexión filosófica, la producción narrativa, poética y teatral,
la ensayística y los estudios geográficos, jurídicos, sociológicos, pedagógicos, antropológicos,
lingüísticos, etnográficos o históricos”. (2014: 20).
Lo antes dicho demuestra una visión de la literatura demarcada por la escritura y lo
académico, evidenciando que no se toman en cuenta agrupaciones culturales, revistas, periódicos,
música, expresiones literarias campesinas, orales, entre otros, que nutrirían o ampliarían la visión
de su literatura y abrirían la perspectiva a la multiculturalidad presente aún hoy en el estado
Mérida.
Más adelante, en la misma presentación del Diccionario de autores merideños, Rivas y
García (2014) explican lo que entienden por “autor merideño”, noción fundamental que puede
servir para los propósitos de pensar un diccionario de literatura bolivarense. Veamos:
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Con fines prácticos hemos considerado que son merideños no solo quienes nacieron en territorio
merideño sino también aquellos que viven o que vivieron algún periodo de su vida y produjeron
aquí parte o la totalidad de su obra. Están entonces, todos aquellos que tienen publicada por lo
menos una obra, individual o en coautoría; obviando, sí, los materiales inéditos y los artículos
aparecidos en revistas especializadas por muy numerosos o enjundiosos que pudieran ser. (p. 21).
Entendido de esta manera, el autor no se define entonces por su partida de nacimiento sino
por el lugar donde este produjo la obra. Aunque esto parezca una obviedad, no siempre ha sido la
norma en los distintos estudios de crítica o historia literarias pues en ellos se incluye y se menciona
solo a escritores nacidos en el territorio bajo estudio. Abrir el abanico de autores supone una
ampliación que disuelve las barreras territoriales de nacimiento. De igual manera, al aceptar como
obra merideña la de autores no merideños, solo por el hecho de que se hizo en Mérida, sin
necesidad de que la obra plasme algún tema o referente andino, permite pensar en una gran
diversidad cultural y étnica dentro de la cultura local.
El Diccionario de autores merideños está organizado alfabéticamente, de la A a la Z, hasta
totalizar 700 autores con las características antes expuestas. La estructura está claramente
explicada de la siguiente manera:
Los autores: El diccionario contiene, además del apellido y nombre de los autores, el lugar
y fecha de nacimiento (y el de defunción, si es el caso), géneros en los que escribe, las primeras
actividades profesionales que realiza, los estudios que posee, los principales cargos públicos o
académicos ocupados e información sobre la pertenencia a grupos literarios y membresía a
sociedades o academias nacionales o extranjeras.
Distinciones: Se mencionan en este apartado los principales reconocimientos recibidos en
certámenes reconocidos, nacionales o extranjeros.
La obra: La producción intelectual ha sido clasificada por géneros y en cada sección
aparecen solamente los títulos de las obras, la fecha de publicación y otras fechas si la obra ha sido
reeditada. En algunos casos el lector observará que además del título hay un subtítulo entre
corchetes y entrecomillado y, junto a la fecha, la indicación de que es una obra en coautoría; en
este caso el autor lo es de lo que aparece entre corchetes y comillas.
Obras en otros idiomas: En esta sección incluimos los títulos y fechas de las obras que de
ese autor han sido traducidas a otras lenguas.
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En la sección Véase Además el lector encontrará los datos bibliográficos completos de una
bibliografía sobre el autor, cuando esta existe.
La última entrada es la Dirección Electrónica del autor en cuestión, en caso de que hayamos
localizado esta información.
Se ha reducido al mínimo el número de siglas; únicamente empleamos las más conocidas,
LUZ, UCV, UPEL y ULA para identificar a las universidades del Zulia, Central de Venezuela,
Pedagógica Experimental Libertador y de Los Andes (Rivas y García, 2014: 21-22).
Se creyó necesario citar en extenso los tópicos que demarcaron los autores de este
diccionario, y de forma tan detallada, ya que así queda descrita y desgranada la obra desde sus
fundamentos y concepciones de su macroestructura y microestructura.
Otro de los pocos diccionarios de literatura regional que existen en el país es el que lleva
por título Diccionario general de la literatura en el Zulia. Su autor es Jesús Ángel Semprún Parra
y la obra fue impresa por Sultana del Lago Editores en el año 2019. En la introducción del
diccionario el autor hace una descripción muy detallada de lo que encontrará el lector en forma de
entradas, que se supone representan a la literatura zuliana toda: “autores, libros publicados,
revistas, periódicos, premios, instituciones, eventos, editoriales, grupos, movimientos y
generaciones literarias” (Semprún, 2019: 4). Sin duda alguna, una compilación con indicadores
más extensos y variados que los ofrecidos por el Diccionario de autores merideños y esto hace
pensar en una visión diferente de ver a la literatura. Semprún dice lo siguiente al respecto:
En esta obra sobre la literatura en el Zulia, la consideramos en un sentido amplio, porque
comprende gran parte de la producción escrita, no solo las obras de creación, sino aquellos ensayos
enmarcados dentro de la producción histórica, social o científica con valoraciones literarias
(Semprún, 2019: 4).
En esta afirmación se observa que el autor, aunque se propone “un sentido amplio” de lo
literario, restringe la compilación de entradas a solo la “producción escrita”. Con ello deja a un
lado la literatura oral, a pesar de que esta, en el estado Zulia, ha tenido una destacada presencia en
las comunidades indígenas y ha presentado un mayor interés de investigación entre los
académicos. Sin embargo, dentro de lo específico de la literatura escrita, sí se nota un propósito de
ampliación al aumentar el espectro que se tiene sobre la literatura. Nos da a entender que no se
quedará solo con los tradicionales y canónicos géneros literarios, sino que incluirá otras
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manifestaciones textuales.
De igual manera, Semprún delimita a los autores que conforman su diccionario: “autores
zulianos y no zulianos, pero cuya obra fue desarrollada en esta entidad” (Semprún, 2019: 4). Al
igual que el diccionario merideño antes escrutado, se da valor a la obra creada dentro de los límites
de la región, sin importar si el creador hubiera nacido o no en ella y menos que la obra contenga
un tema o motivo regional.
Con referencia a la estructura dada al diccionario, la información es clara, corta y muy
precisa por parte del autor:
En cuanto a obras se señala solo el año de edición y reedición, sin mayores datos
bibliográficos y sin fuentes indirectas. No incluimos estas dos últimas informaciones, para hacer
posibles la publicación del diccionario. Y sobre todo, hacer del diccionario una obra de fácil
manejo para el lector y las ventajas que ya de por ofrece el orden alfabético de las entradas.
(Semprún, 2019: 4).
Sería recomendable tratar de no suprimir este tipo de información ya que se estarían
limitando datos a los investigadores. Hay que recordar que los diccionarios, como se mencionó,
sirven también de cofres que atesoran la memoria, y en ese sentido, aspectos referidos a la
imprenta, al lugar de impresión o a materiales que hablen de la recepción de esos textos, serían de
mucho valor y permitirían una visión más amplia, contextualizada, de las obras literarias y su
recepción y presencia en los diversos espacios.
En la misma introducción del diccionario, Semprún (2019) describe la estructura de la obra,
especificando con más detalle la información que guía la elaboración de cada entrada:
Las entradas correspondientes a los autores no son biográficas, sino que dan cuenta de sus
actividades únicamente vinculadas a la literatura, además de indicar premios, publicaciones y
estudios literarios. También indica otras actividades a las que se dedica el escritor desde el punto
de vista profesional u ocupacional. (Semprún, 2019: 4).
Tal vez haya una contradicción en esa afirmación. ¿Es o no biográfico este diccionario?
Pareciera ser que sí, pues finalmente se incluyen datos de profesión o actividades ajenas a la
literatura. En todo caso, el Diccionario general de la literatura en el Zulia sigue la lógica del orden
basado en el autor y posee además entradas de revistas, grupos, editoriales, etc.
Falta por aclarar también la concepción de “general” que le da el autor a su diccionario. Se pudo
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observar líneas arriba su concepción de literatura, limitada a lo escrito, pero que dentro de este tipo
de manifestación literaria busca ampliar los límites de los géneros, incluyendo de esa manera
una heterogénea variedad de obras escritas, al igual que agrupaciones y generaciones literarias. Al
respecto, Semprún dice lo siguiente:
La lista de autores reseñados incluye no solo a creadores literarios como dramaturgos,
novelistas, poetas, etc., a críticos y ensayistas, sino que abarca a escritores en prosa pertenecientes
al campo de la historia, la filosofía, etc., como ya indicamos, así como biógrafos y cronistas.
(Semprún, 2019: 4).
Con estas características, podemos afirmar que este diccionario se construyó desde una
perspectiva tradicional de la literatura, al igual que el Diccionario de autores merideños (Rivas y
García, 2014), debido a que entiende a la literatura como un discurso autónomo, autárquico, ajeno
a los otros discursos presentes en la sociedad, además que excluye otras manifestaciones como la
literatura oral o indígena, entre otras hechas por grupos ajenos a lo escrito y académico. Sin
embargo, incluye entradas sobre revistas, editoriales y agrupaciones literarias, y eso amplía un
poco la perspectiva, pero sin ahondar en el contexto, colocando como protagonista al autor y a la
obra.
¿A Qué Llamamos Literatura Regional Y Cómo Podríamos Hacer Un Diccionario Con Ella?
Esta revisión de dos diccionarios venezolanos nos lleva a reflexionar acerca de la idea de literatura
regional. Entender esta problemática noción puede hacer visibles, con mayores detalles, los
inconvenientes y retos para emprender un posible diccionario de la literatura del estado Bolívar.
Para pensar exhaustivamente lo que significa la expresión “literatura regional” creemos
conveniente separar las dos unidades que la conforman: literatura y región. Veamos qué podemos
entender de cada una de ellas.
La literatura es un concepto líquido e informe, que pide ser colocado en un cuenco para
que de esa forma pueda ser apreciado claramente. El problema radica en que no existe cuenco que
agrade a todos o que sea lo suficientemente grande para albergar toda el agua del océano de la
literatura. Es que la literatura, independientemente de lo que se diga de aquí en adelante, es una
concepción más que una camisa de fuerza. Para entenderla, se tiene que despejar la mente de
cercados y barreras limítrofes entre géneros o concepciones.
No ha habido una sola idea uniforme y consensuada de literatura a lo largo de los siglos.
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En algunos momentos se ha hecho énfasis en el contenido o temática de las obras para señalar su
cualidad literaria, y en otros, se ha desplazado el interés hacia la forma o lenguaje empleado para
catalogarla. Podríamos mencionar algunas de las principales posturas acerca de lo literario para
ver cómo este cambio de piel ilustra con mayor precisión ese carácter líquido e informe que
mencionamos al comienzo.
Una de las primeras posturas acerca de lo literario es la que señala su cualidad meramente
imaginativa. Así lo señala Eagleton (1998) al afirmar que:
Podría definírsela, por ejemplo, como obra de “imaginación”, en el sentido de ficción, de
escribir sobre algo que no es literalmente real. Pero bastaría un instante de reflexión sobre lo que
comúnmente se incluye bajo el rubro de literatura para entrever que no va por ahí la cosa. (p. 5).
Al considerar lo literario como algo meramente imaginativo, los ensayos, las cartas, la
llamada literatura testimonial o muchos otros textos y discursos que se fundan en lo real quedarían
automáticamente excluidos de la literatura que hoy se conoce.
Sin embargo, hay otras posturas que desplazan la cualidad de lo literario desde el tema o contenido
hacia la forma. El ejemplo más emblemático es el de los formalistas rusos, quienes consideraban
a la literatura como un discurso hecho con un lenguaje “extraño”, “no común”. Bajo esta
concepción una obra literaria es un compendio de cnicas narrativas unidas bajo cualquier
pretexto o motivo: “la literatura es una clase ‘especial’ de lenguaje que contrasta con el lenguaje
‘ordinario’ que generalmente empleamos” (p. 7). Esta postura se cae por su propio peso al recordar
que existen obras literarias que parecen hechas con un lenguaje “común y corriente”, del día a día,
como la poesía conversacional o las crónicas urbanas.
Esos han sido, al parecer, los dos polos sobre los cuales ha girado la posibilidad de lo
literario. Es decir, para que una obra sea considerada como literaria (y esto es importante para
nuestro diccionario), solo se ha prestado atención al mensaje, al texto, tanto en su condición
temática o formal, sin importar cualquier otro elemento ajeno a este.
Sin embargo, el mismo Eagleton (1998) advierte de la posibilidad de encontrar la cualidad de lo
literario fuera del texto. El autor dice lo siguiente: “la ‘literatura’ puede referirse, en todo caso,
tanto a lo que la gente hace con lo escrito como a lo que lo escrito hace con la gente” (p. 8). Más
adelante también dice:
Algunos textos nacen literarios; a otros se les impone el carácter literario. A este respecto
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cuenta mucho más la educación que la cuna. Quizá lo que importe no sea de donde vino uno sino
como lo trata la gente. Si la gente decide que tal o cual escrito es literatura parecería que de hecho
lo es, independientemente de lo que se haya intentado al concebirlo (p. 9).
Según lo dicho, el término literatura está condicionado por la percepción de los lectores en
un espacio tiempo delimitado, más que en una cualidad intrínseca a la obra. Esto supone que el
concepto de literatura puede ser variable, que puede presentarse a través de diversos canales,
soportes, temáticas y géneros, y que además está relacionado con estructuras sociales, culturales,
económicas, históricas, visiones de mundo imposibles de soslayar por parte de los estudiosos de
la materia.
Si no es sencillo entender la noción de literatura y ser consciente de su multiplicidad de
formas y sentidos, no es más fácil tratar de entender el término de “región”.
Comenzaremos por conocer lo que dice el diccionario de la Real Academia Española (2014) sobre
lo que es una región: “Porción de territorio determinada por caracteres étnicos o circunstancias
especiales de clima, producción, topografía, administración, gobierno, etc.”. Sin duda alguna, un
concepto que, con sus tópicos, da una visión amplia. Normalmente cuando se habla de región
automáticamente se piensa solo como un término geográfico. Sin embargo, como se menciona en
el DRAE, existen otros aspectos que deben ser tomados en cuenta.
Palacios (1983) describe dos significados que él considera fundamentales al momento de
conceptualizar lo que es una región:
En general, puede decirse que el término región comparte dos significados fundamentales:
el primero hace referencia a la noción abstracta de un ámbito en cuyo interior se cumplen ciertos
requisitos de semejanza u homogeneidad, ya sea que este se conciba en el mundo material que
conocemos. O hasta cualquier lugar del universo (p. 3).
Este primer criterio que toma el autor es el de semejanza u homogeneidad que se cumplen dentro
de un ámbito. Cuando se habla del ámbito social y humano puede existir un sinfín de tipologías
regionales que englobarían a grupos de personas que comparten una territorialidad y a su vez
comparten características sociales, creencias, costumbres, cultura, etc. Sin duda una visión
conceptual de interés para la investigación planteada. Palacios sigue con su explicación:
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El segundo significado se inscribe en un nivel más reducido de generalidad, para denotar
ámbitos concretos de la realidad física y sus elementos. Concretamente, aquí el término se utiliza
para identificar porciones determinadas de la superficie terrestre, definidas a partir de criterios
específicos y objetivos preconcebidos… Menciono esta dicotomía para aclarar que las diferentes
partes de un territorio pueden diferenciarse en función exclusivamente de factores naturales o
geográficos, o con arreglo a determinaciones sociales: una región tiene sentido y existencia cuando
en ella se asienta un conglomerado que es el que le otorga forma y extensión. (p. 3).
Entendiendo a profundidad esta postura planteada por el autor, se puede pensar entonces
al estado Bolívar como un grupo regiones dentro de regiones, dado que dentro de nuestros espacios
conviven diferentes sociedades entrelazadas entre por ámbitos muy concretos que las
caracterizan. Elementos que las identifican y diferencian dentro de una macro-región bolivarense
y las convierte en parte de una multiculturalidad imperante, propietaria de características
insoslayables dentro del estado. Estas sociedades conforman, sin duda, regiones sociales y
culturales lúcidas, llenas de rica literatura. Zambrano (2007) nos brinda una visión que viene a
reforzar de manera clara lo que venimos explicando en líneas anteriores:
El concepto de «región» como espacialidad, implica una serie de paradigmas que deben
considerarse a la hora de establecer variables. Éstas abarcan no sólo geografías, sino también
sustratos culturales, lenguas, usos y costumbres. Pensar en «regiones» desde América Latina
supone un conocimiento detallado, menudo, de las diversas realidades enmarcadas que siempre
están renovándose, enriqueciéndose y complejizándose. (p.14).
Zambrano detalla claramente las variables a considerar al momento de pensar en el
concepto de región; variables que mutan y hacen complicar de gran manera el trabajo del
investigador, ya que delimitar un espacio geográfico a merced del gusto o sobre un mapa podría
resultar fácil, pero hacer lo mismo frente a realidades poblacionales, sociedades y etnias que, como
seres vivos, mutan, se transforman y evolucionan en conjunto, es una cuestión bastante compleja.
Como alternativa, Zambrano plantea otro tipo de región:
Podríamos hablar de regiones en el estricto sentido de la geografía, aparentemente
diferenciadas, o podríamos advertir otros sectores más vastos que marcan lo regional como zonas
de tradición cultural específica, espaciamiento geográfico o imperio lingüístico. Una región
cultural no es más que una división demarcada por una visión cultural común de un grupo social.
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(p.21).
Teniendo en cuenta lo antes expuesto, una región cultural es una zona donde un grupo
social comparte costumbres, tradiciones, conocimientos e ideas que las diferencian y las convierte
en únicas dentro un todo, por consiguiente los grupos sociales poseen una memoria histórica en la
cual recae un peso cultural que los identifica; ese peso es de vital importancia comprenderlo, dado
nuestro interés.
Otra forma de entender la región es la que nos plantea Mora (2004). Él nos habla del
término “geomental” para poder zafarnos de los criterios meramente geográficos o político-
administrativos:
El término geomental que aquí acuñamos tiene como correlato historiográfico la Escuela
de los Annales (1929), y específicamente la evolución histórica del concepto mentalidad colectiva,
memoria colectiva o utillaje mental. [...]. Ante estas discusiones, y un poco, para salvar los
obstáculos epistemológicos que planteaba el término braudeliano, decidimos incorporar las
estructuras mentales en el análisis del espacio: he aqla génesis del término GEOMENTAL” (pp.
39 y 59).
Es decir, desde el año 1929, con la perspectiva francesa de la Escuela de los Annales,
comienzan a replantearse nociones, perspectivas, criterios y visiones de las ciencias sociales y
humanas. Se visibilizan elementos antes soslayados, se conjugan elementos que nunca debieron
de estar separados y que, por un largo tiempo, colocaron al individuo en segundo plano, siendo el
hombre quien determina en su hacer social y vivencial limitantes geográficas, políticas e históricas.
Conociendo la génesis del término, podemos entender mejor su idea central: geomental es
la conjugación de la geografía (el espacio, el terreno) y la mentalidad individual y colectiva. Es
decir, pasa el individuo a ser parte principal ante el elemento estático de la geografía, lo cual no es
la supresión de uno por el otro o viceversa, sino la conjunción de dos elementos que han existido
y mutado al pasar del tiempo según las realidades.
Mora hace énfasis en la memoria como un recurso que otorga identidad a las comunidades:
La memoria no es más que el resultado, la suma, la combinación de los recuerdos
individuales de muchos miembros de una sociedad (…). Se puede decir también que el individuo
se recuerda colocándose en el punto de vista de su grupo, y que la memoria de grupo se realiza y
se manifiesta en las memorias individuales. (p. 40).
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En consecuencia, la memoria colectiva es el entrelazamiento de las memorias individuales
en un todo, por lo tanto, es un tesoro invaluable para una sociedad y su historia, teniendo en cuenta
como principales actores a los individuos como entidades sociales de interacción y transmisores
de información.
Al disponernos entonces a comprender nuestra región, no se pueden tener cánones ni
patrones que corten de manera lineal el estado, ya que dentro de este existen regiones culturales
con espacios geomentales específicos, donde por ejemplo se hablan otras lenguas, se conservan
tradiciones diferentes a las encontradas en las grandes urbes sociales. Tener conciencia de esto
implica profundizar en conocer a los individuos dentro de su hábitat ya que solo dentro de esta se
expresan como son en realidad sus costumbres. Al decir de Mora:
De allí que la memoria colectiva siempre sea memoria de una temporalidad de grupo, y
esta puede ser expresada a través de la familia, la religión, el mercado, las fiestas, los hábitos, las
costumbres, y las clases sociales, entre otras formas sociales de la memoria. (p. 42).}
Por eso, comprender la realidad sociocultural del estado Bolívar, y tener consciencia de
cuáles elementos de ella pueden ser parte del diccionario de literatura regional, pasa por revisar
las distintas manifestaciones artísticas de las comunidades bolivarenses, entender nuestros grupos
indígenas, los grupos de habla patuá y creole, las comunidades campesinas, sus músicas,
tradiciones, mitos, leyendas, etc. Es un paso esencial para recopilar toda esa memoria colectiva
importante en la memoria colectiva mayor correspondiente a la región bolivarense.
Tocar esta cantidad de tópicos no es desviarnos de nuestro rumbo; en el fondo esperamos
que sirva de ejemplo para aclarar cómo y qué abordar de esa gran multiculturalidad perteneciente
al estado. Toda esta tarea debe ir encaminada a fin de cuentas a entender qué es literatura regional.
Para comprender en profundidad este término, Zambrano (2007) brinda una serie de apreciaciones:
En ese sentido, el espacio aparece fragmentado en formaciones político territoriales, que
van delimitando el sentido de región. Esto podría comprenderse como un aspecto pedagógico que
ayudaría a conocer de manera más precisa los alcances de una literatura producida en un espacio
circunscrito con la pretensión de fortalecer un sentido de pertenencia, una forma de identidad
sustentada en la conciencia histórica y finalmente propiciar una perspectiva de identidad que una
lo local con lo nacional, en términos de identidad y pertenencia. (p.13).
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La literatura regional, en llanas palabras, viene a brindar una identidad local a un grupo
social, partiendo de unas características primigenias provenientes de una memoria colectiva de una
población. La importancia de este término, sugiere Zambrano, viene dada principalmente al
momento de entender la región como un reducto de la resistencia a la uniformación y a los criterios
nacionales que invisibilizan las particularidades de cada contexto regional:
Es necesario tener en cuenta que los criterios de lo local/regional pueden ser un punto de
inflexión frente a los rasgos homogeneizadores que impone la globalización y la influencia de los
medios de comunicación en ese proceso, donde pareciera privilegiarse la estética del no-lugar, la
tendencia al desarraigo y el solapamiento de la memoria histórica circunscrita a determinada región
por imponer algo así como una totalidad, la región del aire. (p.14).
Es sumamente interesante cómo el autor realiza una crítica hacia ese poder hegemónico
invisible que, sin darnos cuenta, nos hace ignorar las memorias históricas de los pequeños pueblos
y etnias en apoyo unísono a las grandes urbes y medios, tal como pudimos observar en los
diccionarios escrutados en el capítulo anterior. Se deja a un lado las literaturas intrínsecas a las
regiones culturales, la memoria colectiva de grupos étnicos, como si de valor estos escasearan o
simplemente no los tuviesen; respecto a esto Zambrano dice lo siguiente: “La perspectiva
centralista priva sobre el reconocimiento de lo periférico. Así el centro, la capital, o las capitales,
determinan el ordenamiento y el sentido de autoridad que se pretende imponer como lo nacional”
(p .21).
La literatura regional debería partir entonces desde una perspectiva de representación y
proyección de unas minorías, normalmente ignoradas o dejadas a un lado. Sabiendo esto, para
decir que se hace un diccionario de literatura regional se deben romper paradigmas centralistas y
sumergirse en las memorias colectivas de los pueblos y grupos sociales, y de esa manera
proyectarlos como patrimonio.
Lo antes expuesto tanto en el término de literatura como de región, y de su síntesis:
literatura regional nos hace ver desde una montaña muy alta lo que implica la empresa propuesta
de pensar un diccionario de la literatura del estado Bolívar, que pueda recoger toda la variedad
multicultural que atesora nuestro estado. Hasta este punto, la reflexión que hemos emprendido
pudiera hacernos ver la tarea de hacer un diccionario de literatura regional como algo imposible.
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Esa misma conclusión quizás sea a la que llegó Strauss (1999) cuando expuso en la introducción
a su Diccionario de cultura popular lo poco satisfecho que estaba por el trabajo hecho, dada sus
expectativas planteadas en un principio:
Debo confesar que a pesar de las dimensiones y utilidad de este trabajo no estoy contento
con el resultado final, pues cuando me planteé construir un diccionario sobre la cultura popular
tradicional de Venezuela, lo hice con la convicción de que podía convocar a permanecer en sus
páginas a la totalidad de sus componentes. (s/p).
Esta misma incomodidad la podemos sentir en el momento de pensar sobre la posible
realización de un diccionario de la literatura del estado Bolívar, pero solo tenemos que levantar la
cabeza y tomar como mantra las siguientes palabras que el propio Strauss nos dice en líneas
ulteriores: “Quiero decir con esto y así lo entenderán quienes hayan tenido que ver con trabajos
semejantes que faltan componentes, pero de los que están, ninguno sobra” (Strauss, 1999: s/p).
Por lo tanto, nuestra motivación debe estar centrada en dar pequeños pasos firmes que, a la larga,
se conviertan en un camino amplio y perpetuo, pasos que nos aproximarán cada vez más a la
totalidad compilatoria, solo para que en ese momento nos demos cuenta de que la literatura crece
más y más con cada segundo, como las nubes en el cielo.
Reflexiones Finales
La construcción de un diccionario de literatura regional supone indagar y conocer muchos tópicos
que usualmente no se toman en cuenta por considerarlos ajenos al tópico que se desea estudiar y
registrar. Hacernos conscientes de esto nos impulsó a evolucionar desde el punto de vista
investigativo, trazando una línea transversal por términos que nunca debieron de separarse; de
igual manera, implicó adentrarnos en conceptualizaciones con muchas aristas. Así, la conjunción
de diccionario, literatura y región implicó para nosotros, grosso modo, investigar tres
conceptualizaciones complejas por el entramado que representa cada una en sus adentros.
Teniendo en consideración todo lo expuesto, podemos entonces esbozar algunas ideas acerca de
lo que se debe tomar en cuenta para darle forma al diccionario bolivarense, para hacerlo bien, claro
y con bases sólidas. Lo primero que tendríamos que hacer para la realización de un futuro
diccionario del estado Bolívar es conocer y empaparnos de todos los hechos que conllevan la
realización de una obra de este tipo. Posteriormente, imbuirnos en las principales tradiciones
culturales, no sin antes indagar en conceptos regentes indispensables para la conformación del
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diccionario. La visión de región, región geomental y memoria colectiva son indispensables para
entender la cultura, el comportamiento social, étnico y literario de todos los protagonistas e
integrantes del estado.
De igual manera, la ampliación de la noción de literatura, en particular la consideración de
la música y la oralidad como discurso literario, viene a romper esquemas y paradigmas que
colocaban a la literatura muy lejos de las tradiciones culturales y folclóricas. Si no hubiéramos
indagado y profundizado en los diversos temas planteados, hubiese sido poco probable darnos
cuenta de la gran diversidad cultural que dejaríamos atrás por el simple hecho de guiarnos por una
visión canónica y tradicional de la literatura gobernada por las “bellas artes” y lo escrito. Por eso,
lo más aconsejable al momento de emprender la labor de crear un diccionario es asumir una
perspectiva multidisciplinaria y grupal, que intente comprender las obras literarias de una región
desde sus distintas modalidades. Necesitamos una visión amplia que aborde cada rincón, cada
costumbre, cada canto, cada copla, cada tradición, etc., sin predisposiciones rígidas y
conservadoras.
Plantear la creación de un diccionario de literatura regional nos obliga a adaptarnos a los
nuevos paradigmas impuestos por el cambio, a socializar con los olvidados y considerar lo
desechado. Sin dudas, la realidad y los enfoques son otros; por lo tanto, desde la academia no
queda más que ajustar los presupuestos de investigación y hacer realidad un diccionario amplio,
multicolor, multiétnico, basado en la igualdad y la inclusión.
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