La migración venezolana del siglo XXI.

¿Una diáspora latinoamericana?

 

Venezuelan Migration in the 21st Century.
A Latin American Diaspora?

 

 

Eleonora Pérez Gavidia

Universidad Autónoma de San Luis Potosí

San Luis Potosí, México

Correo: a337738@alumnos.uaspl.mx

ORCID: https://orcid.org/0009-0009-6295-1710

 

José Domingo Carrillo Padilla

Universidad Autónoma de San Luis Potosí

San Luis Potosí, México

Correo: jose.carrillo@uaslp.mx

Cuadro de texto: Digital: ISSN 2790 5039   –   Depósito legal digital: DC2021001122
Impreso: ISSN 23435658 – Depósito legal impreso: PP201202DC4092
ISSN-L (Múltiples Soportes): 2343-5658

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2940-8862

Resumen

 

En las dos últimas décadas, Venezuela ha estado sumergida en una intensa y prolongada crisis social, económica y política que ha configurado al país como un lugar cuyo contexto propende a generar las condiciones para la expulsión sistemática de parte de la población del país. Este ensayo tiene como objetivo dilucidar sobre el uso del concepto “diáspora” para determinar su utilidad en el estudio de la migración venezolana del siglo XXI. Así pues, se pone de relieve el diálogo existente entre esta categoría teórica con las narrativas de personas que se entrevistaron para sustentar empíricamente una investigación cualitativa más amplia. De manera que este trabajo conforma un ejercicio de reflexión con miras a comprender el fenómeno mediante su definición.

 

Palabras clave: Venezuela, migración, diáspora, narrativas, Latinoamérica.

Abstract

 

In the last two decades, Venezuela has been immersed in an intense and prolonged social, economic, and political crisis, shaping the country into a context prone to generating the conditions for the systematic expulsion of part of its population. This article aims to examine the use of the concept of “diaspora” to determine its relevance in the study of Venezuelan migration in the 21st century. Thus, it highlights the dialogue between this theoretical category and the narratives of individuals interviewed to empirically support a broader qualitative research study. In this way, this work constitutes a reflective exercise aimed at understanding the phenomenon through its definition.

 

Keywords: Venezuela, migration, diaspora, narratives, Latin America.

 


Introducción

El presente ensayo tiene como objetivo dilucidar sobre el uso del concepto “diáspora” para determinar su utilidad en el estudio de la migración venezolana del siglo XXI. El motivo de esta inquietud radica en que, en las dos últimas décadas, Venezuela ha estado sumergida en una intensa y prolongada crisis social, económica y política que ha configurado al país como un contexto que propende a generar las condiciones para la expulsión sistemática de parte de la población del país. Así pues, se pone de relieve el diálogo existente entre esta categoría teórica con las narrativas de personas que se entrevistaron para sustentar empíricamente una investigación cualitativa más amplia. De manera que este trabajo conforma un ejercicio de reflexión con miras a comprender el fenómeno mediante su definición.

El texto se divide en siete apartados. En el primero, se desarrollan las precisiones conceptuales útiles en el ámbito específico del estudio de las migraciones. En el segundo apartado, se inscriben algunas de las características particulares de la migración venezolana. En la tercera parte, se pone de relieve la correlación existente entre la categoría teórica “diáspora” con las narrativas de migrantes venezolanos. La quinta sección despliega la diseminación del concepto en cuestión. El sexto fragmento lo conforma una sucinta reflexión. Y, por último, se presentan las conclusiones las cuales hacen hincapié en los asuntos destacados de las subdivisiones previamente descritas.

 

Las migraciones

 

1.      Las migraciones, entendidas como movimientos geográficos de población, son una constante en la historia de la humanidad, esto, al menos, desde períodos para los que hay algún tipo de registro sobre su actividad y vida en el planeta (Iosifides, 2016). Los seres humanos han experimentado desplazamientos territoriales con distintas particularidades: distancia, escala, motivaciones, temporalidad, entre otras. De ahí que, lo anterior ha suscitado el interés tanto de sus protagonistas y coetáneos, como de investigadores sociales del pasado y la contemporaneidad (Abad, 2003). Por consiguiente, a necesidad de comprenderlas en toda su dimensión ha impulsado el desarrollo de un número considerable de teorías, tipologías, conceptos y categorías.

2.      Debido a que la migración es un “hecho social total”,1 su campo de estudio es verdaderamente amplio y multidisciplinar, lo cual puede ser de mucho provecho a la hora de investigar, pero también puede generar ciertas dificultades. Uno de los inconvenientes de los estudios migratorios es la ausencia de un corpus teórico único, cuyos postulados permitan alcanzar un conocimiento integral del fenómeno (Abad, 2003). De hecho, se observa la existencia de una pluralidad teórica y una multiplicidad de enfoques analíticos, muchas veces contrapuestos y con ambigüedades conceptuales (Arango, 1985; León, 2005).

3.      El fenómeno migratorio ha condicionado siempre la toma de decisiones políticas, y en la contemporaneidad tal influjo se hace evidente. Esto muestra una vez más la necesidad de conocer y comprender los diferentes enfoques, así como las categorías, los conceptos y las tipologías que existen, tanto como sus implicaciones legales, alcances institucionales y trasfondos ideológicos (Massey et al., 1993).

4.      En efecto, la categoría de “migrante” tiene relación con el surgimiento del Estado-Nación como unidad política predominante del sistema mundo. Sin Estado, específicamente sin el componente territorial del mismo, no hay migrantes pues éstos existen con relación a franquear las fronteras de un país para establecerse en él, temporal o permanentemente (Sayad, 2010).

5.      Si bien muchas personas migran por elección, otras migran por necesidad. Actualmente, la cifra de personas que viven en un país distinto a su país natal supera las de épocas anteriores. En el Informe sobre las Migraciones en el Mundo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el 2020 los migrantes internacionales sumaban 281 millones. Y, para el 2022, se estimaba que 117 millones de personas vivían desplazadas en todo el mundo (refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos y otros), a causa de desastres naturales, persecuciones, conflictos, violencia, violaciones a los derechos humanos y acontecimientos que alteraron gravemente el orden público (McAuliffe y Oucho, 2024).

6.      Latinoamérica ha cobrado importancia como lugar de tránsito y destino de estos flujos migratorios, los cuales se caracterizan por ser cada vez más complejos y responder a una pluralidad de causas, además de tener una composición mixta (Grupo Articulador Regional del Plan de Acción Brasil, 2018). Una “migración mixta” es aquella donde se evidencian movimientos en los que se desplazan juntos —por los mismos caminos (rutas) y/o usando los mismos facilitadores— personas con distintos perfiles socioeconómicos, académicos, ocupacionales, políticos y religiosos que comparten la misma condición de vulnerabilidad y que tienen una condición de “refugiados” debido a la situación que motivó la salida de su país de origen (Ghosh, 2018).

Muchos estudios migratorios emplean difusamente los términos “migrantes” y “refugiados”, e inclusive se acostumbra a utilizarlos en conjunto. Por ello, su distinción puede volverse imprecisa sobre todo ante fenómenos de migraciones mixtas. Sin embargo, es importante aclarar que los estatus de “refugiado” y “migrante”, no son equiparables ante el derecho internacional (Martínez, 2020).

Esta precisión semántica, entre otras razones, lleva al cuestionamiento de si la migración venezolana contemporánea pueda ser asumida como una diáspora. Esta diversidad teórica conduce a interrogarnos la naturaleza migratoria venezolana contemporánea, la pertinencia del concepto diáspora para incluir en ella la diversidad de rostros, motivos y causas sociales que explican la movilización de personas allende las fronteras del estado nacional venezolano.

 

La migración venezolana

 

En este segundo apartado se exponen brevemente las características de la migración venezolana a partir del debate existente en bibliografía especializada.

7.      Venezuela ha estado sumida en una crisis ocasionada por el colapso político, económico y social del país, la cual ha incitado a que buena parte de su población —de todos los estratos socioeconómicos— se haya dispersado hacia múltiples destinos. Según la actualización de datos del 3 de junio de 2024, se estima que hay 7.774.494 venezolanos diseminados por el globo, de los cuales 6.590.671 están registrados por gobiernos de América Latina y el Caribe (Cfr. https://www.r4v.info/es/refugiadosymigrantes). Lo anterior, convierte a Venezuela en una de las principales fuentes de migración del mundo contemporáneo, llegando a compararse con los desplazamientos generados por los conflictos armados en el Medio Oriente, como Siria y Afganistán (Cfr. https://acortar.link/3NhGeC).

8.      Como se puede apreciar, el grueso de esta movilización se ha dirigido a países dentro de la región latinoamericana, recon­figurando las tendencias y los patrones migratorios que, predominantemente, apuntaban hacia el norte. Entre otras peculiaridades, la tendencia Sur-Sur de este desplazamiento lo ha constituido como un fenómeno único y desafiante para su comprensión y elucidación teórica (Selee et al., 2019; Berganza et al., 2018; Gandini et al., 2020).

No obstante, los incipientes estudios sobre el proceso actual de la migración venezolana carecen de claridad y consenso en su tipología. Algunos autores lo clasifican como éxodo, otros como desplazamiento forzado, crisis migratoria e inclusive diáspora; términos que implican diferentes escenarios. Por ello, se considera significativo aportar luces para dilucidar qué tipo de fenómeno se está presentando, especialmente a partir de las narrativas con la que los propios migrantes se identifican.

Los investigadores Emilio Oso-rio Álvarez y Mauricio Phélan (2019) propo-nen examinar la movilidad internacional venezolana usando, como artificio metodológico, la identificación de tres momentos: el primero (1999-2003), signado por la llegada de Hugo Chávez al poder, la aprobación de la nueva Constitución de la República “Bolivariana” de Venezuela, el paro petrolero y golpe de Estado de abril de 2002; el segundo (2004-2013), en el que se registra el ingreso petrolero más alto de la historia del país y finaliza con la reelección de Chávez, quien enferma y muere, no sin antes designar como su sucesor político al actual presidente: Nicolás Maduro; y un tercer momento (2014-2019), caracterizado por el deterioro progresivo de las condiciones sociales, el desmoronamiento de la institucionalidad y la migración masiva de ciudadanos (Osorio y Phélan, 2019; Freitez et al., 2020).

Como bien recuerdan Anitza Freitez et al. (2020), es a partir del 2015 que Venezuela deviene en un país de emigración a juzgar por las cifras de venezolanos que salieron, de manera forzada, ante la falta de oportunidades y las carencias de todo tipo, a suplir sus necesidades fundamentales en el exterior. La pérdida definitiva de la institucionalidad democrática y la destrucción del sistema productivo nacional contribuyeron a la escalada del fenómeno migratorio a niveles sin igual dentro de la región latinoamericana, en la que buscaron refugiarse los venezolanos en demanda de la protección que no era garantizada por el gobierno nacional de su país (Freitez et al., 2020).

Así, las condiciones del país han dado pie para que se las califique como de crisis humanitaria compleja —expresión que alude a la emigración masiva de personas que se ven forzadas a salir de su país, en aras de garantizar la sobrevivencia propia y la de sus familiares—, tal y como la producción académica ha señalado al respecto (Freitez et al., 2020).

No obstante, aun cuando la nueva realidad de los venezolanos ha sido estudiada bajo una multiplicidad de puntos de vista, no existe un consenso sobre qué lugar ocupa dentro de la postura sistemática de los estudios migratorios (Heredia y Battistessa, 2021). De ello surge la imprecisión de si estamos ante una “fuga de venezolanos durante la revolución bolivariana” (Guardia, 2007) u “otra crisis inminente” (Páez y Vivas, 2017). Los observadores y estudiosos del tema se han preguntado si “es una diáspora la emigración masiva de venezolanos” (Cañizalez, 2018) o “un éxodo” (Ávila, 2018). Se discurre en definirlo “entre el exilio y la emigración” (Koechlin y Eguren, 2018), aunque algunos apuntan “hacia una nueva comprensión de la migración forzada” (Botia, 2019), ya que por las características que presenta se perfila como una “crisis de desplazamiento” (Freier, 2018).

Lo cierto es que, en el intento de “sistematización de la investigación sobre la migración venezolana desde el contexto de origen” (Freitez et al., 2020), se hace sustancial considerar la “narrativa de la emigración venezolana en el siglo XXI” (Carreño, 2020), así como los “efectos colaterales regionales de la crisis venezolana” (Álvarez et al., 2022) para dar “una respuesta regional a la crisis migratoria y humanitaria venezolana” (Pradel, 2020), en el contexto de las “nuevas movilidades en América Latina” (Gandini et al., 2019).

Al mismo tiempo, las aproximaciones al fenómeno han sido realizadas a través de categorías como las de “emigración intelectual” (De la Vega, 2003); “migraciones” (Álvarez, 2006; Rivas, 2011; Requena y Caputo; 2016); “movilidad y emigración” (De la Vega, 2005); “fuga de venezolanos” (Guardia, 2007); “diáspora de conocimiento” (De la Vega, 2008); “emigración” (Freitez, 2011a: 2011b; De la Vega y Vargas, 2014; Acosta et al., 2019); “diáspora de talento” (Kerdel, 2000); “desarraigo” (Rivas, 2011); “emigración masiva” (Cañizales, 2018); “éxodo” (Ávila, 2018; Koechlin y Eguren; 2018); “migración forzada” (Freitez, 2019); “crisis migratoria” (Camilleri y Hampson, 2019); “crisis humanitaria” (Freitez, 2019; Osorio y Phélan, 2019; Pradel, 2020); “migración mixta” (Vargas, 2018); “diáspora” (Carreño, 2013; Parra, 2017; Páez y Vivas, 2017; Páez, 2019; Botia, 2019) y “diáspora en construcción” (Padilla y López, 2021).

Así pues, más que un juego de palabras, la proliferación conceptual pone de manifiesto la dificultad teórica existente en el estudio por precisar causas, motivos y rasgos que definirían la particularidad de la migración venezolana contemporánea. Por esa razón, estas páginas incrementan nuestro conocimiento el debate existente en las ciencias sociales después de los procesos políticos venezolanos de los últimos veintiséis años.

La diáspora

 

La temática de este apartado se refiere a la trayectoria seguida por el concepto de diáspora desde su definición etimológica hasta su uso conocido en el holocausto experimentado por el pueblo judío y ahora por el pueblo palestino.

La noción de diáspora se ha utilizado en círculos académicos y políticos para referirse a personas de un país que viven en el extranjero, así como a sus descendientes. Ahora bien, “lo que siempre se ha concebido y significado bajo ese nombre ¿es fundamentalmente homogéneo, unívoco, no conflictual?” (Derrida, 1972, p. 8).

La pregunta anterior, aunque planteada por el filósofo Jacques Derrida en otro contexto, resulta relevante debido al hecho de que el término “diáspora” se ha diseminado hasta el punto de perder su definición arquetípica por saturación semántica, o como señala Rogers Brubaker —uno de sus teóricos—, por dispersión de significado conceptual y disciplinario (Brubaker, 2005). Y aunque se ha intentado proporcionar una tipología y definición esencialista, no ha sido posible categorizarla claramente debido al carácter dinámico y fluido en los que surgen y adquieren sustancia los tipos de migración que a tal noción refiere (Tsagarousianou, 2004).

Etimológicamente, la palabra diáspora proviene del griego dia, “a través de” y speirein “dispersar, esparcir” y se refiere a la dispersión o propagación de algo (Brah, 2011). Es así que la palabra era utilizada por la botánica para designar un mecanismo de reproducción de las plantas. Sin embargo, la tendencia a asociar la diáspora con la propagación vegetal se ha visto relegada a lo largo de los siglos, ya que, históricamente, con este término se empezó a indicar la disgregación voluntaria del pueblo judío fuera de las fronteras de Palestina, por lo que pasó a referirse a la diseminación de pueblos. A partir de entonces, en el ámbito de las ciencias sociales se comenzó a emplearlo como metáfora de las migraciones (Fernández, 2008; Cohen, 2015).

De hecho, desde finales de los años sesenta, el término ha llegado a vincularse con otros términos como “transnacionalismo”, “globalización”, “migración”, “etnicidad”, “exilio”, “poscolonialidad” y “nación”. A partir de la década de los años ochenta, la referencia a los conceptos cambiantes de “pertenencia” y “ciudadanía” han complicado aún más la situación. También lo han hecho los medios digitales, en los que las redes emergen y se autodenominan como “diásporas”. Así, “las diásporas se han convertido en las comunidades ejemplares del momento transnacional” (Tölölyan, 1991, p. 5), dando paso a nuevas formas de sociedad moldeadas por una intensa movilidad de personas, tecnología, dinero y productos culturales a través de las fronteras estatales.

El uso del término “diáspora” permite, entonces, describir varios tipos de migraciones. Pero, como ha observado Khachig Tölölyan, fundador de la revista Diaspora, la extensión del dominio semántico hacia palabras como inmigrante, expatriado, refugiado, trabajador itinerante, comunidad exiliada, comunidad extranjera, abarca las diferentes condiciones a las que cada sujeto refiere (Tölölyan, 1991). Cuando los movimientos migratorios provenientes de un país particular llegan a consolidarse en comunidades dispersas en distintos países, se puede llegar a afirmar que se ha conformado una diáspora; sin embargo, el término más utilizado en la actualidad para describir este tipo de poblaciones desterritorializadas es “comunidad transnacional” (Vertovec, 1999).

9.      Las “comunidades transnacionales” describen la realidad de las experiencias contemporáneas donde los migrantes establecen y mantienen conexiones con personas en sus comunidades de origen y con otros migrantes de su misma nacionalidad en diferentes países, pero no se focalizan en la reproducción de su cultura tradicional, más bien recurren a formas de identidad híbridas y sentimientos de pertenencia encontrados. Así, aquellos migrantes que mantienen y promueven los principales rasgos identitarios, mientras residen permanentemente en otras sociedades, se constituyen en diásporas (Fouron, 2004). Esta propensión de mantener una pureza identitaria puede manifestarse como aislamiento, impermeabilidad, extrañeza, melancolía o un anhelo constante hacia un posible retorno (Cohen, 2015).

Según Lily Cho (2007), otra de las discrepancias entre lo transnacional y lo diaspórico radica en la diferencia entre aquellas subjetividades que emergen de la seguridad de moverse por el mundo en pleno ejercicio de su libertad y el hecho de poder regresar a un hogar, en contraste con aquellas subjetividades que están condicionadas por el reconocimiento de la carencia y la pérdida de cualquier certeza. Es por ello que existe una tentación de reservar la categoría “diáspora” para las clases bajas y para aquellos que deben moverse por el mundo con las “vagas incertidumbres del despojo”. “¿Será que la riqueza y la posibilidad de acceder a múltiples pasaportes hacen que uno sea transnacional en lugar de diaspórico?” (Cho, 2007, p.19)

En otro orden de ideas, se considera que para encontrarse en condición de diáspora es necesario el desarrollo de una conciencia colectiva de pertenencia a una comunidad fuera del espacio de origen, misma que puede constituirse como un medio para perseguir o defender una causa. Su articulación queda generalmente producida por el trabajo de intelectuales, poetas, escritores, artistas, líderes religiosos y/o políticos. Por ello se requiere una particular atención a tales figuras y a cómo su producción se refleja en las narrativas que describen la existencia de los sujetos comunes. La conciencia diaspórica y la construcción de una identidad que recree la cultura de la sociedad de partida en la sociedad de destino facilitan a estas comunidades sobrevivir como unidad cultural. Por ello mientras todas las diásporas son comunidades imaginadas (Anderson, 1993), no toda comunidad imaginada remite a una diáspora (Butler, 2001, citado en Fernández, 2008).

En todo caso, en el ejercicio de la definición de lo diaspórico se hace interesante el entendimiento de las distintas condiciones de subjetividad que emergen en el proceso. En ellas es que se busca inquirir las fronteras de la diáspora y, en particular, su diferenciación con la migración transnacional (Cho, 2007).

 

Narrativas diaspóricas

 

En el intento de comprobar si el fenómeno migratorio venezolano puede ser subsumido bajo la condición de diáspora, se presentan fragmentos narrativos que provienen de algunas entrevistas realizadas en el marco de una investigación cualitativa más amplia. Estas serán evaluadas mediante el uso del término diáspora como rúbrica para evidenciar algunas características que se han convertido en algunos de sus principios básicos discriminantes. Entre ellas: a) la dispersión desde un lugar original a dos o más regiones extranjeras; b) la retención de una memoria, visión o mito colectivo sobre su origen; c) la creencia de que los migrantes no son, y tal vez nunca puedan ser, plenamente aceptados en sus sociedades de acogida y, por lo tanto, permanecen parcialmente separados (alienados); d) el hecho de mantener un vínculo emocional que promueve un afán de retorno al lugar de origen cuando las condiciones sean más favorables; e) la voluntad de mantener el contacto y una relación con su país natal y los que ahí permanecen; f) la convicción de que todos los miembros deben comprometerse con la manutención o restauración de la patria original, su seguridad y prosperidad; g) el deseo de mantener en práctica ciertos rasgos culturales después del desarraigo; h) la conciencia nacional; i) la constatación de sentimientos de solidaridad entre los individuos y las comunidades dispersas, lo que muchas veces llega a institucionalizarse en organizaciones sin fines de lucro; y j) el poder discursivo para reclamar el estatus, como tal (Clifford, 1994; Tölölyan,1996, Cohen, 1997; Vertovec,1999; Butler, 2001; Brubaker, 2005).

   

a) La dispersión desde un lugar original a dos o más regiones extranjeras

   

La persona #1, además de referirse explícitamente al término diáspora, indica que sus congéneres se han dispersado en los cinco continentes:

 

Según, pasan los 7.000.000 de personas que nos hemos ido de Venezuela. Yo no estoy seguro si sean números exactos, pero somos muchos, de cualquier manera. Independientemente de donde estemos, los que estamos en Europa, Norteamérica, Hispanoamérica, algunos han ido incluso a Asia y Oceanía, igualmente los que permanecen dentro de Venezuela, estamos en un proceso muy intenso de aprendizaje, en el que hemos tenido que encontrar la venezolanidad, no en el territorio venezolano, sino que ya comienza a tener otro sentido el ser venezolano y empieza uno a descubrir cómo uno es Venezuela, aunque esté en un lugar completamente diferente donde se hable otro idioma, donde se baila otra música. (…).

   

De esta manera, entre los principales países de destino se encuentran: Colombia, Perú, Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Chile, España, Argentina, República Dominicana, México, Italia, por nombrar los más predominantes.

 

b) La retención de una memoria, visión o mito colectivo sobre su origen

   

La persona #2 relata:

 

Yo creo que en el caso venezolano habría que observar que, tanto que se dice (¡y es verdad!) que, como Bolívar traspasó las fronteras patrias para liberar a otros pueblos, ahora lo hacen muchos venezolanos. Y hay que resaltar que muy probablemente la mayoría son jóvenes. En mi caso personal, la casi totalidad de gente que yo conozco, que a mí me ha tocado ver migrar, son gente muy joven, entre 20 y 30 años. En otros casos no, son un poco mayores, pero creo que particularmente ese ha sido el fenómeno… Entonces, digo, se puede establecer un contraste entre que Bolívar fue con su ejército fuera de las fronteras patrias para liberar a otros pueblos, que es muy notable y parece que eso se ha producido poco en la historia del hombre, y la mayoría de los venezolanos que han salido, la mayoría jóvenes, es para ayudar a tanta gente “esclavizada” aquí. O sea, es el fenómeno de Bolívar al revés...

 

Él recurre al acervo histórico de los venezolanos, específicamente al culto bolivariano para hacer un símil entre los heroicos recorridos llevados a cabo por Simón Bolívar, con el fin de liberar a los pueblos andinos, y la migración actual de jóvenes que salen a buscar una mejor vida y sustento para ellos y para sus familiares que permanecen en el país bajo condiciones muy precarias.

 

c) La creencia de que los migrantes no son, y tal vez nunca puedan ser, plenamente aceptados en sus sociedades de acogida y, por lo tanto, permanecen parcialmente separados (alienados)

   

La persona #3 dice:

 

También está el tema de la vuelta, de cuándo volver, de cuándo regresar, de cómo enfrentarte de nuevo a eso que dejaste y esa sensación de que uno no pertenece a ningún lugar, de que sabes que ya no eres el mismo que partió. Por tanto, no sabes ¿cómo vas a adaptarte? ¿cómo vas a enfrentarte a esa realidad en la que está ahora tu país? Y que tampoco terminas de pertenecer completamente al país donde estás viviendo, donde emigraste. Es como esa sensación de no pertenecer, de no pertenecer a ningún lugar.

 

Esta sensación de no estar ni pertenecer a ningún lugar resuena con el título de la obra del sociólogo franco-argelino Abdelmalek Sayad: La doble ausencia, como un sentimiento de no estar en ninguna parte y no pertenecer a ningún lugar, por encontrarse escindido entre la comunidad de origen y la de llegada.

 

d) El hecho de mantener un vínculo emocional que promueve un afán de retorno al lugar de origen cuando las condiciones sean más favorables

   

La persona #4 reflexiona:

 

 Por el hecho que nosotros estamos representando, aparte de lo mejor de nuestro país, y porque hemos tenido buena educación en nuestra familia, en todo sitio que hemos estado aquí en Colombia, hemos dejado buena impresión y las personas nos recuerdan y saben que somos personas de bien, buenos representantes de nuestra patria querida Venezuela, de esa generación de oro, esa generación que nos fuimos para poder regresar y aportar. Y de eso se trata, que en la medida que nosotros hagamos las cosas de manera correcta, siempre vamos a atraer a las personas correctas, las personas que quieran extendernos la mano, las personas que quieran ayudarnos, a las personas que sepan que Venezuela es ese país hermano de bien, y ahí estamos, haciendo las cosas de manera correcta, esperando que en Venezuela se acomoden las cosas. Y nosotros hacer nuestra parte para poder regresar y poder aportar nuestro grano de arena en la construcción de una nueva Venezuela que estoy completamente segura de que así será.

   

Ella deja entrever su emotividad con respecto a representar al país en el exterior para enaltecerlo. De igual manera, se muestra segura de retornar a Venezuela en un futuro.

e) La voluntad de mantener el contacto y una relación con su país natal y los que ahí permanecen

 

La persona #5 manifiesta:

 

Ahora mismo trabajo la parte de hostelería, soy ayudante de cocina y me dedico también al cuidado de personas mayores. Un trabajo totalmente distinto a lo que hacía en mi país. Pero lo que nos toca a todo los que tenemos que salir de Venezuela es trabajar duro para poder tener una mejor calidad de vida, pero, sobre todo, para ayudar a los seres que se quedaron allá en el país, quienes están llevando la peor parte.

 

Ella evidencia el vínculo con los familiares que ha dejado atrás con quienes se mantiene en comunicación para apoyarlos en lo que pueda. Este apoyo se ha traducido últimamente en remesas que han inyectado fluidez a la economía del país. También el envío de medicinas y artículos de primera necesidad, alimentos y otros enseres continúa por varios medios.

 

f) La convicción de que todos deben comprometerse con la manutención o restauración de la patria original, su seguridad y prosperidad

 

La persona #6 comparte que:

 

(…) Esto ha cambiado con la experiencia de la pandemia y específicamente en lo que se está produciendo en la postpandemia, en la que hemos elaborado un duelo, de que no vamos a recuperar el país que tuvimos. Hay una especie de conciencia de la imposibilidad de retornar al pasado y un intento de producir, entonces, desde las nuevas condiciones no sólo de país, sino también de mundo, un nuevo espacio, unas nuevas salidas que son creaciones bajo nuevos términos que, por supuesto, si tratan de rescatar los hilos dispersos de tradiciones que quedaron activas, en algunos aspectos (…) existen ciertos hilos que quedaron activos y con una cierta posibilidad de tirar de ellos para traerlos a una nueva combinación en el presente y, desde allí, no sólo reconstruirlos, en lo posible, sino plantear nuevos escenarios. (…) Hay apertura en algunos aspectos de la cultura que nos permiten sentirnos, nuevamente, conectados o con las posibilidades de tener, nosotros mismos, aquí adentro unos ciertos espacios desde los cuales podemos recuperarnos, y también de tener una cierta participación e interacción con una nueva dimensión de la nación, del ser venezolano, que está ahora representada por quienes se fueron. En ese sentido, entonces, se ha producido una ampliación de nuestra nación.

 

En ella se percibe la responsabilidad que sienten, tanto las personas que permanecen en el país como las que decidieron marcharse, de trabajar en conjunto para reconstruir no ya la patria original, sino una renovada sobre la base del rescate de algunas tradiciones y la introducción de prácticas novedosas con las que reconstruir un tejido social renovado.

 

g) El deseo de mantener en la práctica, ciertos rasgos culturales después del desarraigo

   

La persona #7 expone:

 

(…) la sociedad donde vivo ahora es una sociedad súper distinta, es súper distinta a nosotros. Por ejemplo, no es directa. No dicen las cosas de frente. Nosotros somos directos, decimos las cosas de una ¡Tá tá tá y ya! En caliente, o sea, en el mismo momento. Y, al rato ya estamos juntos tomando cerveza, sin rollo, ¿verdad? Y no pasó nada. Si, el venezolano es así. Aquí no, aquí es por la espalda. ¡No te dicen las vainas! Es diferente. Por otro lado, aquí es muy difícil porque la gente no le gusta pagar. “Dame una rebaja, dame una rebaja”... Es súper duro. Tenemos que estar siempre: “¿Me puedes pagar? Por favor, ¿me puedes pagar?”. La cosmovisión aquí es súper distinta. Nosotros los venezolanos no somos así… somos como que: “¡Ay, yo te invito! ¡Venga, yo te pago!”. La verdad es que nosotros los venezolanos nos hemos acostumbrado a hacer lo que sea, en donde sea. Sí, aquí tú sientes la diferencia de cuando una persona te atiende y es venezolano… nosotros somos simpáticos. Por eso a los médicos venezolanos los buscan como locos.

 

Ella habla de cómo los venezolanos trasladan su cultura a los diferentes lugares en los que se insertan. Y aunque es cierto que muchos venezolanos desean conservar prácticas distintivas de su cultura, también se ha comprobado que no se resisten a la asimilación de nuevas formas de ver y actuar en el mundo.

 

h) La conciencia nacional

 

La persona #8 rememora:

 

(…) Una Venezuela que propiciaba la mezcla entre lo que uno iba haciendo y lo que los demás hacían, alrededor de uno… Entonces, es como formar parte de un árbol que tiene diferentes ramas y ese árbol va creciendo y uno va creciendo con el árbol… Y aunque uno es parte del árbol, uno es solo una rama de ese árbol… En cierto modo, hay una manera de crecer colectiva, del colectivo… somos como un árbol; los amigos con quienes nos formamos y con los que crecemos y vamos creando la vida. Allá en Venezuela, las ramas que fueron creciendo a mi lado fuimos creciendo juntos, desde más pequeños. En un intercambio y un apoyo. Porque un árbol es como un ecosistema, una sociedad. Venezuela sigue en nuestro pensamiento como una posibilidad, porque siempre será nuestra casa.

 

Él utiliza una figura literaria para representar a la nación venezolana como una identidad común que se bifurca, pero no deja de ser unívoca.

 

i) La constatación de sentimientos de solidaridad entre los individuos y las comunidades dispersas, lo que muchas veces llega a institucionalizarse en organizaciones sin fines de lucro

   

La persona #9 comparte un poco de su experiencia frente a una Organización No Gubernamental (ONG) que apoya a migrantes venezolanos en Lima desde el año 2015:

 

Lo que estamos trabajando actualmente es tratar de llevar de la mano a todas estas personas que quieren hacer el bien para que los venezolanos se inserten en sus comunidades de acogida, en nuestro caso sentar raíces en Perú. Y nosotros los ayudamos por medio de algunos programas que tenemos para crecer y algunas oportunidades de recibir ayuda psicológicamente hablando. Cumplimos este mes 10 años de estar trabajando con la comunidad venezolana. Les hemos brindado regularización migratoria, calidad de vida y estabilidad. Teníamos esa idea que le empezamos a llamar “la Casa del venezolano”. Entonces, empezábamos a hacer ferias donde iba la gente a vender con sus emprendimientos. Y nosotros montamos una tarima. Así empezamos a ayudar haciendo recolectas, me tocó ayudar y apoyar, y te digo, esto no sé… me llena. O sea, es lo que me gusta hacer. Hasta hoy en día, sigo trabajando en mi organización.

 

Así como este ejemplo, hay muchas organizaciones de venezolanos que se han constituido en los diversos países de acogida para apoyar a sus congéneres en la tramitación de sus documentos de regularización, sus procesos de integración, algunas de sus necesidades básicas y de atención a la salud, entre otras.

 

j) El poder discursivo para reclamar el estatus, como tal

   

La persona #10 comenta:

 

Yo sí creo que es una verdadera diáspora, lo que no hay es articulación. La verdad no tenemos organización o capacidad de articulación. Y no la vamos a tener, porque somos el producto de los últimos años que hemos vivido. Un país que no se articula ni siquiera puede ponerse de acuerdo en términos mínimos de punto de vista político, con unas visiones tan antagónicas... El hecho de considerar que el que piensa distinto es un enemigo político, por ejemplo… O sea, antes había una cierta armonía, convivencia política que permitía que los sujetos se involucraran, independientemente de que el otro tuviera un ideario político diferente.

 

Aunque él reconoce que los venezolanos se comportan como una diáspora, piensa que los sujetos no terminan por asumir su condición debido a las desavenencias que se trasladan al espacio transnacional.

Este último criterio no se muestra claramente o más bien parece negar el supuesto de que la migración venezolana del siglo XXI sea una diáspora. Sin embargo, algunos intelectuales, poetas, escritores y artistas venezolanos en el exilio si han reclamado su estatus. Muestra de ello es la antología: Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias, compilada y editada por Katie Brown, Liliana Lara y Raquel Rivas Rojas, en 2021. En ella 31 autores2 comparten sus relatos de desarraigo, nostalgia e identidad.

   

¿Ser o no ser?

Para determinar si una migración puede ser subsumida bajo la particular condición de diáspora, no necesariamente deben evidenciarse todas las cualidades que se mencionan previamente, ya que cada autor argumenta la presencia y combinación de las que considera pertinentes. Por tanto, no existe ninguna diáspora que reúna el conjunto de condiciones definidas como tales (Aizencang, 2022). Además, el antropólogo James Clifford (1994) advierte que “debemos tener cuidado en construir nuestra definición de trabajo —de un término como diáspora— recurriendo a un tipo ideal” (p. 306).

Por ejemplo, Kim D. Butler considera crucial el componente histórico-temporal. En otras palabras, para ella las diásporas deben ser multigeneracionales, lo que implicaría una migración de carácter permanente (Butler, 2001).

De la misma forma, Robin Cohen (1997) señala que hay que tener en cuenta la necesidad de observar por un período de tiempo suficiente, antes de que cualquier comunidad pueda ser descrita como producto de una diáspora. En este caso, la migración venezolana tendría que ser estudiada transversalmente, y esperar a que varias generaciones se reproduzcan en el exilio. Por tal motivo, las investigadoras Beatriz Padilla y Magdalena López consideran que es temprano para realizar una evaluación sistemática de la situación venezolana, por lo que ellas sugieren que es una diáspora en construcción (Padilla y López, 2021).

En otro orden de ideas, hay que mencionar que el término diáspora ha dejado atrás la figura de víctima del desplazado, así como también la carga peyorativa que hacía del migrante un traidor a la patria. Este cambio semántico ha permitido deslastrar de negatividad al concepto, lo que ha contribuido con su extensión para abarcar la dispersión de poblaciones como la armenia, la griega, la hindú o la irlandesa (Aizencang, 2022).

Por su parte, John Lie (1995) propone que el término más adecuado para englobar el fenómeno de la migración internacional en la actualidad es el de “diáspora transnacional”. Esto debido a que ya no se supone que los emigrantes hagan una ruptura abrupta con sus países de origen, sea cuales sean los motivos que originan se salida. Por el contrario, en la actualidad la migración se destaca por las redes que tejen los actores, las culturas y capitales que se movilizan, la diversidad de identidades, así como la multidireccionalidad y temporalidad de las estancias que han dejado de ser definitivas. Los desplazamientos ya no son desde un espacio sedentario a otro, sino que ocurren a través de espacios transnacionales. En otras palabras, ahora más que nunca el ser humano puede ser llamado nómada. En este sentido, las circunstancias de la migración ya no son consideradas en singular, sino que existe una pluralidad conformada por migrantes económicos, políticos, sociales, ambientales, forzados, dirigidos, expatriados, voluntarios y más, lo cual detalla la condición del migrante.

Este binomio conceptual diáspora/transnacionalismo ha sido tomado de diversas formas por los estudiosos de ambos. Para algunos autores, dichos términos son sinónimos, mientras otros teóricos parecen fusionar los dos términos sugiriendo que el transnacionalismo describe las prácticas de la diáspora, las cuales han escalado exponencialmente debido a los avances tecnológicos. Un tercer grupo insiste en que debe haber una aproximación diferencial entre ellos, ya que ambos conceptos se refieren a procesos donde se atraviesan fronteras, sin embargo, lo transnacional abarca más allá del movimiento humano al que se ciñe lo diaspórico (Aizencang, 2022).

Para resolver esta diatriba, Avtar Brah (2011) propone la noción de espacio de diáspora entendiéndolo como un punto de confluencia entre procesos económicos, políticos, culturales y hasta psíquicos que establece la condición global de la cultura. Entonces, el espacio de diáspora vendría a ser un espacio habitado no sólo por aquellos que han migrado y sus descendientes, sino también por aquellos que están representados por los que se quedan en sus lugares de origen, así como por los autóctonos de los países de acogida. Este concepto en contraposición al concepto de diáspora contiene elementos de la inmovilidad entretejidos con los de la diseminación. De manera que se asemeja al tejido de las relaciones transnacionales.

 

Reflexiones colaterales

 

En el desarrollo de los estudios de las diásporas existe un componente que es preciso revisar, y es aquel que comprende que las diásporas no son entidades pasivas como se asumía en el pasado, sino que en la actualidad su capacidad de influir en sus países receptores, así como en sus patrias sobre acontecimientos propios de las esferas culturales, sociales y económicas —y especialmente en el ámbito político—, ha aumentado en forma extraordinaria (Sheffer, 2013). Esto es notorio, por ejemplo, en el caso de las diásporas mexicana y cubana las cuales tienen un peso importante en las elecciones dentro de Estados Unidos, donde el voto latino marca una diferencia relevante en los resultados electorales que llevaron por segunda ocasión al reciente presidente electo de aquel país Donald Trump quien se caracteriza por ejecutar políticas antiinmigrantes. Asimismo, el envío de remesas de estos mismos grupos a sus países de origen tiene un impacto significativo en el Producto Interno Bruto (PIB) de los mismos, por lo que lejos de ser apátridas o traidores, ahora los diaspóricos son aclamados como héroes.

También está el papel de la “otredad” en la delimitación de las comunidades diaspóricas dentro de las sociedades receptivas, que muchas veces las constituye como sujetos de alarma o amenaza debido a que son relacionados con actividades delictivas o terroristas. En ese sentido, sus miembros son sometidos a generalizaciones y estigmatizaciones (Sheffer, 2012). Esto es remarcable en el caso de la diáspora musulmana alrededor del mundo, luego del 11 de septiembre del 2001. Pero también ocurre con la diáspora africana, lo mismo con la diáspora turca o de países del este de Europa en distintos puntos de ese continente. Algo similar ocurre con la diáspora centroamericana en México o los Estados Unidos, donde son asociados a las maras. O inclusive con la diáspora china en América Latina, por ejemplo, en el Perú. Al igual ocurría anteriormente con la diáspora colombiana que se asociaba con el narcotráfico. En consecuencia, en el contexto del mundo contemporáneo caracterizado por el incesante movimiento de personas, ninguna cultura está exenta de emitir o ser blanco de prejuicios en un mundo globalizado

   

Conclusiones

 

A partir de un recorrido investigativo y de las propias voces de los actores de la migración venezolana del siglo XXI, se mantiene la incertidumbre sobre la pertinencia de definir y describir esta migración como una diáspora latinoamericana. Aun cuando el caso cumple con una serie de elementos convencionales constitutivos, se debe tener en cuenta que es de reciente data -tomando en cuenta que el éxodo inició a principios de siglo- y que no todas las experiencias narradas por los entrevistados, repletas de subjetividades se articulan en torno a una sola causa que cobije en su seno la multiplicidad de factores que explican la migración de venezolanos por distintos países del continente americano y más allá de sus fronteras.

Para despejar esta duda, sería conveniente invitar a los venezolanos, sea que hayan migrado trasnacionalmente o permanezcan en los límites de lo nacional, a interrogarse a sí mismos cómo definen esta diseminación: como producto de una disgregación o una extensión de la nación, como algunos autores afirman. En el primero de los casos, se optaría por considerarla una diáspora. Y, en el caso de ser una extensión, se optaría por concebirla bajo los términos del transnacionalismo. Pero, mientras no se resuelven todas estas contradicciones y para adecuarse a la evolución de las dinámicas sociales, lo mejor es considerar la posibilidad de adjudicar el caso venezolano de migración internacional a la peculiar condición de “diáspora transnacional” (Lie, 1995).

Así pues, con base en las narraciones obtenidas de viva voz por informantes que migran, la conjunción de diáspora transnacional opera satisfactoriamente para explicar movimientos humanos transfronterizos que preservan en su memoria las experiencias de vida insertas en sociedades como la venezolana que aún se debate entre el derrotero democrático y republicano o la vereda autoritaria. Dilema que provocará la ampliación de la frontera nacional hacia los destinos que los caminos de la vida lleven a los ciudadanos de Venezuela.

 

 

 

 


 

 

 

 

Notas:

 

1. El concepto de “hecho social total” fue originariamente desarrollado por Marcel Mauss (2009), en referencia a determinados fenómenos que implican transversalmente a todos los elementos constitutivos de una sociedad. Abdelmalek Sayad (2010) reinterpretó este concepto para decir que las migraciones tenían incidencia sobre todas las áreas de la sociedad (Avallone y Molinero, 2021).

 

2. Estos autores son: Rubi Guerra, Krina Ber, Carolina Lozada, Mariana Libertad Suárez, Silda Cordoliani, Rodrigo Blanco Calderón, Gisela Kozak-Rovero, Freddy Gonçalves Da Silva, Juan Carlos Chirinos, Israel Centeno, Gabriel Payares, Fedosy Santaella, Raquel Abend van Dalen, María Dayana Fraile, Keila Val de la Ville, Naida Saavedra, José Luis Palacios, Liliana Lara, Alberto Barrera Tyszka, John Manuel Silva, Juan Carlos Méndez Guédez, Federico Vegas, Kira Kariakin, Miguel Gomes, Lena Yau, Hugo Prieto, Gustavo Valle, Salvador Fleján, Raquel Rivas Rojas, Dinapiera Di Donato y Marianela Cabrera. Cfr: https://acortar.link/umw3CR

 

 

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Autores:

 

 

Eleonora Pérez Gavidia: Doctora en Estudios Latinoamericanos en Territorio, Sociedad y Cultura de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México. Magister Scientiae en Etnología, mención Etnohistoria y Politóloga por la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela.

 

 

José Domingo Carrillo Padilla: Doctor en Historia por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa. Profesor investigador de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México. Actualmente coordinador del programa educativo en Historia. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I desde el año 2010.