La Historia Regional contada a través de voces femeninas.

Caso: fundación de Puerto Ordaz

 

Claudia Helena Arismendi González

Universidad Católica Andrés Bello

carismen@ucab.edu.ve

 


Me apasiona poder contar la historia desde lo cotidiano. De hecho, mi propuesta de trabajo final de la maestría fue justamente un título parecido a este, pero que rescataba la historia de la cotidianidad. En el caso de la fundación de Puerto Ordaz Gilberto me hizo rescatar ese trabajo para recordar algunas entrevistas de mujeres que hice en ese momento y me hizo correr actualizando algunas voces femeninas para poder enmarcar esto en los objetivos de la cátedra.

Así que vamos a escuchar este relato a través de algunas voces femeninas que nos van a contar lo que vivieron y lo que fue la historia de los inicios de esta ciudad. Antes de eso, quiero recordar que la historia, como ciencia, ha estado siempre asociada a algunas cosas que ya hemos estado acostumbrados también a escuchar, grandes meta relatos.

Ha estado asociada un tema militarista. Ha estado asociada a los temas de guerra, poco se habla de la civilidad y en ese enmarque también poco se ha hablado, poco se les ha dado voces a las mujeres. Las ciencias sociales en general, también han pasado por una crisis de querer cuantificar todo y, en medio de esa cuantificación, desde el siglo 20, con el auge del positivismo, la misma Historia cayó en querer cuadricularse en temas como la objetividad científica, predicciones, exactitudes y conceptualizaciones. Eso hizo que de alguna manera las mujeres quedaran invisibilizadas en la historia no solamente como protagonistas, sino que no tuvieron voces para narrar ellas la propia historia de todos los tiempos y de cualquier lugar.

Eso ha hecho que tengamos definitivamente una narración histórica distorsionada, solamente desde la visión de los hombres y con una alguna temática puntual, como ya lo decía anteriormente.

¿Qué quisiera rescatar?, que han surgido a lo largo de los tiempos, quizás a partir de la segunda mitad del siglo 20, algunas propuestas para plantear el hecho de la historia del estudio, la historiografía y de los temas históricos a partir de nuevas técnicas. Obviamente pudiéramos debatir mucho si entran dentro de la objetividad o no, pero en este caso voy a rescatar el tema de las historias de vida. Las historias de vida, según algunos autores, pueden ser técnicas, pueden ser una metodología. En este caso, yo la voy a presentar sólo para dar voces a las mujeres que vamos a escuchar Hoy.

No hay metaanálisis, no hay hermenéutica. No quiero hablar de fenomenología. Son las voces de las mujeres que a partir de sus relatos nos van a presentar las historias, la historia de la fundación de Puerto Ordaz.

Porque me parece que, a partir de las historias de cada una de esas mujeres, lo cotidiano se vuelve social y que a partir de esos actores que puede ser cualquiera de ustedes, que está hoy aquí pudieran ser protagonistas de la historia de cualquier momento y, obviamente, se fundamenta y se le da valor. En este caso, a la historia regional.

Comento una cita, dice: la historia es vida, es el día a día y no es el relato empolvado por el tiempo con héroes desconocidos. Cada entrevistado entiende el proceso de investigación, que su historia es parte de otra historia, que con su trabajo y acciones, se convirtieron en protagonistas de la historia. En este caso de Puerto Ordaz, son sujetos históricos. Cada uno tiene algo que contar y su historia es un balcón que se abre para analizar la realidad social.

En el caso de las mujeres y poder trabajar con esto, entender también que dentro de las historias de vida, hay un conjunto de aspectos que permite poder evaluar las relaciones sociales que se enmarcan en la interacción de los sujetos que se convierten en parte de estas historias y, que, a lo mejor en un grupo humano, se puede mirar y hacer análisis de todo el tiempo histórico o de algún tiempo histórico o de alguna parte de la región que quisiéramos estudiar.

La historia contada desde las voces femeninas busca, entonces, resaltar el papel y la contribución de las mujeres, que generalmente han sido omitidas o minimizadas en las narrativas tradicionales. Este enfoque permite ofrecer una perspectiva más completa y justa de la historia.

¿Cuáles fueron las interrogantes que guiaron entonces esta investigación?, conocer cómo era la ciudad al momento de la llegada de las mujeres. Vamos a ir viendo que hay algunos picos en la ciudad que van a permitir identificar como hitos históricos. ¿Cuáles fueron los cambios más significativos de la ciudad y en qué época se dieron? ¿Cómo era la vida cotidiana?, ¿Cómo la describen? ¿Qué hacían las mujeres en Guayana?, ¿Qué otras mujeres reconocen estas mujeres que entrevisté?, en el marco del crecimiento y el desarrollo de la ciudad, un poco por aquello de la sororidad, ¿Cómo nos reconocemos unas con otras? ¿Quiénes son las protagonistas de esta historia? Algunas, como les decía, entrevistadas hace algunos años bastante, algunas nuevas incorporadas en esta historia.

Está Juanita Ferreras. Es quizás una de las primeras secretarias que llega de Ciudad Bolívar. Cuando ni siquiera éramos Puerto Ordaz.

Puerto Ordaz era un campamento de lona, ya van a contar. Ya van a escuchar sus historias. María Teresa Sánchez, la conocen, vino de Caracas. Milagros Figueroa, creo que la conocemos mucho los que hemos crecido en esta ciudad, también vino de Ciudad Bolívar, aunque es nativa de la Gran Sabana. Liliana Giannini, es una italiana que había emigrado con su familia, vivía en Maturín, pero ahora ha vuelto o regresa. Ya van a ver en qué fecha. Alicia era periodista, también viene de Maturín. Pilar Gámez que viene de Valle de la Pascua. Elba Zieglet que viene de San Félix. Constanza Verolini de Caracas.

Esas van a ser las protagonistas, como algunas de ellas me pidieron, como las conocemos, que no colocamos sus nombres. Eso no se hace en investigación, porque yo debería citar el relato de quién es en el relato.

Algunos conocerán a quién me voy refiriendo, pero no están los nombres de ninguno. Vamos a escuchar. Y vamos a ir viendo un relato que va a transcurrir como la construcción de la historia de la ciudad. Importante entonces decir que no me voy a detener en el tema de cuándo se fundó esta ciudad. Solamente voy a hacer un breve comentario. Ese es el titular que usó el New York Times cuando Rómulo Betancourt vino y colocó una piedra a la que se le atribuye la fundación de lo que iba a ser Puerto Ordaz, el 2 de julio del año 1962.

Quédense con esa frase: “La ciudad soñada”, porque más adelante la van a escuchar, no con esos mismos términos, ¿no? Pero un poco con la visión que había de la ciudad para emigrar a ella.

Antes de comenzar. Entonces con los años 60, quizás son los más fáciles para entender el desarrollo de la ciudad y sus inicios. A mí siempre me ha llamado la atención antes del 60, ¿qué había en este espacio que hoy conocemos como Puerto Ordaz? Y, fíjense que Juanita Ferreras, que es aquella mujer que les digo que probablemente es una de esas primeras mujeres que hace vida en la ciudad.

Habla de unos campamentos de lona, de tablas que se empezaron a hacer con lo que más adelante iba a ser la montada o la llegada de la Orinoco Mining Company, entonces bueno, ella refiere que en esa época solamente 5 o 6 mujeres que llegaron a Puerto Ordaz. Era toda una travesía, que era puro monte y chaparro. Y, además, hace alusión a que el chaparro no sirve para nada, porque es un árbol del que ni siquiera se puede hacer leña y que aquí lo que había era la paz del cementerio.

Mujeres solo habían 5 o 6. Yo entré sin saber nada de oficina, cuando esto era solo un campamento. Acá no querían emplear a las mujeres. Fíjense fecha de referencia, 1952, pero mi tío trabajaba aquí y me consiguió el empleo.

Mira, yo creo que cuando llegué, ya habían fundado la ciudad. Bueno, todavía no estaban hechas las casas. Los americanos hacían casas como barracas de madera y cosas de esas. Cuando terminaron los trabajos en el 54 pasamos a la Orinoco, yo entré en ese grupo y trabajé hasta el 86.

Yo tenía 25 años, solamente viajábamos como 3 o 4 mujeres de Ciudad Bolívar para acá. Viajábamos de Ciudad Bolívar para acá todos los días, porque acá no había nada. De San Félix para acá venían chalanas.

Llegábamos con las pestañas llenas de polvo, polvorientas. Había que llegar directo al baño, lavándose la cara. No se usaban peinaditos ni maquillaje. Nada de eso. La carretera de tierra era por el 70, pareciera que hay una creencia en la medida que uno avanza en la entrevista con este personaje, que, en la medida que las condiciones de vida fueron mejorando, la misma Orinoco fue permitiendo la entrada de mujeres y la llegada a Guayana. Ella lo asocia como que las condiciones no estaban dadas para que pudieran vivir y pernoctar mujeres en ese pequeño campamento de barracas y lonas que estaba dando quizás visión y que sería el inicio de la ciudad.

Esta frase marca entonces ya los finales del 60. Y fíjense que dice: conozcan dónde está el futuro. Nos vinimos de Caripito, porque los campos petroleros empezaron a menguar y mi tío que era oftalmólogo, ya trabajaba aquí en la iron mining que tenía el campamento de Palua. Yo recuerdo claramente ese primer viaje. De hecho, tuvimos que dejar el carro del otro lado porque las chalanas no eran regulares. Ya existía el primer puente. Existía el intercontinental Guayana. Existían los campos de ferrominera, la Avenida Guayana, antes está el Loyola, Mendoza y Castillito.

En Maturín no había una avenida como esa. El campamento de Palua era una cosa monumental. Lo veías y decías: Yo quiero vivir aquí. La orilla del río, las trinitarias, las casitas, era muy hermoso. Yo siento que las mujeres ayudaron a que estos hogares se mantuvieran, le dieron arraigo a las familias. Esto era bello. Mi mamá vino como maestra en la Orinoco Mining Company, y empezó a trabajar en la escuela Diego de Ordaz.

Yo me fui en enero del 66, me mandaron para Puerto España. De aquí se iba a Maturín y de Maturín despegaba el vuelo. No había nada, se veía desde el avión, cantidades de casitas o cositas que se venían como armando de enero a diciembre.  Me fui de enero a noviembre tres veces, cuando regresé en el 67: Guau, ¿qué es esto? Esto parecía un nacimiento, desde el avión se veían muchas casitas y luces. No llegaban aviones grandes. El aeropuerto era solo el aeropuerto de ferrominera. Era una pista y la caseta. Fíjense que ya desde finales del 60 y a finales del 60 se empiezan a ver algunos cambios en la ciudad y empieza una ola migratoria importante.

Otro relato dice: yo disfruté muchísimo, porque, para empezar, yo era la primera mujer profesional ingeniera que entraba en la siderúrgica y prácticamente me tenían consentida en todas partes. Y eso generaba quizás, un poquito de envidia. Pero la experiencia fue muy buena y el trato con los obreros fue una experiencia lindísima porque tú veías ahí el cariño en serio. Te querían en serio. No era envidia profesional.

Me gustan los hombres porque los puedes mandar pal carajo sin problemas, refiriéndose a las responsabilidades que tenía en la empresa, en una empresa donde además estamos escuchando que era la primera ingeniera.

Nosotros vimos crecer la ciudad. Yo llegué a Guayana y besé el piso porque había llegado a Guayana. Para llegar a Guayana había que pasar en Chalana por Soledad. Ese otro dato importante, dependiendo de donde llegaron, siempre sale la historia de lo complicado que fue llegar a Guayana. Eso creo que es una de las cosas que se pudiera resaltar de esos primeros tiempos.

Yo llegué en el 66 a acompañar a mi hermana, que se había graduado de historiadora y consiguió trabajo en Puerto Ordaz, vino a trabajar en el liceo Cecilio Acosta. El llanero veía Guayana como en la frontera, lejísimo. Terminé el bachillerato entre el Cecilio Acosta y el Manuel Piar. Para no irme, ingresé a la escuela de Trabajo Social que estaba formando Nicoleta Salinas.

Nicoleta Salinas era la jefa del Departamento Social de Sidor. Hice pasantías en Sidor y allí me contrataron. Nicoleta Salinas era una italiana fundadora en Sidor de lo que hoy en día se conoce como Responsabilidad Social, universitaria o empresarial. Fundó el Departamento de Servicio Social, estaban en discusión del contrato colectivo y por eso la trajeron. Fíjense cómo empiezan a surgir nombres en la medida, también, que la ciudad se va organizando

¡La ciudad creció!, frase de algunas de estas mujeres. Carlos Andrés Pérez se volvió loco con Guayana. Una de las cosas que se consigue es que, aparentemente, en los Gobiernos adecos se sintió la prosperidad, el auge de la ciudad, la inversión en la ciudad y no le fue a la ciudad tan bien, pareciera, con los copeyanos. Eso piensan las mujeres entrevistadas.

Hay dos momentos históricos para comprender la ciudad. El inicio del Plan 4 permitió que viniera muchísima gente. Se construyeron muchísimas viviendas. El otro momento, cuando terminó el Plan 4, muchos negocios pequeños fracasaron. Gente quedó endeudada con los créditos hipotecarios. En un día, mi amiga y yo habíamos conocido a personas de 48 nacionalidades. El Plan 4 de Sidor se convierte en una referencia para todas las mujeres entrevistadas, hayan o no estado ligadas a alguna empresa básica. Me queda claro, después de haber escuchado las voces femeninas que el impacto de la migración con el Plan 4 y los cambios que hubo en la ciudad, marcaron la historia de la ciudad en ese momento.

Me gané una beca de Sidor. Me voy a estudiar a Bogotá. Hay una época en los inicios del Plan 4, que fue el gran auge. Sidor tenía muchos planes a futuro y se visualizaba mucho el trabajo comunal con los centros que se comenzaron a construir en San Félix y Puerto Ordaz. A mi regreso, me asignan a la parte del desarrollo comunal dentro de Sidor y trabajo con los Centros de Acción Social. Ya estaba el Plan 4 en pleno auge.

Noté el vuelco gigantesco que da la ciudad con las avenidas. Me fui con 5.000 trabajadores y regresé con 16.000 trabajadores. Eso es Sidor. Y, además, una cantidad de extranjeros, chilenos, hindúes, estaban en el movimiento del barco. Como parte del alojamiento se desarrolló Mapanare con los trailers. No había suficiente vivienda.

Veníamos a apoyar a las empresas básicas. Era una ciudad muy de hombres en la misma época. Vine de Caracas para apoyar la creación del Instituto de Educación Especial Puerto Ordaz, que quedaba en San Félix porque en Caracas conocen poco de la geografía del Municipio.

La directora nunca llegó, venía solo por un año y me quedé. Me encantaba cuando venía y entraba y veía la avenida llena de trinitarias. Me fascinaba. Me gustaba mucho Alta Vista, todo cosmopolita.

Yo venía de otras partes. Conocí otras zonas, pero Guayana era bella. A mí me impactó como caraqueña la gran vegetación. Las distancias libres de terreno entre un sitio y otro. Cuando conocí el Cachamay, nunca me imaginé que donde viviría me podía encontrar una cascada así.

Para mí los límites de la ciudad eran el edificio de la CVG, estaba Unare que nadie quería mudarse para allá, estaba Alta Vista Sur, que en ese momento costaba 15 bolívares mensuales, comprarlo, y yo no tenía acceso a ello.

La ciudad creció, esta es la época, como les digo, de los 70 mediados de los 70, es la época del boom del Plan 4, reconocen las mujeres entrevistadas a dos personas importantes. Creo que todos lo hemos escuchado. El general Rabat transformó la ciudad, la parte industrial y de estructura de servicios, y el otro Sucre Figarella.

Era una pequeña Torre de Babel. Así describieron el tema de poder encontrar diferentes procedencias, todas coinciden en que en la ciudad era fácil encontrar trinitarios chilenos, hindúes, cubanos, obviamente, los norteamericanos, y además, venezolanos de muchísimas partes. Hay una importante migración sobre todo del Oriente venezolano y de, obviamente, de Caracas, por el traslado que hubo a las empresas básicas.

Aquí estaba el barco Cristóbal Colón y ellos me invitaron a conocerlo. Me mostraron el barco, y yo veía que había tantas mujeres que se trataban de tú a tú con los hombres como profesionales. Yo más bien sentí que la vida estaba muy modernizada en Guayana, que había oportunidades para hombres y mujeres, sobre la cotidianidad aparecen algunas cosas que van también haciendo parte de lo que significa llegar a una ciudad donde todo estaba por construirse.

Con respecto al agua, si la peleamos en la zona de Los Olivos. Cerramos el puente, varios padres de familia para que nos solucionaran el problema. Los servicios funcionaban.  Era bastante limpia. Donde sí teníamos problemas era con el agua, sobre todo en Los Olivos y Villa Brasil. Nosotros tuvimos nuestras luchas, dicen algunos.

Recuerdo una protesta en la Ferrominera en el Orinoco. Se escuchaba el revuelo en la escuela. Recuerdo a una señora, salir de su casa con un machete y decir que quien se metía con su hombre lo mataba. Las mujeres se organizaban para defender a sus maridos.

Teníamos dificultad hasta para encontrar una aguja. No había nada. Uno buscaba un supermercado, abastos, no había. En Maturín no es que era la gran cosa, pero ya era una ciudad vieja, existía una tienda árabe en Castillito. El Centro Cívico, Villa Colombia, Villa Brasil, el hotel, Dos Ríos y una parte de Los Olivos.

Me llamaba mucho la atención la fila de autobuses a las 5 de la mañana, los que iban a las empresas, yo lo llamaba gusano. Había sólo un puente, una cola enorme que se formaba. Parecía un gusano por todos los autobuses de diferentes colores, algunas diversiones que recuerdo, el cine Altamira, el Bowling, el Centro Cívico. Era un paseo. venir de San Félix a Puerto Ordaz.

Éramos poquitos. Hay mucho reconocimiento también que la ciudad permitió crecer y ver desarrollar la ciudad conociéndose todos. Porque, bueno, todos habían estado compartiendo, o todos compartían trabajos comunes, en las empresas hay mucha relación con los sectores donde vivieron.

Llama mucho la atención la gente que llegó a trabajar, a trabajar a Ferrominera del Orinoco. Independientemente de los campos A, B, etcétera; crearon una hermandad. Pero igual pasaba en Los Olivos.

Entonces esa parte de, bueno, la necesidad de ser migrante y de tener que cobijarse del vecino o del compañero de trabajo y de reconocerse fácilmente en las pocas calles y establecimientos que había.

Había un centro, Arichuna. Salíamos del trabajo e íbamos para allá. Era un bar de una francesa. Por eso es que mi mamá viene a Guayana a rescatarme. Era el único Bar. Bueno, también estaba el Key Club. José Carlos tocaba la batería. No había horario para salir de Sidor. Siempre estábamos trabajando, o estabas de guardia. Estaba también el Caronoco. Pero para mí todo era trabajo.

Había un movimiento cultural en Puerto Ordaz, aunque a pesar de que se estaba formando, todo era liderado por las empresas básicas. Existía, Fundec (Fundación Desarrollo y Cultura), lo dirigió la Nena Acosta. Primero fue el padre Ollaquindia.

Sobre la cotidianidad, recuerdan entonces mucho lo que fue el Bowling. Me enteré con esta nueva vuelta de entrevistas, que no es verdad que el Pincaroni fue el primer Bowling. Resulta que había un Bowling bajando, cercano donde está o donde recordamos, estaba el Bigote del Abuelo. Ese fue el primer Bowling, según estas mujeres, realmente en Puerto Ordaz. Lo que me queda claro también que eso fue una distracción y diversión en los inicios. Todas refieren el tema de quizás una transculturización de arraigo de lo norteamericano al inicio por la llegada de la Orinoco. Y eso hizo que el Bowling, como deporte o como diversión se arraigara mucho en esos primeros años en la ciudad.

Las mujeres que no tenían trabajo chismeaban a los demás y jugaban cartas. Las esposas de los directores criaban a los hijos. Eso son mujeres. Hablando de mujeres. Recuerden. Había hasta un equipo de bolas criollas femeninas. Guayana nunca ha tenido un espacio para los jóvenes. No es una zona amigable. Hay un dato curioso que no voy a profundizar ahora en esta presentación, pero sale en algún momento esa frase, porque hay una parte del arraigo en algunas de las mujeres que no es verdad que se quedó en Guayana. Es muy fácil encontrar cuando uno va haciendo las entrevistas que las personas que vinieron a Guayana regresaban con frecuencia a sus lugares de origen. Uno encuentra entrevistas donde dice: bueno, llegamos los viernes o a los sábados y volvíamos al Tigre, por ejemplo, o volvíamos a Caracas cuando era fácil regresar a Caracas o regresábamos a San Félix.

Entonces eso dificultó que la ciudad pudiera establecer unas tradiciones y unas culturas que la identificaran y que, además, las personas se sintieran arraigadas. Eso ha costado mucho en la ciudad. Creo que es un trabajo digno de seguir profundizando, de cómo ni siquiera quizás, en las nuevas generaciones, podemos lograr o podemos observar este tipo de cosas que a lo mejor lo podemos ver claramente en otras zonas del país. Y esta frase la coloco allí justamente porque es parte de algunas preguntas que hago, y eso va saliendo. Bueno, no hay zonas realmente divertidas para los jóvenes, no hay espacios para la recreación. No es una zona que es afable, por ejemplo, para hacer deportes al aire libre. Entonces eso no fue una ciudad construida con caminerías pensando en el peatón, por ejemplo. Entonces van saliendo algunos aspectos que habría que profundizar y seguir haciendo datos para esta historia.

Había muchas mujeres que eran amas de casa, al cuidado de los hijos, apoyaban a sus esposos. Se hacían muchas fiestas entre vecinos. Había fiestas en el Caronoco y en el Arichuna, dependía del sector del campo al que pertenecías. Eso se refiere, a los campos de ferrominera, que habían sido construidos dependiendo de la nómina de los trabajadores. Bueno, dependiendo de esa nómina y dependiendo del campo, se podía ir o no a diferentes clubes.

Sobre el tema de las tradiciones, queda clarísimo que el carnaval resalta como la tradición emblemática de la ciudad. Para mí fue muy interesante, aunque ya en la investigación pasada les comentaba sobre la cotidianidad. También he hablado de los carnavales como una tradición que obviamente marca culturalmente a la ciudad. Entender que a los carnavales que se refieren no tienen nada que ver con los carnavales que nosotros actualmente estamos acostumbrados a ver. Yo quiero resaltar que casi todas las mujeres estuvieron de acuerdo en que los carnavales se fueron perdiendo.

Su esencia, ni siquiera comparándose con El Callao. También fue un punto de encuentro decir que estos carnavales eran mejores que los de El Callao, están de acuerdo en decir que los carnavales de El Callao, por ejemplo, rescatarían a las madamas; pero que los carnavales de Guayana tenían otro tipo de influencias culturales que, definitivamente, se diferenciaban del carnaval de El Callao. Y creo que resaltan el tema de la organización. Y, además de cómo la ciudad se volcaba hacia los carnavales.

Hay mucha coincidencia en decir que todas las instituciones educativas de la época pensaban y se organizaban para llevar sus comparsas y poder tener su presentación en esos carnavales. Pero además de eso, todos los organismos, todas las organizaciones, todas las empresas básicas, todos los departamentos, las comunidades, se organizaban también para participar de esos carnavales.

Aunque piensan que aquí no hubo tradiciones ni fiestas. Yo pienso todo lo contrario. Cada quien hizo de sus vecinos y de las comunidades donde llegó una nueva familia y mantuvo las tradiciones de origen. Me voy a volver más adelante a los carnavales. Y voy a cerrar con esto. Hay algunas otras tradiciones que son nombradas, pero realmente no fueron repetitivas ni consonantes con todas. Por ejemplo, hay algunas que nombran el tema de las misas de aguinaldo como algo también importante en la ciudad en sus inicios, hace referencia al Centro Cívico, a la tradición de patinadores, etcétera. Pero bueno, ya más ninguna lo nombra.

Hablan de la Paradura del Niño. Entonces van apareciendo algunas tradiciones que pareciera que se fueron rescatando, dependiendo de la zona que observamos y dependiendo del grupo de migrantes que estaba en esa zona, para que tengan una idea. Y una de estas entrevistadas que vivía en Los Olivos mencionó que a Los Olivos llegó gente de Mérida. Entonces, bueno, cada vez que llegaba Navidad, se cuidaba mucho de hacer la Paradura del Niño, pero también decía, había unos italianos.

Hay mucha coincidencia en que nuestros carnavales entre los 70 hasta los 80 tuvieron mucha influencia trinitaria y que fue el Steel band el que marcó la pauta. Hay comentarios como, por ejemplo, que se contrataron músicos trinitarios que venían a los campos de ferrominera a formar y a dejar instruido a los que iban a continuar con los ensayos. Y el tema de cómo se involucraba muchísima gente para que hubiese trajes y comparsas. Una de las mujeres entrevistadas dice que una de las comparsas que durante toda la vida le ha llamado la atención es haber visto que uno de los hospitales recién fundados en la ciudad, sacó su comparsa y la comparsa era una sala de operación. El quirófano, con los médicos. Y esa era la comparsa del hospital que representaba X hospital de esa zona. Entonces, bueno, para que nos imaginemos un poco toda esa organización y logística que se da.

Fuimos preguntando qué organizaciones, qué fundaciones crearon las mujeres, sobre todo entendiendo que no es verdad que todas las mujeres profesionales llegaron a Guayana o llegaron con un trabajo, que hay un grupo importante que viene a acompañar a sus esposos o a criar a los hijos, como dicen ellas mismas. Entonces, bueno, se resalta el tema del Banco del Libro como una institución importante en los inicios de la ciudad, guiado por una persona que se llama Virginia Betancourt, y que luego, además, entrega a otro grupo de mujeres, entre ellas Rosario Ceballos

Se recuerda varias veces en las entrevistas a esta señora Nicoleta Salinas, encargada de los Centros de Acción Social, y a Cristina Niklas, hablan de ellas como trabajadoras sociales, que realmente trabajaron en las comunidades. Se rescata en algunas de las entrevistas que justamente la historia de esta ciudad, probablemente ha estado realizada por 2 figuras femeninas: Hildelisa Cabello y Juanita Bucholz, ambas con unas propuestas, obviamente distintas, pero bueno, son mujeres, que de alguna manera han contribuido con la historiografía de la ciudad.

Se recuerdan a un grupo que se llama las mujeres de Sapagua salud Para Guayana, la Sala de Arte Sidor como un centro emblemático para el desarrollo de la cultura, en la cabeza de la Nena Acosta y la Federación femenina de Bowling de la ciudad. Yo nunca he sido muy participativa en estas cosas, pero sí sé que existían muchas agrupaciones de mujeres que se metían en todo y organizaban muchas cosas.

Fundaserpe con la señora Lourdes Gago. Hay un espacio que a mí me parece importantísimo y que no se toma en cuenta; los grupos de mujeres que se formaron en las empresas, Comité femenino de tal cosa. Uno ahorita, lo ve estúpido, pero ese momento era importante porque las mujeres venían para acá, los hombres, trabajaban y ellas quedaban como unas ostras metidas en un monte. Eso era muy arrecho. Gente que venía de Caracas y de otras partes y se clavaba en Guri, tú dices, bueno, tú ves las hormiguitas un día, otro día. Entonces las mujeres, empezaron a formar, por ejemplo, hasta asociación femenina de bolas criollas.

Yo recuerdo muchas mujeres con emprendimientos, vendiendo empanadas a nivel de las comunidades y en la propia empresa, además capacitadas tanto para laborar en las empresas básicas, capacitando a las mujeres en los barrios, como la labor del Ince, que en esa época estaba muy volcado al trabajo en los barrios.

Los Centros de Acción Social de Sidor siempre estuvieron muy orientados a lograr el arraigo de sus trabajadores con su empresa. ¿Qué mejor forma de lograrlo si no atendiendo al grupo familiar?, recibían capacitación, las esposas, se atendían a los muchachos jóvenes con la parte deportiva y de recreación. Se gestionaba la parte de cupos escolares, de construcción de colegios para ubicar a los niños.

Sidor tenía un comité de damas esposas de los gerentes. Con ellas hacíamos mucho trabajo en los barrios. Yo pertenecí a Fundec, a la directiva de la Casa de la Cultura. Fui presidente de la Asociación de Boliche, participé en la organización de los juegos Inter empresas. Las organizaciones de vecinos, en su mayoría estaban lideradas por mujeres.

Otras mujeres que fueron reconocidas por estas mujeres entrevistadas, salen algunas de ellas: María Elena Posada, La Nena Acosta, Lourdes De Gago, Cristina Niklas, Pilar Gámez, Beatriz Estrada, Inés Romero, Ana Rosa Angarita, Gollita Osorio, Grecia Cabrices, María Zambrano, Aura Balbi, Florencia Cordero, Ninoska Sardi, Belkis Da Artiaga, Pastora Medina, Constanza Verolini, Damelis Cermeño, María Álvarez e Isabel González.

Son todas mujeres, para hacer un vuelo rápido, que dedicaron su vida no solamente al trabajo de las empresas, sino que hicieron mucho trabajo comunitario y tuvieron impacto en temas educativos, en el trabajo con otras mujeres. Hay mucha coincidencia en decir que hubo mucha preocupación por el tema educativo, por el cuidado de los niños, por hacer fundaciones que dieran atención a niños y a jóvenes.

Para hacer reflexiones finales, nunca conclusiones. Creo que siempre diré cuando me toque hablar de Puerto Ordaz y de la historia de esta ciudad que no se puede contar la historia y estudiar la historia de su Hawaiana a partir solo del 2 de julio, que hay que ir siempre un poco más atrás, que definitivamente no es tan verdad que hay que contar la historia desde Sidor y la CVG. Creo que la Orinoco Mining Company también desde los años 40 fue dejando algún recorrido que es bueno seguir hurgando y profundizando. Sobre todo, por aquello de que éramos un pequeño campamento de lona y que fuimos pasando a la vuelta en 10 años. Las mismas mujeres se maravillan de cómo van viendo las transformaciones en una urbe industrial y moderna, y pasamos de las pocas o simples dificultades que puede tener ese campamento a las dificultades que puede tener una gran ciudad.

Creo también que hay hitos históricos importantes, como decía el Plan 4, y aunque no lo estoy dejando en este texto donde estoy presentando, las voces femeninas, empiezan a surgir en algunas entrevistas finales de los 80 y los 90 también, como otro hito importante, sobre todo por el desarrollo cultural y el impacto que tienen las actividades culturales en la ciudad. Creo que ese momento histórico. También vale la pena seguir profundizándolo.

Es importante reconocer que esta ciudad es una mezcla de costumbres y tradiciones, producto de todo lo que ya fuimos escuchando en estas narraciones, las mujeres reconocen, identifican símbolos importantes en la ciudad.

Es importante también decir que ninguna de las mujeres entrevistadas sintió la discriminación. Muchas de ellas, fíjense que me paseé por ingenieras, una comunicadora social. Hay educadoras, hay trabajadoras sociales, no lo sienten en la ciudad, pero reconocen que, al menos en las industrias y empresas básicas, los primeros cargos directivos y gerenciales estuvieron en manos de los hombres y les dejo ahí algunas reflexiones que ya la profe Magaly hacía en su presentación. Bueno, ciertamente, a lo mejor no hay una forma, una política para escribirlo, pero hacemos de la práctica una forma para discriminar a las mujeres.

Un dato importante es que a partir de los finales de los 80 y los 90 parece que también viene un boom con este nuevo boom migratorio, comienzan a incorporar algunas mujeres en cargos gerenciales con una nueva oleada de ingenieras que llega a la ciudad. Las mujeres, para estas mujeres entrevistadas, marcaron un hito importante en lo que fue el desarrollo de la ciudadanía. Todas coinciden en decir que los hombres vinieron a trabajar en la industria que por el trabajo que tocó de construir y llevar adelante la ciudad, fueron las mujeres las que se preocuparon por los temas culturales, por los temas educativos, por el tema social, y eso va marcando también lo que va a significar ciudadanía en esta población, en la formación de valores, en la educación de los hijos, en el desarrollo de la cultura. El liderazgo femenino se ha fortalecido a lo largo de la historia de la ciudad.

Se cree que la construcción de la ciudad se hizo en equipo, así lo sienten ellas, pero que, además, en la medida que la ciudad fue avanzando entre los años 80 y 90, buena parte de los gobiernos regionales también dieron muestra de contratar en sus equipos directivos a muchas mujeres que luego también pudieron hacer ciudad desde las gobernaciones o desde las alcaldías.

Entonces, es imposible concluir tajantemente y cerrar las puertas de esta investigación, pues los aportes sociales, económicos e idiosincráticos que confluyen en la ciudad son complejos y dinámicos. Esta presentación pudiera dar pie para muchas otras que hable de mujeres, amas de casa, mujeres ingenieras que llegaron a su dedo mujeres que llegaron a los campos de ferrominera y pudiéramos ir teniendo pequeños microrrelatos que van a ir nutriendo el desarrollo de la historia regional.

El espacio no es único. Hay una infinidad de pequeños espacios que se articulan en la estructura social y cultural de la ciudad.

Para cerrar y haciendo honor a la cátedra, decir que la historia de todos los tiempos y la de hoy, especialmente, nos enseña que las mujeres serán olvidadas si ellas olvidan de pensar sobre sí mismas.