Science, Education and Digital Anthropology: critical reflections
towards new paradigms
Katherine Manzur
Universidad Católica de Cuenca
Cuenca, Ecuador
Correo: kathymanzur@gmail.com
ORCID: https://orcid.org/0009-0008-6860-9708
Resumen
La presente investigación analiza críticamente la interrelación entre la
ciencia, la educación y la culturización de la digitalización, destacando su
papel como agentes de transformación en la sociedad contemporánea. El estudio
examina cómo las rupturas epistemológicas descritas por Bachelard y Kuhn
impulsan la evolución del conocimiento científico, y cómo estos cambios
encuentran un paralelismo en la educación con la evolución cultural y
paradigmática. La influencia de pedagogos como Freire y Delors en la
configuración de un modelo educativo que trascienda la simple transmisión de
conocimientos, fomentando el pensamiento crítico y la acción transformadora. Se
explora la relación de la antropología digital y las tecnologías emergentes en
la redefinición de las prácticas pedagógicas, proponiendo un paradigma
integrador que responda a las demandas culturales y tecnológicas de la era
digital. Este trabajo ofrece una perspectiva reflexiva para avanzar hacia un
modelo educativo inclusivo y adaptable.
Palabras clave: Antropología digital, ciencia, educación, digitalización.
Abstract
This study critically examines the interconnection
between science, education, and the cultural integration of digitalization,
emphasizing their role as transformative forces in contemporary society. It
explores how the epistemological ruptures described by Bachelard and Kuhn drive
the evolution of scientific knowledge and how these shifts parallel cultural
and paradigmatic changes within education. The contributions of pedagogues such
as Freire and Delors are highlighted in shaping an educational model that moves
beyond mere knowledge transmission, fostering critical thinking and
transformative action. The research delves into the influence of digital
anthropology and emerging technologies in redefining pedagogical practices,
proposing an integrative paradigm that addresses the cultural and technological
demands of the digital age. This work provides a reflective perspective to
guide the development of an inclusive and adaptable educational framework.
Keywords: Digital anthropology,
science, education, digitalization.
Introducción
La evolución de la ciencia y la educación como
impulsores del desarrollo humano, ha sido un tema de profunda reflexión en
diversos campos del conocimiento. Desde las rupturas epistemológicas que
redefinen los paradigmas científicos, hasta la adopción de tecnologías
digitales en la educación, los procesos de generación y transmisión del saber
han experimentado transformaciones significativas. Resulta imprescindible
analizar cómo estos cambios responden a las necesidades de una sociedad en
constante evolución, marcada por dinámicas culturales y tecnológicas que
desafían las estructuras tradicionales.
Esta investigación profundiza la reflexión crítica
sobre la ciencia, la educación y la adopción cultural de la digitalización,
destacando su interconexión en el marco de las teorías epistemológicas y
pedagógicas contemporáneas. A través de una metodología documental y un enfoque
hermenéutico, se exploran las perspectivas de filósofos como Bachelard y Kuhn,
pedagogos como Freire y Delors, y los avances en antropología digital, para
comprender cómo la interacción entre estos ámbitos redefine los modelos de
aprendizaje y prospecta el papel de las instituciones educativas.
El estudio parte de la premisa de que tanto la ciencia
como la educación no son procesos estáticos, sino fenómenos dinámicos que deben
adaptarse a los cambios históricos y culturales. En particular, se enfatiza
cómo las tecnologías digitales han transformado las prácticas pedagógicas y la
generación del conocimiento, configurando un nuevo paradigma educativo que
integra elementos culturales, sociales y tecnológicos. Este análisis busca
aportar para la construcción de un modelo educativo crítico e inclusivo, capaz
de responder a los retos de la era digital.
Desarrollo
1. Evolución y
ruptura epistemológica en la ciencia
En primera instancia, para tener una perspectiva
clara, debemos acercarnos a la conceptualización de la ciencia; si bien es
cierto, es compleja, puesto que complejo es el entendimiento y disertación del
ser humano ante diferentes realidades y posturas, por tanto, cada autor se
permite reflejar su constructo, desde un punto de vista que pueda ser validado
y abstraído por otros. Dadas esas circunstancias, en la presente investigación
se decanta por el referimiento específico de ciertos filósofos, que resulta
pertinente en el contexto científico de la construcción del conocimiento en un
marco epistemológico.
Para Fourez (2008, citado
en Arias y Navarro, 2017): “la ciencia refiere a la producción de conocimiento
desde una fundamentación histórica, ideológica, metódica, estética, ética y
teleológica” (p. 3). Este autor percibe el concepto de ciencia como un proceso
compuesto por diversos factores, que se integran e interactúan entre sí, a fin
de construir un enfoque holístico, complejo y dinámico que constituye la
generación del conocimiento.
En tal sentido, se le da significancia a la ciencia
internalizando el concepto al que nos introduce Bachelard (2000), reconocido
filósofo especializado en epistemología, además de crítico literario, quien
profundiza en la ciencia exponiendo que:
El espíritu científico puede extraviarse al seguir
dos tendencias contrarias: la atracción de lo singular y la atracción de lo
universal. En el plano de la conceptualización, definimos esas dos tendencias
como características de un conocimiento en comprensión y de un conocimiento en
extensión (p. 73).
La postura de Bachelard siempre fue muy clara
respecto a que hay que superar concepciones anteriores para llegar a un nuevo
conocimiento científico, que se sobreentiende en el momento de interpretar las
dos tendencias de conocimiento; al tiempo que se va internalizando,
comprendiendo y adoptando una nueva postura, existe un conocimiento en
extensión que pretende abrir nuevas formas, teorías y métodos que puedan ser
sustituyentes del conocimiento en sí mismo; quedando en obsolescencia gracias
al surgimiento de un nuevo paradigma dominante, consecuencia de esto, es su
teoría de ruptura epistemológica.
Se vuelve imperativo entender el concepto de ruptura
epistemológica, aclarado por Robira y Carbonell (2006,
citados en Portugal, 2014), quienes explican que es “la adopción de un método o
de una teoría nueva que imposibilitan al conocimiento el retorno a las
estructuras del saber anterior” (p. 193). Bachelard, en este constructo de la
ruptura epistemológica, incita a la continua experimentación, investigación y
transformación de paradigmas conceptuales.
Es una invitación a no dar por sentados los
conceptos, métodos o epistemes establecidos aunque estén soportados, validados,
aceptados, e incluso adoptados por una comunidad o sociedad; es responsabilidad
y obligatoriedad de los investigadores mantener una actitud crítica y
disruptiva para cultivar la habilidad de superar concepciones anteriores a base
de nuevas experimentaciones o encontrando una nueva realidad yendo más allá de
lo planteado, atreviéndose a ir más allá de lo obvio y siendo capaz de teorizar
nuevas propuestas, que se podrían convertir en nuevos paradigmas.
Lo anterior, marca una nueva perspectiva de la
ciencia, y es así como Bachelard, citado por Rojas, 2017) “rompe con una larga
tradición de la imagen de la ciencia como un ente sólido, construido en base de
demostraciones de carácter ´universal´ que no pueden ser refutados” (p. 308);
lo que significa, que no se puede caracterizar un descubrimiento como único y
sin posibilidad de evolución, puesto que en la historia se observa cómo ha
surgido la revolución filosófica, la científica, la industrial, las cuales, a
su vez han influido unas sobre otras a medida que evolucionan herramientas,
visiones, disposiciones, y se van acoplando a la nueva realidad de la sociedad.
Al estar convencidos que es necesario un rompimiento
epistemológico para el surgimiento de nuevos paradigmas, se debe internalizar
el concepto de paradigma a fin de darle un entendimiento contextual, para ello,
Yuni y Urbano (2005) mencionan que Kuhn ha definido
el paradigma como “conjunto de soluciones que la comunidad científica reconoce
como exitosas que permiten pensar y aplicarlas, también de manera exitosa a
situaciones nuevas” (p. 50).
Permite establecer que un paradigma son soluciones
aceptadas y adoptadas por la comunidad científica, pudiendo ser también por la
sociedad; se puede interpretar que una teoría anterior queda en la
obsolescencia puesto que no es aplicable a la nueva realidad en la que se
amerita un cambio o evolución, impulsando lo propio para la trascendencia de metodologías.
Cuando se comienza a profundizar en el concepto de
las teorías de la evolución del conocimiento científico, Thomas Kuhn,
estadounidense reconocido como físico y filósofo de la ciencia, mencionaba que
“si se considera a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o
cronología, puede producir una transformación decisiva de la imagen que tenemos
actualmente de la ciencia” (Kuhn, 2004, p. 20). Asimismo, también hace énfasis
que, para el desarrollo científico, existen dos tareas principales:
Por una parte, debe determinar por qué hombre y en
qué momento fue descubierto o inventado cada hecho, ley o teoría científica
contemporánea. Por otra, debe describir y explicar el conjunto de errores,
mitos y supersticiones que impidieron una acumulación más rápida de los
componentes del caudal científico moderno. (Kuhn, 2004, p. 21).
Es así como hace énfasis en que el desarrollo de la
ciencia es un proceso complejo, no lineal, en donde una concepción científica
debe ser analizada y contextualizada de acuerdo al momento histórico y las
ideas propias de la época; en donde la cultura, creencias, realidad social,
herramientas disponibles, así como las investigaciones anteriores le dan
sustento al surgimiento de las nuevas teorías o paradigmas.
Asimismo, de acuerdo con la perspectiva de Kant
(2005), la ciencia responde a una idea inicial que es anterior a la
experiencia. En este contexto, se trata de un progreso del conocimiento
impulsado por la razón, capaz de establecer objetivos y estrategias que
delinean la posibilidad de obtener un entendimiento exhaustivo y completo de la
naturaleza. Sin embargo, para cualquier idea inicial será imperativo
evolucionar y transformarse en un sistema, es decir, en un conjunto integrado
de conocimientos.
Los filósofos hasta ahora citados, así como otros,
mantienen la postura de que la ciencia es dinámica, profunda, precisa y
evolutiva, en donde existen factores que van imponiendo a los investigadores a
crear nuevas metodologías científicas, teorías o constructos que permitan dar
respuestas a los nuevos desafíos propios de la evolución histórica en
diferentes contextos. Entendiendo que la propia naturaleza humana, sus cambios,
evoluciones y nuevas tecnologías, permiten el paso de nuevas teorías o
conjunciones de las mismas.
De acuerdo a los conceptos analizados, se puede
definir la ciencia como un proceso evolutivo de construcción de conocimiento,
mismo que está sometido a una transformación no lineal que entra en períodos en
donde la ruptura epistemológica es necesaria para la concepción de nuevas
teorías adaptadas a las realidades cambiantes, por tanto, está relacionada a la
situación histórica-evolutiva de la sociedad, que impulsa la creación de nuevos
marcos epistemológicos aceptados por el rigor evaluativo de una comunidad
científica.
Ahora bien, la investigación
científica también comparte la dimensión crítica de Kuhn; sin embargo, este
enfoque lo aborda mucho más profundamente Lakatos (1998, citado en García,
2008): “en un programa de investigación progresivo, la teoría conduce a
descubrir hechos nuevos hasta entonces desconocidos. En los programas
regresivos, las teorías son fabricadas sólo para acomodar los hechos ya
conocidos” (p. 196).
En contraposición a esta premisa
de Lakatos (Chalmers, 2003, citado en García, 2008), hace reflexión respecto a
la debilidad de la propuesta explicando que:
El propio Lakatos reconoce la
debilidad de la racionalidad instantánea, que para él no existe en la ciencia,
de ahí que sólo a largo plazo (es decir, desde una perspectiva histórica) se
pueda determinar la validez o inconsistencia de un programa, por lo que su
propuesta no sirve como método para desestimar un determinado paradigma, sino
que servirá principalmente para esbozar la valoración desde una perspectiva histórica
(p. 197).
Es por tal que los científicos
deben ser críticos en su enfoque, cuestionando las suposiciones preexistentes,
evaluando de manera rigurosa las pruebas y desafiando las explicaciones
simplistas; exige un compromiso con la verdad y una disposición a confrontar y
corregir errores.
Si bien la ciencia se configura
como un proceso de construcción y transformación de conocimiento, las rupturas
epistemológicas descritas por Bachelard y los paradigmas de Kuhn encuentran en
la educación los métodos para ser reinterpretados y adaptados a nuevas
realidades. En tal sentido, la educación se convierte en una herramienta
esencial para cultivar el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar,
elementos indispensables para enfrentar los desafíos contemporáneos.
2. La educación
en la transformación social
Consecuencia de la educación ha sido la
evolución del ser humano, y el proceso que constituye la mejora del hombre de
manera holística, tanto personalmente como dentro de una sociedad. “La
educación es un intento humano racional, intencional de concebirse y
perfeccionarse en el ser natural total” (León, 2007, p. 599).
La educación, desde que se conceptualiza, está
enmarcada desde el pensamiento del autor que la define. Paulo Freire, un
influyente pedagogo y filósofo de la educación, planteó una visión de la
educación que se centra en que el aprendizaje es un proceso activo en el que el
individuo construye su propio conocimiento a través de la reflexión crítica y
la acción transformadora.
Uno de los conceptos clave en la pedagogía de
Freire es el de la concienciación, que implica la toma de conciencia de la
realidad en la que viven los estudiantes; el mismo autor menciona que este
método “…procura dar al hombre la oportunidad de redescubrirse mientras asume
reflexivamente el propio proceso en que él se va descubriendo, manifestando y
configurando…” (Freire, 2005, p. 19).
Se puede inducir que hay una influencia de la filosofía
socrática en las postulaciones que presenta Freire cuando dice: “la ignorancia
es el punto de partida de la sabiduría.” (Freire, 2010, p. 65), reconocer que debe
existir un vacío del conocimiento para que exista aprendizaje, es partir
también de la complementariedad, en donde la sabiduría crece a medida que se
expande la búsqueda y el descubrimiento, la cual debe partir del propio
individuo.
Por su parte, Bruner (1984) afirma que “si la
educación no consiste en inculcar habilidades y fomentar la representación de
la propia experiencia y del conocimiento buscando el equilibrio entre la
riqueza de lo particular y la economía de lo general, entonces no sé en qué
consiste” (p. 124). Invitando a discernir que, la educación parte de las
vivencias además de la relación de la influencia del entorno, en general en la
particularidad de cada situación de estudio.
Bruner es conocido por su teoría del aprendizaje
por descubrimiento, que sostiene que el aprendizaje se produce cuando el
individuo descubre la información por sí mismo. Según Bruner, el aprendizaje es
un proceso activo en el que el individuo construye su propio conocimiento a
través de la exploración y la experimentación, esto lo valida al afirmar que:
La
educación consiste en ayudarnos a encontrar nuestro camino dentro de nuestra
cultura, a comprenderla en sus complejidades y contradicciones […] No sólo de
pan vive el hombre; ni sólo de matemáticas, ciencias y de las nuevas
tecnologías de la información. La tarea central es crear un mundo que dé
significado a nuestras vidas, a nuestros actos, a nuestras relaciones (Bruner,
1997, p. 10).
Analizando esta postura, es evidente que
contempla que la educación no solo brinda herramientas científicas, sino que su
objetivo principal es preparar ciudadanos, con habilidades que les sirvan para
la vida diaria, con el fin de asegurar un bienestar en la sociedad, con
individuos formados para tomar decisiones en pro del desarrollo sociocultural
de las naciones.
En el mismo orden de ideas, se puede mencionar
que, dentro de las aplicaciones de la ciencia en la educación, tal como se
menciona en el Artículo 33 de la Declaración sobre el uso del conocimiento
científico de la Unesco (1999, citado en la Cres, 2018), es considerado que:
Hoy,
más que nunca, la ciencia y sus aplicaciones son indispensables para el
desarrollo. Todos los niveles de gobierno y el sector privado deberían brindar
mayor apoyo para construir una capacidad científica y tecnológica adecuada y
equitativamente distribuida a través de programas apropiados de educación e
investigación como una base indispensable para el desarrollo económico, social,
cultural y ambiental sólido (p. 262).
Fortaleciendo la postura, en donde la
educación vuelca sus objetivos en la formación de ciudadanos a través de
programas enfocados en la economía, lo social y cultural, agregando además que,
no solo es responsabilidad de las instituciones de educación, sino que para
lograr estos objetivos a cabalidad se debe involucrar todos los niveles de
gobierno, así como el sector privado; haciendo conciencia que la calidad de la
educación holística será el cimiento para el eficiente desarrollo de las
naciones a futuro.
Aunado a las perspectivas de formación de
individuos sociales, Jacques Delors, destacado teórico de la educación, ha
desarrollado una conceptualización de la educación que se enfoca en el
desarrollo humano y la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con la
sociedad. Delors (1996) sostiene que la educación debe ser un proceso de
formación integral que abarque no solo el desarrollo cognitivo, sino también el
desarrollo emocional, social y ético de los individuos.
En su obra La educación encierra un tesoro,
Delors (1996) propone cuatro pilares de la educación que deben ser
desarrollados en el proceso educativo: aprender a conocer, aprender a hacer,
aprender a ser y aprender a convivir. Estos pilares se enfocan en el desarrollo
cognitivo, el desarrollo de habilidades prácticas, el desarrollo personal y el
desarrollo social de los estudiantes.
Delors enfatiza la importancia de la educación
en la formación de ciudadanos críticos y comprometidos con la sociedad. Según
él, la educación debe ayudar a los estudiantes a desarrollar su capacidad para
pensar de manera crítica y creativa, y a actuar de manera transformadora en el
mundo.
En su planteamiento, John Dewey (1998) concibe
la educación como un proceso social, que no es netamente la trasmisión de
conocimientos, sino que se complementa por parte de la experiencia en su
relación con el entorno, que prepara a los individuos a construir su propio
conocimiento por pensamiento crítico y reflexión, para su vida cívica social y
una adecuada participación en una comunidad democrática.
La educación centrada en el hombre, desde un
eje holístico, busca asegurar el desarrollo de competencias y capacidades que
les permitan impulsar el desarrollo nacional, dándole la importancia esencial
en los objetivos de las naciones.
Es entonces pertinente definir que la
educación es un proceso evolutivo, formativo, intencional y complejo, mediante
el cual, los individuos adquieren saberes, habilidades o herramientas, por
trasmisión de conocimientos o por medio de la construcción de conocimientos a
través del criticismo propio y la reflexión objetiva de las vivencias,
experiencias y saberes culturales que involucran tanto el desarrollo individual
como la evolución colectiva, siendo un vértice estratégico para el progreso de
las sociedades y el desarrollo integral del ser humano.
La educación, en ese marco evolutivo y
entendida como un proceso cultural y social dinámico, no puede ser ajena a las
transformaciones tecnológicas que redefinen las formas en que los individuos
interactúan con el conocimiento, contemplando la adopción de estas herramientas
como un nuevo paradigma cultural que influye directamente en el contexto
educativo ya que transforman las prácticas pedagógicas e impulsan el
replanteamiento de metodologías.
3. Educación y
antropología digital: hacia nuevos paradigmas
La antropología de la educación se ha relacionado
directamente con la antropología del conocimiento e incluso con la antropología
filosófica; sin embargo, es imperante interrelacionarla con la antropología
digital, puesto que esta última ha reinterpretado los modelos educativos, los
cuales han tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías digitales, demostrando
que la adopción cultural de las mismas ha influido en el hecho educativo,
obligando a las instituciones de educación superior a plantearse la necesidad
de ofrecer metodologías de estudio virtuales o híbridas.
La educación siempre ha estado relacionada al
contexto cultural en el que se estudie; los antropólogos han sido pilares para
el entendimiento de la educación y para la evolución del quehacer educativo. El
interés de parte de los antropólogos culturales en el fenómeno educativo está
presente desde los orígenes de la disciplina como ciencia social de fines del
siglo XIX. “La intención es la misma: ver la educación como un proceso social
vinculado a un contexto cultural determinado” (Orozco y Reyes, 2011, p. 80).
Es menester de toda antropología relacionar las
necesidades humanas en cada área de estudio, con la evolución de paradigmas,
que vienen dados a dar solución a tales necesidades de acuerdo con la realidad
temporal de la humanidad: “la descripción y el análisis del carácter específico
que asumen el espacio y el tiempo en la experiencia humana constituyen una de
las tareas más atrayentes e importantes de una filosofía antropológica”
(Cassirer, 1967, p. 40).
La adopción e incremento en el uso de las
tecnologías digitales en la actualidad, se ha vuelto una característica
cultural de comportamiento humano; en el Fórum Internacional de Educación y
Tecnología (FIET) celebrado en el 2021, se concluyeron ciertas reflexiones
dedicadas a los nuevos modelos de construcción del conocimiento en la era
digital, entre ellos:
La aparición de nuevos modelos de construcción del
conocimiento basados en teorías emergentes que no se centran exclusivamente en
la educación formal, sino que proponen una nueva ecología del aprendizaje
fundamentada en la ubicuidad de las experiencias de aprendizaje que favorecen
las tecnologías digitales. (Marimon-Martí et al., 2022, p. 3).
La adopción de nuevos modelos está relacionada a las
nuevas prácticas comunicacionales del ser humano, en donde la tecnología ya no
solo es parte fundamental para su comunicación interpersonal, sino que también
es una herramienta que indiscutiblemente debe ser parte activa de la generación
del conocimiento y dentro del hecho educativo en muchas de sus áreas.
En tal sentido, ha surgido la antropología digital,
para analizar y contextualizar la adopción cultural de las herramientas
digitales en las actividades diarias y de manera holística en las diversas
actividades de la vida del ser humano. Cruz (2021) explica de forma detallada
los objetivos de esta rama antropológica:
La antropología digital se ocupa de estudiar los
diferentes aspectos que componen lo digital, como los espacios digitales (las
redes sociales, apps, y videojuegos en línea), los códigos digitales (memes,
gifs, emoticones), e indaga sobre temáticas individuales (identidad y
diversidad) y temáticas colectivas (afiliación, comunidades, redes y nodos
digitales). (p. 2).
Entender la dinámica humana en entornos digitales,
permite transpolar los usos comunicacionales de estas herramientas a las
diferentes actividades propias del ser humano, considerando fundamentalmente a
la educación y todo lo que rodea a la transferencia o generación del
conocimiento de manera individual o colectiva por medios digitales.
Igualmente, la antropología digital también tiene
uno de sus enfoques en la cibercultura, la cual, se produce a través de los
dispositivos tecnológicos e implica una serie de prácticas sociales
significativas, en torno a las tecnologías digitales. En donde se incorporan
las percepciones acerca de las nuevas formas de interactuar, sentir, de
identificarse y de interactuar con el mundo (Moya y Vázquez, 2010).
En base a lo anterior, se valida al afirmar que el
ser humano, a través de las herramientas que ofrece la educación para entender
el mundo, como el pensamiento crítico o la investigación científica, busca
respuestas, mejora continua y nuevas metodologías que optimicen la calidad de
vida de la sociedad. En tanto que, “la educación presupone una visión del mundo
y de la vida, una concepción de la mente, del conocimiento y de una forma de
pensar; una concepción de futuro y una manera de satisfacer las necesidades
humanas” (León, 2007, p. 598).
La transformación digital, no solo ha constituido la
adopción de nuevas herramientas tecnológicas, sino que ha significado un cambio
cultural. La implementación de estas tecnologías en el ámbito educativo debe
considerarse como un método de instrucción que facilita la interacción digital
entre los docentes, el contenido y los estudiantes a través de una variedad de
recursos (Moyano y Castañeda, 2023).
En tanto, Marimón-Martí et
al. (2022) claramente afirman que “las nuevas posibilidades de las redes
digitales y globales permiten la licuefacción de las identidades
étnico-culturales de los estudiantes en formas que antes no eran posibles”
(p.3), dejando entrever que la influencia del uso de las nuevas tecnologías
digitales diluye fronteras culturales, permitiendo la integración y
reconfiguración de tradiciones, valores y símbolos culturales en un entorno de
constante intercambio, fortaleciendo la transculturización.
El uso de herramientas digitales en la educación
implica un proceso profundo de culturización que redefine las prácticas
pedagógicas y las dinámicas de aprendizaje. Este proceso exige no solo la
formación técnica de docentes y estudiantes, sino también una comprensión
crítica de cómo estas herramientas transforman las interacciones educativas y
potencian la construcción del conocimiento en contextos diversos.
La adopción de una cultura digital por parte de las
Instituciones de Educación Superior es fundamental para dar respuestas a las
exigencias de la sociedad actual, fortaleciendo su rol en la formación de
ciudadanos críticos, responsables, adaptados a las necesidades actuales de la
sociedad, así como culturalmente integrados.
Conclusiones
La presente investigación ha explorado las
relaciones interdependientes entre la ciencia, la educación y la cultura
digital, destacando su carácter transformador en el contexto contemporáneo. En
el estudio, se evidencia que la ciencia se caracteriza por ser una construcción
dinámica que avanza mediante la ruptura de paradigmas previos, tal como lo
plantea Bachelard (2000) en su teoría de la ruptura epistemológica; tal
particularidad permite que el conocimiento científico se renueve continuamente
al cuestionar y superar concepciones obsoletas, un proceso que Kuhn (2004)
vincula directamente al contexto histórico y cultural en el que se desarrolla
dando paso a nuevos paradigmas.
En la actualidad, nos encontramos inmersos en un
dinamismo digital que representa a su vez, una aceleración de los avances
tecnológicos, por tanto, se presentan desafíos significativos para integrar las
transformaciones científicas con las nuevas necesidades educativas y sociales.
Así, la educación se manifiesta como el principal motor de transferencia y
renovación del conocimiento científico en las sociedades; considerando que esta
juega un rol importante para la aparición de nuevas teorías y para la sustitución
de paradigmas en una constante dinámica, exhortando a investigadores a
mantenerse actualizados, críticos, observadores y partícipes activos de las
nuevas tendencias evolutivas, tal como afirma Manzur (2025): “la realidad
educativa contemporánea enfrenta desafíos que trascienden los paradigmas
tradicionales, demandando un replanteamiento de sus fundamentos epistemológicos
para responder a un mundo plural, interconectado y en constante transformación”
(p. 113).
Lo anterior se valida desde perspectivas como las de
Freire (2005), Bruner (1984) y Delors (1996), quienes reafirman que la
educación no debe limitarse solo a la transmisión de saberes, sino que debe
convertirse en un espacio para el desarrollo del pensamiento crítico y la
acción transformadora. Esta postura se puede considerar como un paralelismo con
los procesos de ruptura epistemológica en la ciencia, en la medida en que la
educación también debe abandonar modelos rígidos y adoptar enfoques flexibles
que respondan a las demandas cambiantes de las sociedades. Entendiendo también
que, dando respuesta a dichas demandas, se ha dado paso a la adopción de
plataformas virtuales y los modelos híbridos, mismos que han facilitado nuevas
formas de interacción entre docentes y estudiantes, permitiendo un aprendizaje
más ubicuo y flexible.
Guimaráes et al. (2022) aseguran que las Tecnologías de la
Información y Comunicación, deben ser implementadas en todas las instituciones
educativas, considerándolas como recursos que contribuyen en la formación
integral de los alumnos, preparándolos para una sociedad cada día más
digitalizada. En este marco, la antropología digital y el paradigma de la
digitalización en la educación se posicionan como elementos centrales de esta
transformación.
La antropología digital destaca que estas
tecnologías no solo median la comunicación, sino que también moldean las
dinámicas culturales y la identidad de los usuarios, influyendo directamente en
la forma en que los estudiantes interactúan con el conocimiento. En tal
sentido, la digitalización no puede ser entendida solo como una herramienta,
sino como un nuevo paradigma que redefine las formas de enseñanza y
aprendizaje. “La sinergia entre la antropología y la educación en su modalidad
a distancia ofrece una plataforma para una evaluación crítica de cómo la
tecnología digital moldea y es moldeada por las dimensiones culturales de la
enseñanza y el aprendizaje” (Cárdenas, 2024, p. 36). La conexión entre la
evolución científica y el potencial transformador de la educación como generador
de conocimiento, resalta la importancia de adoptar enfoques integradores y
flexibles que permitan a los sistemas educativos incorporar avances científicos
y tecnológicos de manera efectiva.
La educación es un impulsador nato de la
transformación social, ya que se enfrenta al desafío de formar ciudadanos
socialmente preparados para las características del entorno, en tanto, es
necesario comprender y adaptarse a los cambios paradigmáticos en las ciencias,
mientras desarrollan competencias que les permitan contribuir activamente al
desarrollo de comunidades; cosa que requiere por parte de las personas, la
adopción de habilidades críticas y éticas que faciliten la construcción
efectiva de sociedades.
La evolución del conocimiento científico, la
transformación de la educación y la adopción de la cultura digital son procesos
intrínsecamente conectados que reflejan las dinámicas de una sociedad en
constante cambio. La digitalización ofrece oportunidades sin precedentes para
la creación y el acceso al conocimiento, en tal sentido su integración en la
educación debe estar guiada por una visión crítica y ética que priorice el
desarrollo humano y la equidad social. De esta manera, para la educación se
hace imperante seguir adaptándose a los nuevos paradigmas tecnológicos y
culturales sin perder su esencia reflexiva y emancipadora.
Esta investigación abre múltiples líneas para
futuros estudios. Entre ellas, se propone investigar cómo las tecnologías
digitales afectan el desarrollo de competencias críticas en diferentes niveles
educativos, analizar el papel de las comunidades científicas en la redefinición
de paradigmas educativos y culturales, así como invitar a investigadores para
que logren presentar adecuadamente las modificaciones paradigmáticas
indefectibles según las necesidades que los tiempos ameriten. En un contexto
marcado por cambios rápidos y profundos, resulta indispensable que la ciencia y
la educación mantengan su capacidad crítica y adaptativa, asegurando que el
conocimiento siga siendo un pilar fundamental para el progreso humano, cultural
y tecnológico.
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Autora:
Katherine Manzur: Licenciada Cum Laude en
Marketing, Máster en Gerencia de la Comunicación Organizacional, Master in Buniness Administration mención
Marketing, Doctorante en Ciencias de la Educación.
Capacitadora en áreas de marketing y comunicación. Docente de Postgrado de la
Universidad Católica de Cuenca, Ecuador.