Cartography
of terror. City, memory and paranoia in Ricardo Piglia’s crime fictions
Karlin Andrés Camperos
García
Universidad
Nacional Experimental Sur del Lago “Jesús María Semprúm”
Núcleo La Victoria
Santa Cruz de Mora,
Mérida-Venezuela
Correo: camperosk@unesur.edu.ve
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-6530-3489
Resumen
Imaginar la ciudad como un museo de experiencias colectivas involucra
examinar el pasado que ha marcado cada uno de sus rincones. Con certeza, una
ciudad relata una memoria más allá de su estructura urbanística y refiere el
pasado colectivo. En este artículo, hemos abordado la temática de la ficción
paranoica, la conciencia paranoica y la memoria en el neopolicial argentino
pigliano. En este sentido, para Piglia, Buenos Aires se convierte en una ciudad
infernal y paranoica durante la época de la dictadura militar. Nuestro corpus
de investigación exploración abarca la conciencia paranoica y reconstrucción
del pasado en neopoliciales como Respiración
artificial (1980), La ciudad ausente (1992), Blanco nocturno (2010), y otros registros
de escritura como Los diarios de Emilio
Renzi. Un día en la vida (2017). Los aportes críticos de Josefina Ludmer,
en particular, su noción de isla urbana y
ciudad-memoria han sido analizados
para nuestros resultados, entre otras nociones críticas.
Palabras
clave: memoria, paranoia, ciudad, literatura,
Piglia.
Abstract
Abstract
Imagining the city as
a museum of collective experiences imvolves examining the past that has marked
every corner. Certainly, a city relates a memory beyond its urban structure and
refers to the past. In this article, we have addressed the theme of paranoid
fiction, paranoid consciousness, and memory in Piglia’s crime fictions in
Argentina. In this sense, for Piglia, Buenos Aires became a hellish and
paranoid city during the time of the military dictatorship. Our research corpus
explores this paranoid consciousness and reconstruction of the past in novels
such as Respiración artificial
(1980), La ciudad ausente (1992), Blanco nocturno (2010), and other
writing works such as Los diarios de
Emilio Renzi. Un día en la vida (2017). The critical contributions of
Josefina Ludmer, in particular, her notion of urban island and city-memory have
been analyzed for our results among other critical notions.
Keywords: memory, paranoia, city, literatura, Piglia.
1. Introducción
En las últimas décadas, algunos investigadores como José Di Marco
(2008), Patricia Rotger (2011), Carlos Bernatek (2015) y Tulio Halperín Donghi
(1987) han referido la obra escrita por Piglia durante los años de la dictadura
argentina como textos que incluyen múltiples digresiones y circunloquios que
reflejan la realidad política de esos años. Esta tendencia pigliana a la
digresión podría explicarse a partir de aspectos que tienen que ver
directamente con la época en la que el autor escribe y con el modo en que el
escritor decide representarla. En 2008, José Di Marco, en su artículo
“Narración del terror. Notas sobre Respiración artificial”, sintetiza la
situación de Piglia y, en general, de los escritores en medio de un entorno
político represivo que “impedía a los autores nombrar ostensivamente las
circunstancias que los rodeaban y en las cuales estaban insertos; estos
mecanismos represivos y disciplinantes los obligaban, incluso a la práctica de
la autocensura” (Di Marco, 2008, pp. 4-5). En el proceso de revisión de estas
circunstancias y mecanismos represivos presentes en la Argentina de los años
setenta, hemos
abordado, en este artículo, la temática de la ciudad memoria y de cómo, en novelas como La ciudad ausente, Buenos Aires se convierte en una ciudad infernal
y paranoica que refleja la devastación y el terror durante la época de la
dictadura militar. Los aportes de Josefina Ludmer, en particular, su noción de isla urbana y ciudad-memoria, se analizan entre otras contribuciones críticas.
2. “Si yo mismo fuera el invierno sombrío”: dictadura, violencia y paranoia
Respiración artificial, primera novela publicada por Piglia en 1980, inicia interrogando (¿Hay
una historia?) sobre las posibilidades de narrar los hechos (reales) en un
entorno represivo1. Así, “Emilio Renzi, el alter ego de
Piglia en sus narraciones, cuestiona la posibilidad de narrar una historia
distinta de la que comienza en abril de 1976” (Piglia, 1994, p.13). Renzi, en
esta novela, hace referencia a su primer libro La prolijidad de lo real
y en él, como acostumbra en sus narraciones, se vale de las historias
familiares para su labor creativa. Sin embargo, la indicación de la fecha “abril
de 1976” es, en este caso particular, una alusión al golpe militar de ese año.
En Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida, Renzi2
relata lo ocurrido ese 24 de marzo; pero lo reporta un día después, en la
entrada correspondiente al 25 de ese mes “Ayer, el golpe. Me quedé leyendo esa
noche hasta la madrugada y desde la ventana vi como los militares cortaban el
tráfico, (…). Preparan una represión sangrienta. Su asesor en economía es
Martínez de Hoz” (Piglia, 2017, p. 23).
La narración de los hechos del 24 de marzo evidencia la incertidumbre
que se cierne sobre la ciudadanía. La cruel represión que augura Renzi es una
premonición y revela la presencia de una conciencia paranoica en las formas de
interpretar los acontecimientos históricos. Esta conciencia paranoide persistente
lleva a Renzi a experimentar lo que él mismo refiere como un exilio interior
y que caracteriza como “[…] la vida escrita en un diario (…), tratada como
la historia de una generación” (p. 139). Renzi reflexiona sobre la sensación de
extrañamiento que produce el entorno político (y económico) complicado de la
Argentina de esos años y lo define como una “sensación de no tener lugar” (p.
139). La figura del exilio interior, que Mempo Giardinelli refería sobre
Piglia (Cubaycultura, 2012), queda expresada en los diarios de Renzi “Exiliado
excesivo, extraviado, excéntrico. La figura del apátrida. Dificultad de hablar
con quien sea, practico una lengua en la que nadie habla ya. Idioma personal,
lenguaje privado” (p. 139).
La marca del terror estuvo presente incesantemente a finales de los
años setenta y principios de los años ochenta en Argentina. En 2005, Teresa
Orecchia Havas en su artículo “La máscara y los héroes en Respiración
artificial” encuentra en esta novela lo que denomina una semántica del
duelo, que proviene, como argumenta, de referentes borgeanos. En tal sentido, Orecchia
Havas hace mención directa al poema “La noche que en el Sur lo velaron” de
Borges, como referente inmediato del libro que Renzi escribe en abril de 1976: La
prolijidad de lo real.3 Esta semántica del duelo proviene de la (notoria)
ausencia (muerte) del padre en esta novela, ya que ninguno de los presentes en
las discusiones filosóficas, políticas y literarias de Respiración
artificial tiene a sus padres con vida. La relación más cercana sería la de
Marcelo Maggi con su sobrino Emilio. Asimismo, Orecchia Havas destaca dos
inserciones alegóricas sobre la muerte y el sentido de la experiencia en Respiración
artificial. La primera de estas referencias es el epígrafe general con
versos de T. S. Elliot, transcriptos al principio de la novela “We had the
experience but missed the meaning, / an approach to the meaning restores the
experience”. La segunda sería una dedicatoria “A Elías y Rubén que me ayudaron
a conocer la verdad de la historia”. Estas inserciones apelarían, cada una de
forma muy particular, a una lectura cifrada de la historia a partir de
advertencias dirigidas al lector sobre una verdad “oculta o malograda” de la
experiencia histórica a través de la mención de los nombres de algunos
desaparecidos.
La dedicatoria a Elías y Rubén en Respiración artificial pudiese
referirse en realidad a Elías Semán y Rubén Kristkausky, dirigentes de
Vanguardia Comunista, un partido opositor al régimen militar, secuestrados y
asesinados seis meses después de la publicación del primer número de Punto
de vista, revista de cuyo consejo de redacción formaba parte Ricardo Piglia
en 1978, según refiere Orecchia Havas en su artículo. En 1995, Carlos
Altamirano en su artículo “24 de marzo” del número 54 de esta misma revista,
cuya temática central versaba sobre los acontecimientos políticos de los años setenta
en Argentina, escribe “Para Elías Semán, Rubén Kritkausky, Roberto Cristina y
Abraham Hochman, desaparecidos en 1978, que contribuyeron a hacer posible esta
revista” (Altamirano, 1995). De esta manera, Altamirano suma dos nombres a
los que se encuentran en la dedicatoria al inicio de Respiración artificial. En Los
diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida, los nombres de algunos
desaparecidos y asesinados por la dictadura se perciben como una suerte de
voces de ultratumba que rememoran, para Renzi, el pasado funesto reciente. Los
sueños políticos de Renzi, referidos en sus diarios, manifiestan una nostalgia
por el general fallecido y la importancia que aún tendría Perón en la vida
política de la Argentina de mediados de los años setenta (2017, p. 123). De
esta manera, Renzi evoca sus propios fantasmas de la represión política cuando
argumenta que (en sueños) logra reunirse con Elías, Rubén y Rodolfo Walsh (p. 123).
En la ficción pigliana, particularmente en Respiración artificial, las alusiones a los desaparecidos se
exponen como secretos a voces, verdades ocultas que revelan gradualmente parte
de los enigmas mostrados en la novela. En un fragmento de la novela, Renzi
comprende las acciones tomadas por el filósofo Tardewski en la habitación de
Marcelo Maggi cuando van en su búsqueda y no hallan rastros de él. Renzi
observa que “Tardewski ha arrancado la primera hoja del anotador y ha escrito
algo. Sin embargo, la primera hoja del anotador desaparece ante los ojos de
Renzi”, (pp.149-150). No existe explicación para la desaparición de la primera
hoja del anotador. Pareciera que Tardewski intenta ocultar alguna evidencia
comprometedora para Maggi o para sí mismo. Se desconoce la suerte de Maggi,
pudiera estar secuestrado y desaparecido por la dictadura que apenas emprende
su arremetida de terror en 1976. La conciencia paranoica está presente en todos
los ámbitos de la vida cotidiana de la Argentina en esa época controvertida. En
Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la
vida, observamos persistentemente este sentido de extrañamiento cotidiano “Vivo
de un modo extraño, trabajo, doy clases, hablo por teléfono, voy al cine,
visito amigos o ellos me visitan a mí. Todo debería estar entrelazado por mi
escritura. Condiciones muy particulares. Irrealidad. ¿Cómo puede ser que
sobreviva?” (p.115). La idea de saberse en un entorno de opresión política crea
también un desdoblamiento de Renzi ante la realidad. En una entrada de su
diario en 1980, Renzi describe, una vez más, ese desdoblamiento y le otorga un
carácter colectivo:
Los cerebros invadidos por la televisión, ella
señala de qué se debe hablar: (…) Los trasplantes de corazón. El pase de
Maradona. Nadie lee el diario pero todos se muestran muy informados. Los
periodistas (…) son la autoridad intelectual del momento (p. 114).
El escenario de la dictadura contrasta con lo que se ve en apariencia
en las calles. La referencia al fútbol es completamente oportuna y vigente para
la época ya que culminaba la Copa Mundial de ese deporte en 1978. La dictadura
del general Jorge Videla se esmeró por ocultar todas las atrocidades que años
más tarde quedarían expuestas ante el mundo expectante que, al menos en 1978,
se emocionó mirando por televisión ese evento transmitido desde la Argentina, y
que en mayor o menor grado desconocía lo que en realidad ocurría en la ESMA en
Buenos Aires mientras se jugaba el partido final de la Copa4.
Para Piglia, la represión política de la dictadura deviene en una
muestra palpable de un período oscuro con efectos inciertos sobre la labor
creativa y académica. Desde 1966, Piglia había renunciado a desarrollar
cualquier actividad en el ámbito académico argentino debido a la intervención
de las universidades públicas por parte de los militares. En los días previos a
la aparición de su esperada novela, Renzi, en sus diarios, relata: “se va a
llamar Respiración artificial. Encuentro en un poema de Elliot que me sé
casi de memoria, desde los tiempos en La Plata, el epígrafe para la novela.
‘Tuvimos la experiencia pero no su sentido’, etc.” (p. 113). Y concluye con una
pregunta accidental “¿De qué otro modo podría alguien sobrevivir en estos tiempos
sombríos?” (p.113). Sólo a través de esta reconfiguración de la experiencia
puede prefigurarse un futuro distinto, y, de esta manera, Renzi parece
refugiarse en un futuro prometedor que evidentemente vendrá una vez superado el
contexto dictatorial.
2.1. Cartografía de una ciudad infernal
Pensar la ciudad como un museo de experiencias colectivas circunscribe examinar,
desde la óptica más reciente, el pasado que ha marcado cada una de sus
esquinas, cada una de sus cuadras y cada uno de sus rincones. Laura Conejo
Olvera en su artículo “Ciudad, memoria y ficción: Ricardo Piglia y el caso
argentino” (2012) propone mirar nuestras ciudades como una suerte de museos en
los que convergen de forma conjunta, para los actantes citadinos, las
experiencias individuales, en particular, cuando han sido vividas en un periodo
de caos político y social. En este sentido, una ciudad relata una memoria más
allá de su estructura arquitectónica y urbanística y permite reconocer el
pasado conocido por todos a través de la historia oficial, pero vislumbra, de
forma particular, el pasado que se encuentra oculto, quizás negado, en los viejos
edificios y teatros de cada ciudad latinoamericana y, sobre todo, en sus
habitantes más antiguos, testigos de los cambios pero también de los horrores
vividos allí. En este apartado, abordaremos específicamente la temática de la ciudad
memoria y de cómo, desde la perspectiva pigliana, Buenos Aires se convierte
en una ciudad infernal durante la época de la dictadura.
La ciudad de Buenos Aires es la metrópoli recurrente en la obra
pigliana. Como Borges, Piglia pocas veces abandona Buenos Aires5. Una de sus
obras que toma la ciudad de Buenos Aires como centro de las acciones es, entre
otras, La ciudad ausente, publicada en 1992 y considerada por Piglia un
homenaje a Macedonio Fernández. Elena, uno de sus protagonistas, deviene en una
suerte de Scherezada cibernética de finales del siglo XX que tiene como único
propósito crear las historias que definen la ciudad y, de esta forma, se
convierte en una máquina de narración incesante. María Antonieta Pereira en el
ensayo “El monstruo femenino” incluido en su libro Ricardo Piglia y sus
precursores (2001), ve en la figura femenina una suerte de prólogo
que anuncia un tipo de novela futura. Así, para Pereira, es posible que “Al
desdoblarse en Evas, máquinas o monstruos, el cuerpo femenino de la novela es
el espacio en el cual los lenguajes revuelven el polvo del museo,
transformándolo en el laboratorio del futuro” (2001, p. 135). En este sentido,
la ciudad puede convertirse, según esta autora, en centro de la Belleza y el
Misterio, atributos femeninos interpretados comúnmente como una promesa de
felicidad.
Sin embargo, debido a conflictos sociales y políticos, la ciudad como
centro de felicidad puede también devenir en un centro que despierte la
conciencia paranoica de cada uno de sus habitantes. En 2019, en un artículo
publicado en The New York Times titulado “Chernobyl: una serie
perfecta pero anacrónica”, Jorge Carrión, escritor y crítico literario español,
refiere el horror instituido en la ciudad ucraniana después de la catástrofe
nuclear “La muerte está en el aire. (...) [y] es radiación (…) Pero ¿cómo
representar dramáticamente las razones de su expansión en un mundo como el de
la Unión Soviética, en el que los individuos no (…) podían aspirar al
protagonismo?” (Carrión, 2019). Esta visión de la ciudad devastada o, en este
caso, completamente aniquilada se plantea a través de una crítica a la versión
oficial de la catástrofe formulada por el estado soviético, lo que pone sobre
la palestra el problema de la influencia del poder del Estado en la devastación
colectiva y del modo en que la ficción plantea una (contra) versión no
reconocida6 como ocurre en la ficción pigliana y, análogamente, se
puede ver en las versiones paranoides creadas por Elena en La ciudad ausente.
Ciertamente, cuando la
catástrofe es total, como en el caso de Chernobyl, solo reina la muerte
alrededor, ya no hay vida y únicamente quedan las ruinas del desastre. En el
caso de ciudades sitiadas por el horror de las dictaduras y la represión
política, los rastros del terror y de la paranoia son perceptibles como resume
Renzi en su diario “Extraña angustia. Por primera vez vivo históricamente. Temores (…).
Detenciones, allanamientos. Basta un poco de música en la casa de enfrente para
que me asome a la ventana y vea por dónde puedo escapar” (p. 24). Renzi escribe
esta entrada en 1976 y muestra cómo, desde la expectación, se pueden aguzar los
sentidos ante el terror infundido en la ciudad por la represión política
desenfrenada.
Para Josefina Ludmer, el
desplazamiento (a manera de caminata) por nuestras ciudades configuraría series
de “instantes que se suceden: (…) y en un segundo lugar (…) la memoria
(“Mirá”, “Mirá acá mismo” y “¿Te acordás de lo que era esta zona?”)” (2010a,
p. 113). La construcción de presente en la ciudad se describe a partir de
nuestra posibilidad de recordar el pasado allí vivido “El presente toma forma de recuerdo y la
sensación de haberlo vivido: es la memoria de la ciudad, la memoria literaria,
la memoria autobiográfica común y la memoria de la amistad” (pp. 113-114).
Ludmer señala la importancia de hacer distinciones entre simples recuerdos
autorreferenciales y lo que denomina memoria urbana entendida como una
experiencia pública compartida y que no sería la memoria de lo vivido
individualmente. Ludmer la refiere como la memoria íntima pública de la
ciudad en la que todos somos contemporáneos (p.114).
Ciertamente, La ciudad ausente sería un intento de representar
la ciudad silenciada por el horror dictatorial. Este silenciamiento proviene de
la violencia del Estado y la violencia globalizada expuesta por los mass
media. Para Conejo (2012), el proceso creativo propuesto en La ciudad
ausente narra la conciencia paranoica de los habitantes de una ciudad
devastada por la represión dictatorial. Así Piglia esgrime, en su novela, una red virtual en
relación directa con lo policial que configura un ambiente computarizado y
paranoico de ciudades futuras postindustriales y resultaría en una especie de
ficción ciberpolicial. Este ambiente crearía un vínculo entre el Estado y el
personaje de la autómata. De esta forma, Piglia ensaya asignar al lenguaje el
poder conspirativo que rescata las versiones contra estatales presentes en los relatos
del autómata femenino.
Nos parece interesante el acercamiento a lo ciberpolicial que propone
Conejo y lo define como “una vertiente más del género policial mezclado con la ciencia ficción
en los cúmulos interurbanos” (p.45). Esta propensión a tomar la ciencia ficción
como principio creativo se observa también en La sonámbula, recuerdos del
futuro (1998) y forma parte, evidentemente, de las ficciones paranoicas y
policiales estadunidenses. La idea de contar la historia a partir del porvenir
pareciera una forma reivindicadora de restaurar la experiencia tal y
como lo propone Elliot en su poema “The Dry Salvages”, citado parcialmente en
el epígrafe de Respiración artificial. La idea de reconstruir esa
memoria colectiva oprimida pasa también por reconfigurar la ciudad como ese
espacio en el que se desarrolla todo el devenir político y social narrado desde
los márgenes, ya que la historia oficial aun no reconoce estas versiones
alternativas. A propósito de este proceso de reconfiguración, Jean Baudrillard
explica en Cultura y simulacro (1978) cómo una ciudad “fragmentada”,
se reconfigura en una especie de código genético que le permite repetirse
indefinidamente a partir de la “memoria cibernética acumulada” (Baudrillard, 1978, p.82). La
destrucción de Chernobyl, abordada por Carrión, postula la posibilidad de la
devastación absoluta; de la aniquilación de la memoria de una ciudad arrasada.
Sin embargo, Buenos Aires, en la época dictatorial deviene en una ciudad
devastada, si se quiere infernal, que tiene una variante: sus actantes
permanecen allí como testigos silenciados y paranoides del horror. Sólo la
máquina Elena, la autómata, posee esa memoria colectiva que se propaga a través
de las historias que crea. El homenaje a Macedonio a través de la creación de
un doble de su amada y difunta Elena se completa a partir de los rasgos
futuristas de la narración macedoniana referidos por Piglia en el
documental sobre Macedonio dirigido por Andrés Di Tella en 1995
(A parte Rei Revista de filosofía, 2012). En este documental, Piglia argumenta que a
través de la reconstrucción de la memoria colectiva se podría prefigurar el
porvenir y eso era una característica, entre tantas, de la ficción de
Fernández.
Elena, el autómata femenino de La ciudad ausente, crea las
historias y, desde su óptica de restauración de la memoria colectiva, las
confunde al punto que no sabemos cuáles son verdaderas y cuáles falsas. Parece
un intento de narrar las contraversiones de la historia construidas por el
poder estatal. Piglia en “Ideología y ficción” (1979) reflexiona sobre el
carácter fragmentario de las narraciones borgianas “se trata de un relato fracturado, disperso […]
Formado por una multitud de fragmentos, escrito en la obra, perdido en ella”.
En este sentido, los relatos de fragmentarios de La ciudad ausente, se
pueden ver también, asumiendo una estética borgiana, como “un lugar de cruce y
de condensación” (1979, p.4). Piglia propone esta fragmentación como una forma
de mostrar al menos dos componentes subyacentes: la memoria (materna) y la biblioteca
(paterna). Estos componentes tienen como referentes las formas creativas
fundamentales de las ficciones de Borges. Piglia (1979) nos da pistas sobre
esto cuando afirma en “Ideología y ficción” que “Por un lado aparece una serie de textos, afirmados
en el relato oral, (…) en la memoria, (…), por otro lado una serie de textos,
afirmados en la lectura, (…), en la biblioteca, en el culto a los libros” ( p.6).
Esta fragmentación de narraciones responde, asimismo, a la idea de rescatar las
voces de los marginados y de los desaparecidos (de los ausentes) que deben
expresarse a través de la voz de los testigos del miedo y el terror
experimentado en los espacios citadinos. Sandra Garabano en Reescribiendo la
nación. La narrativa de Ricardo Piglia (2003) afirma que este proceso de
fragmentación en la narración es contradictorio ya que existe un “asociado
a un tiempo muerto [que] se convierte en depósito de material disponible para
inventar historias peligrosas para el estado (…) [y simultáneamente] han
quedado las marcas de viejas historias que un grupo de refugiados trata de
reactivar” (Garabano, 2003, p. 123).
Idelber Avelar propone en su
artículo “Cómo respiran los ausentes: La narrativa de Ricardo Piglia” (1995) la
posibilidad de hallar “una máquina paranoide” (p. 418) en La ciudad ausente, que
aparece de forma subrepticia en Respiración artificial. Esta máquina se
refleja en la ciudad y sobre todo en sus actantes a través de esa angustia
frente al modo en que pueden expresarse; es decir, al modo de narrar los hechos
incluyendo los acontecimientos que no se pueden contar por motivos de la represión
política.
La idea de crear historias alternativas que desafíen la censura estatal
plantea una forma de narrar mundos paralelos que existen en un mismo contexto
espacial: el mundo de la autómata y la praxis violenta y represiva del Estado.
Las historias alternativas de Elena aspiran narrar una conciencia paranoica
colectiva que invade desde el espacio físico de la ciudad sitiada hasta las
formas de comunicarse dentro de ella. Elizabeth Jelin ofrece en su libro Los
trabajos de la memoria (2002) una interpretación de estas contraversiones
desafiantes y habla de “las memorias alternativas, subterráneas, prohibidas y clandestinas” (Jelin,
2002, p.42) que propagan los estragos de terror y el miedo, y al mismo tiempo
son causantes de la parálisis y el silencio provenientes de las experiencias
traumáticas.
Esta conciencia traumática, que procede de los años vividos en el
terror por los habitantes de la ciudad, en este caso Buenos Aires, deviene en
la ya aludida semántica del duelo presente en la estructura de Respiración
artificial. En el año 2000, Patrick Dove en su estudio “Heterotopic memory
and narration of disaster in Ricardo Piglia” destaca esta semántica del duelo
presente en La ciudad ausente y explica cómo se plantea un cierre a este
duelo a través de la transformación de su forma de referirlo. Ciertamente, el
cierre de la etapa del duelo, como lo visualiza Dove, queda simbolizado por los
relatos alternativos que narra Elena, la amada de Macedonio, que como en El
museo de la novela de la eterna, crea sin cesar historias en una novela que
nunca termina pero que, al mismo tiempo, otorga a la literatura la utopía de
reconstruir la ciudad devastada y presenta historias inéditas que resultan
peligrosas para los intereses estatales de control y dominación.
3. La ciudad memoria y la ficción paranoica
Como refiere Cristina Rivera Garza en su libro Los muertos
indóciles. Necroescrituras y desapropiación (2013), Gertrude Stein decía
que “la única obligación del autor es producirse como un contemporáneo de su
época, explorar las distintas formas de composición de una era es más una
vocación crítica que un mero gusto personal” (Rivera Garza, 2013, pp. 207-208).
Con certeza, en la búsqueda y comprensión de esta contemporaneidad se
reflexiona sobre las nuevas tendencias culturales y los nuevos modos de
escritura visibles en nuestro tiempo. En la narrativa de Piglia, la
representación del proceso de pesquisa se singulariza tal y como se observa en
novelas como Blanco nocturno (2010) y, en cierto modo, no se
correspondería con las características distintivas del relato policial clásico.
En este sentido, es necesario considerar un giro discursivo con respecto a la
novela policial clásica y la posibilidad de identificar numerosos enigmas que,
como es usual en la literatura pigliana, replantean el concepto unívoco de
verdad. Desde este replanteamiento del concepto de verdad a partir de un plano
ético, es posible analizar algunas nociones que remiten al proceso de escritura
de la novela negra argentina en el siglo XXI.
Mempo Giardinelli, en una
entrevista concedida al portal Letralia, plantea la necesidad de
innovación estética en la novela negra latinoamericana de nuestro tiempo. Esto
supone la búsqueda de nuevas formulaciones del género negro que se diferencien
sustancialmente de la clásica novela policial hard-boiled norteamericana
o de los clásicos sabuesos del siglo XIX (como Dupin, el detective de Poe, por
ejemplo) para lograr así una literatura neopolicial con otros parámetros de
verosimilitud y, por tanto, con otra recepción desde el punto de vista del
lector latinoamericano del siglo XXI y el contexto cultural y político que lo
rodea. Este contexto es para Giardinelli el foco central que explica las
diferencias entre la novela negra norteamericana y la novela negra en nuestros
países. En su libro El género negro: Ensayos sobre literatura policial
(1984), Giardinelli sostiene que existe una relación con
el poder muy distinta entre los estadunidenses y los latinoamericanos. El estadunidense
mantiene una visión de un sistema flexible, amplio y adaptable a los cambios si
son demandados por los ciudadanos. Los norteamericanos tienen la convicción de
que las posibilidades de mejorar su sistema son infinitas y están al alcance
del ciudadano a través del esfuerzo y la valentía. Esta es la razón por la que
la audacia y el individualismo son ampliamente valorados en esa cultura. La
rebeldía es individual y podría ser heroica, pero se mantiene persistentemente
en el plano individual. El estadunidense se somete al poder y lo acepta porque
confía en él. En América Latina, en cambio, es difícil hallar escritores que
confíen en el sistema de su país. No existe confianza plena en el poder
establecido y las posibilidades de modificarlo no son reales para los
ciudadanos. Giardinelli resalta el carácter de rebeldía latinoamericana ante el
poder: “Vivimos en disidencia eterna y además debemos hacer enormes esfuerzos
para mantener nuestra fuerza, nuestros ideales y nuestro espíritu de lucha. De
hecho, hacer cultura en América Latina es resistir, resistir todo el tiempo”
(Giardinelli, 1984, pp. 233-234).
Giardinelli asegura que en América Latina no existe confianza en el
sistema por parte de los ciudadanos porque la corrupción del Estado ha probado
ser superior a su competencia y esto lo convierte en el principal generador de
violencia y crimen. En las ficciones de Piglia, se reconoce este proceso
histórico descrito por Giardinelli, y las novelas policiales se componen a
partir de lo enigmático, de la corrupción y de la violencia propias de
Argentina, sin desconocer, por supuesto, las tendencias clásicas del Hardboiled
norteamericano.
En este sentido, se percibe en
la escritura pigliana, como hemos visto a partir de nuestro análisis de La
ciudad ausente, una necesidad de reconstrucción del pasado (reconstrucción
de la experiencia) y “esto evidencia una filosofía de composición orientada a
la construcción de una memoria colectiva culturalmente contextualizada, y, más
específicamente, a una visualización de la ciudad convertida en una suerte de ciudad
memoria” (Ludmer, 2010a, p. 114). No es coincidencial que, por mencionar
otro ejemplo, en Blanco nocturno los hechos ocurran en 1972 en un pueblo
(imaginario) ubicado en las afueras de Buenos Aires. La intención de
reconstruir la memoria de un contexto rural y el hecho de que allí ocurra un
crimen con las características narradas refieren un contexto determinado.
Desde la década de los sesenta, se observa un giro importante en la
forma de asumir la narrativa policial latinoamericana. Los cambios políticos
ocurridos en esa época en el continente (la revolución cubana y sus implicaciones,
entre otros) derivan en una narrativa mayormente interesada en reflejar una
nueva sociedad latinoamericana distinta a la anterior. Estos cambios
progresivamente motivan la emergencia de violencia extrema en ciudades
conocidas anteriormente por ser centros de orden y civilización. Esta violencia
queda recreada en los discursos narrativos posteriores a los años sesenta y
tienen su punto de ebullición hacia las últimas décadas del siglo XX. En este
sentido, Ludmer (2010a) expone la necesidad de emergencia de nuevos aparatos
críticos que analicen las escrituras literarias producidas desde la década de
los noventa del siglo XX hasta nuestros días en América Latina. Según Ludmer,
concurre una convivencia de estilos del pasado que re-crean estas nuevas
escrituras y nos sitúan en una nueva conciencia histórica que permite la desdiferenciación
de fronteras actualmente conocidas. Las fronteras que existían precedentemente
son derribadas y, al mismo tiempo, se instituyen otras nuevas. El mundo se
reorganiza y nuestra contemporaneidad remite esencialmente a nuevas formas de
interpretación de la escritura literaria y de su lectura crítica. La narrativa
neopolicial no se evade de esta nueva propensión a reflejar la realidadficción7 en las producciones más actuales.
Para Piglia, como para otros escritores del neopolicial
latinoamericano, la incertidumbre se postula como condición necesaria para la
resolución de asuntos éticos y literarios. A partir de la incertidumbre, el
lector apela a procedimientos distintos de comprensión de lo que aparece
encubierto. Así, constantemente, nuestras nociones de verdad y justicia se
someten a escrutinio.
La incertidumbre planteada
mantiene al lector en un estado de atención ante las pistas proporcionadas por
el relato y por las voces de sus personajes. Este estado de atención exacerbada
es indicio de una cultura paranoide que, a través de la construcción de ficciones
paranoicas aspira a la reformulación de las ideas de justicia, ley y verdad
por parte del lector. Raymond Chandler, así como Giardinelli, subrayaban el
valor social y discursivo del relato policial, ya que este tipo de narración bosqueja
la puesta en crisis de concepciones culturales unívocas. En Blanco nocturno,
Piglia describe esta nueva estructura del relato neopolicial del siglo XXI y,
en particular, define la ficción paranoica como un nuevo género policial
en el que “Todos son sospechosos, todos se sienten perseguidos. El criminal ya no
es un individuo aislado, sino una gavilla que tiene el poder absoluto. La
víctima es el protagonista (…); no ya el detective a sueldo o el asesino por
contrato” (Piglia, 2010, pp. 284-285).
Existe un contraste evidente
con el formato tradicional del relato policial del siglo XIX y parte del XX. Sin
embargo, el reconocimiento de una sociedad violenta y descompuesta en todos sus
niveles promueve una nueva interpretación de la conciencia histórica en el
neopolicial del siglo XXI. Ludmer argumenta que la ciudad se convierte en una
suerte de cartografía que incorpora a toda la sociedad. Así, a modo de
ilustración, en Blanco nocturno, Piglia contiene todos los elementos presentes
en la sociedad argentina de los años setenta a pesar de tratarse de un pueblo
(imaginario) en el sector rural. Concurre, desde el principio, lo que Ludmer
denomina una “ambivalencia global” que parece borrar los
límites entre la ficción y la realidad (Ludmer, 2010b). Esta ambivalencia es representada por Piglia como
síntesis de una ficción paranoica “Todos son sospechosos, todos se sienten
perseguidos” (p. 284). En este relato pigliano, como ocurre repetidamente en
buena parte de la narrativa pigliana, la corrupción de una parte del sistema
judicial revela la injusticia que no puede ser evitada, en este caso, por el
comisario Benedetto Croce. Como sabemos Croce, el sabueso policial de Blanco
nocturno, pierde la razón y se interna en un hospital psiquiátrico después
de tener evidencias de toda la corrupción policial que le asedia y de la
traición de Saldías, su colaborador más cercano. Desde ese momento, Renzi se
convierte en un detective que rastrea la verdad detrás de un crimen superficialmente
resuelto por la policía. Se culpa a un extranjero por el asesinato y se alegan
motivos pasionales. Sin embargo, Renzi descubre que se trata de una
conspiración para incorporar empresas locales dentro de la red de compañías
transnacionales. La causa del crimen es, como usualmente ocurre en la ficción
pigliana, el dinero.
3.1. El detective pigliano. Los habitantes de la isla urbana
Es de importancia,
asimismo, advertir el desplazamiento de la figura del investigador en el
neopolicial latinoamericano del siglo XXI. Del mismo modo que en “La loca y el
relato del crimen”, el detective no es a menudo un miembro de algún cuerpo
policial. En la ficción pigliana, comúnmente el investigador es el periodista
Renzi, reportero del diario El Mundo.
La situación ilustrativa de la ineficacia y la
descomedida corrupción policial aparece con frecuencia en la obra de Piglia. En
Plata Quemada (1997) y en “La loca y el relato del crimen” (1992), entre
otros textos, el proceder antiético de las esferas policiales es puesto en
evidencia ante el lector crítico. La violencia se despliega como el eje central
de la ficción relatada y muestra una percepción del mundo real. En Formas
breves, en su “Epílogo”, Piglia (1999 señala que ha “trabajado sobre relatos reales y también sobre
versiones imaginarias de argumentos existentes. (…) estos relatos (…) han
servido como modelos microscópicos de un mundo posible o como fragmentos del
mapa de un remoto territorio desconocido” ( pp.141-142).
La función paródica de algunas figuras
detectivescas y periodísticas (como Rinadi en “La loca y el relato del crimen”)
es recurrente en diferentes obras de Piglia y por lo habitual se dirige a la
reconceptualización de los valores culturales e intelectuales en la Argentina.
Sin embargo, como señala Ludmer, de forma general y sin aludir directamente a
la obra de Piglia, estas identidades detectivescas paródicas no se inscriben
dentro de un esquema identitario nacional. Forman parte de la sociedad (adentro)
pero, al mismo tiempo, son capaces de salir del relato y explicar los
acontecimientos a partir de una narración que involucra una posición externa (afuera).
En este contexto de
análisis ludmeriano (adentro/afuera), sería oportuno referir la
cotidiana polifonía que permite al lector escuchar alternativamente las
distintas voces de los personajes: Croce, Cueto, Renzi, las hermanas Belladona,
los testigos indirectos en el caso particular de Blanco nocturno y, por
supuesto, Luna, el jefe de redacción del diario El Mundo. Tony Durán
(puertorriqueño y, al mismo tiempo, norteamericano hablante del inglés y el
español) es blanco de un alto grado de incomprensión lingüística, debido a que
su acento al hablar en español de ningún modo pasa desapercibido entre los
habitantes de Pila. En Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (2013), Rivera Garza define este fenómeno de interferencia
lingüística como una “inquietante
desorientación lingüística” (Rivera Garza, 2013, p. 133).
Tony Durán, hablante
de un español extraño para los habitantes de Pila, se convierte de forma
directa en un sospechoso ante la comunidad que lo recibe, esa isla urbana8 (Pila) que aun siendo un ámbito rural queda
absorbida por la megaciudad cercana (Buenos Aires).
De forma certera, el
lenguaje coloquial de las voces de los personajes, en piezas como “La loca y el
relato del crimen” y Blanco nocturno, apunta hacia una identificación
cultural y regional que narra un crimen que podría ocurrir en cualquier latitud
y, a la vez, relata la corrupción del Estado a través de las diferentes
perspectivas de los personajes. Sin embargo, esta pertenencia de los personajes
a una comunidad, expresada a través de sus voces (adentro de Pila, en el
caso de Blanco nocturno), parece revelar también la existencia de
valores urbanos en el afuera colindante: la ciudad de Buenos Aires. Las
nociones adentro-afuera conforman para Ludmer una suerte de cartografía
que exponen punto por punto la sociedad y reseña de forma directa la construcción
de memoria a partir de la literatura postautónoma y en un contexto de
territorialidad actualizado. En sus diarios, Renzi reflexiona sobre esta
necesidad constante de constituir la memoria a través de una reconfiguración
del pasado “Extraña relación con el tiempo, el futuro (otra situación política)
parece demasiado lejano. Difícil hacer proyectos, se vive al día. La memoria
está ligada al presente: solo se recuerda la situación actual” (p. 80).
En la representación
de Pila se traza, en concordancia con los preceptos teóricos de Ludmer, una
radiografía de la sociedad y de todos los sectores que la forman; se muestran
trayectos y se marcan límites y zonas determinadas. Esto ha quedado cabalmente
ilustrado en el análisis de Ludmer sobre Angosta9 como ciudad
infernal en la novela del mismo nombre publicada por el escritor colombiano Héctor
Abad Faciolince en 2003. La escritura postautónoma muestra una ciudad
barbárica, violenta; que contrasta con la visión barbárica atribuida sólo al
medio rural como comúnmente ocurre en las ficciones anteriores al año 1990.
Desde la perspectiva
teórico-crítica de Ludmer y Rivera Garza, en estas nuevas ficciones se advierte
un desplazamiento en los modos de escritura y de construcción de una memoria
colectiva rural y urbana, lo que se resume en la noción de la ciudad memoria
según señala Ludmer. Esta memoria intimapública refiere, asimismo, una
conciencia del tiempo histórico vivido por los actantes citadinos. En este
sentido, Patrick Dove, ofrece en su artículo “Literary Futures: Crime Fiction,
Global Capitalism and the History of the Present in Ricardo Piglia” una
explicación del trasfondo histórico que encierra el enigma del crimen cometido
en Blanco nocturno y que refleja el contexto histórico allí plasmado:
The displacement of
national capitalism and import substitution industrialization by transnational
capitalism and financial speculation is usually understood in the context of
two key moments: the 1976-83 dictatorship and Martínez de Hoz’s role as
Minister of Economy under Videla, and Menem’s privatization reforms of the
1990s. Piglia is thus offering in Blanco nocturno an idiosyncratic
version of the history of the present10 (2013, p.33).
Lo que Dove refiere
como idiosincrático podría interpretarse como la puesta en escena de la
conciencia paranoica colectiva. Dove señala que, al menos en la primera mitad
de esta novela, Piglia cumpliría con el formato estricto de la novela policial
(la “novela problema”) ya que plantearía el crimen (el asesinato de Durán) como
principal enigma. Sin embargo, más tarde, se descubre que la trama es mucho más
compleja. En 2014, Juan Caballero en su artículo “Ricardo Piglia’s Blanco
nocturno (2010): A paranoid history of neoliberalism” propone leer Blanco
nocturno no como una pre-historia de la Junta militar sino como “una
prehistoria de la desnacionalización y la financiarización de la economía
argentina, que comenzó incluso antes de la segunda presidencia de Perón y
terminó catastróficamente en la crisis monetaria de 2001” (Caballero, 2014, p.
123, traducción nuestra).
4. Consideraciones finales
Evidentemente, Piglia propone una versión
subversiva del neopolicial en la Argentina ya que invierte su estructuración
clásica. Sus representaciones de la alteridad se marcan a partir de la
perspectiva de lo real, es decir, la realidadficción ludmeriana. La justicia,
como noción ético-jurídica, se concibe en Piglia como una utopía.
Repetidamente, no se logra la aplicación de la justicia en el relato pigliano y
esto se deriva de la corrupción profunda del sistema judicial que
frecuentemente queda expuesta a partir de sus relatos. La experimentación
literaria visible en la ficción pigliana se convierte en una suerte de
inspiración para el neopolicial paranoico y puede representar, al menos en
ficciones como Blanco nocturno, la imperceptible totalidad ejercida por
el poder económico neoliberal, lo que indudablemente nos refiere a un contexto
político y social determinado.
Palpablemente, se podrían identificar algunos rasgos importantes de la
novela policial pigliana como sería la ya aludida experimentación como
principio creativo. Los usos de ciertos recursos narrativos arltianos, como las
notas de pie de página explicativas, constituyen elementos experimentales que
dan pistas al lector para la identificación de procesos históricos, sociales y,
por supuesto, económicos que plantearon cambios en la sociedad argentina de
finales del siglo pasado. En la labor creativa de Piglia, se propone una
relectura de algunos iconos literarios acentuadamente nacionales que permiten narrativizar
las fuerzas históricas transnacionales, como ocurre en Blanco nocturno, lo
que invierte, de forma particular, la lógica básica de la tradición
estadounidense y abre el camino hacia una ficción politizada del crimen en América
Latina, punteando claras diferencias entre sus generaciones y dando pistas
sobre el futuro de esta tradición. La forma de narrar una suerte de conciencia
paranoica sobresale en el relato policial pigliano ambientado en la época
dictatorial y explora las contraversiones que evocan lo infernal de una ciudad
devastada al tiempo que se inmortalizan las voces de sus asesinados y
desaparecidos por el terror dictatorial a través de la construcción de una
memoria colectiva intimapública que devela, en la actualidad si partimos
del punto ludmeriano de que nada es privado en la era virtual, los horrores
vividos en épocas dictatoriales. Innegablemente, en la ficción de Ricardo
Piglia, estas voces subterráneas de los desaparecidos ansían expresarse y sus
verdades no reconocidas se narran, en esa memoria intimapública, a
través de las historias prohibidas y clandestinas que los dobles (Elena,
Tardewski, Renzi) cuentan sin césar en un entorno de represión política,
evadido magistralmente en el contexto de la creación y experimentación
ficcional.
Notas:
1. Respiración
artificial ha sido leída como una novela
que retrata el fracaso revolucionario. Ha sido referida también como como una
novela de formación que se lee con parámetros históricos ya que se puede asumir
que parte del texto es un homenaje a la generación perdida, “la Generación del
37” en el siglo XIX. De hecho hay coincidencia, en parte de la crítica, de ese
itinerario, de ese sentido de cierto fracaso histórico como marca de nuestros
países. En nuestro estudio, hemos partido de una lectura que siga las
coordenadas de la paranoia y la represión dictatorial. Aunque no existe mención
directa en Respiración artificial a
la dictadura militar, nuestra lectura se autoriza en el contraste de la obra
restante de Piglia con otros registros de ficción como Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida, así como en el
análisis de aquellos detalles que remiten al contexto histórico dictatorial
dentro de la novela: la mención a abril de 1976, la “desaparición de Maggi”,
quien nunca llega a la reunión, etc. Ciertamente, en lo que Leujene denomina
“el espacio autobiográfico” de la autoficción, Piglia cede un espacio ficcional
a Renzi que nos muestra desde la aparente veracidad del documento
autobiográfico el registro histórico de ciertos acontecimientos, aunque es
asimismo una forma de ceder el espacio a un creador de ficción. Esto ubica
estos diarios en un espacio entre lo veraz y lo ficcional. Béatrice Didier, por
su parte, ha dado cuenta de que la verdadera importancia de la fecha de un
diario radica en que cada una de las entradas, como receptáculos de la
experiencia real, muestran a un hombre verdadero e histórico: “La inscripción
temporal del diario me recuerda que se trata de un tiempo verdadero que ha sido
vivido por un hombre verdadero, y ese hombre ha muerto, como yo voy a morir, de
verdad, en un tiempo de verdad —y no un tiempo irreal, y por lo tanto
triunfante de la muerte que es el tiempo novelesco—” (Didier, 1991, p. 175).
2. En nuestro estudio
citaremos únicamente el tomo de los diarios titulado Los diarios de Emilio Renzi. Un día en la vida (2017) ya que allí
se retratan, desde la experiencia de Emilio Renzi, los años de la dictadura
militar y los años post-Junta.
3. El poema de Borges, “La
noche que en el Sur lo velaron”, dice en su última estrofa:
“Y el muerto, el increíble?
Su realidad está bajo las
flores diferentes de él
Y su mortal hospitalidad nos
dará
Un recuerdo más para el tiempo
Y sentenciosas calles del Sur
para merecerlas despacio
Y brisa oscura sobre la frente
que vuelve
Y la noche que de la mayor
congoja nos libra:
La prolijidad de lo real”
(Borges, 1989, p. 89).
4. En un fragmento de un
programa transmitido por RTVE (Radiotelevisión Española). Miriam Lewin,
periodista argentina y detenida política durante la dictadura del general
Videla, cuenta su experiencia de las torturas que sufrió durante los primeros
días de la Copa Mundial de la FIFA. En este fragmento, se presenta parcialmente
el discurso del general Videla en la inauguración de la Copa en el que
aseguraba que Argentina daba una demostración ante el mundo de ser una nación
“llena de amor y fe en Dios” bajo su régimen, en la que no ocurrían ninguno de
los hechos que en secreto se denunciaban (RTVE, 2008).
5. Nos referimos al campo
textual y literario. La mayoría de las ficciones piglianas ocurren en la ciudad
de Buenos Aires.
6. En su artículo Carrión
explica y problematiza las concepciones piglianas de Estado, poder y ficción
“En Las tres vanguardias. Saer, Puig,
Walsh, Ricardo Piglia parte de una cita de Paul Valéry (“Ningún poder es
capaz de sostenerse con la sola opresión de los cuerpos con los cuerpos. Se
necesitan fuerzas ficticias”) en su análisis de las tramas sociales y de la
ficción de Estado que constituyen eso que llamamos realidad nacional. Ese
sinfín de relatos conforman —según él— el contexto mayor de cualquier novela,
que “no hace sino detener ese flujo”, en una construcción artística que
invierte la lógica del discurso estatal.
Mientras que “el héroe del
Estado es aquel que dice que hay que bajar los ideales por culpa del peso de lo
real”; el de la novela, en cambio —añade el autor de Respiración artificial— “sostiene que es necesario encontrar un
ideal que le dé sentido a lo real”. Esa es la tensión que encontramos entre la
versión —antes soviética y ahora rusa, en lo esencial coincidentes— de los
hechos acaecidos en Chernóbil y la serie Chernobyl”
(Carrión, 2019).
7.
Ludmer en Aquí América Latina. Una
especulación (2010) explora la lectura (actualizada) de la historia
argentina o temporalidades nacionales a partir del concepto de realidadficción. Su lectura de novelas
publicadas alrededor del año 2000 y que motiva la publicación de este libro a
modo de un diario de año sabático le permite intuir que, en la historia, las
diferencias entre realidad y ficción parecen diluirse. A partir de este
planteamiento, Ludmer asocia la realidadficción
con el concepto de memoria ya que la memoria se valdría de forma recurrente de las
estrategias de la ficción y en cierto modo esto se hace evidente también en la
memoria pública o colectiva.
8. Para Ludmer, la isla urbana es “un régimen territorial
de significación (pone cuerpos en relación con territorios, fija posiciones y
traza movimientos) y una máquina naturalizadora de lo social, que opera por
irrupciones de “la naturaleza humana”, o simplemente de “la naturaleza”. El
régimen de la isla incluye cuerpos y animales, de cualquier clase social”
(p.132).
9. Ludmer explica “Angosta es una ciudad colombiana puesta
en futuropresente: una realidadficción construida para mostrar el mecanismo
urbano de la división social, que es al mismo tiempo global, que repite la
división global. Su principio es la división en tres zonas o “sektores” sociales,
económicos y climáticos a la vez. Y también en tres mundos literarios porque el
más bajo se llama Infierno (con “El abismo de los desesperados” en su interior,
que es una cascada y un basurero donde la policía secreta arroja los cadáveres
de los torturados), el otro es la Tierra Templada o Media (donde están La
Librería y el Hotel La Comedia, desde donde se narra), y el más alto o zona
fría es el Paradiso: para entrar se requiere visa. Allí está el gobierno de la
ciudad, una sociedad secreta de siete sabios que decide la vida y la muerte de
la gente: las únicas políticas son las de la muerte. La nueva división urbana
implicaría una política del apartheid
y de la muerte” (p. 129).
10.
El desplazamiento del capitalismo nacional y de la industrialización por la
sustitución de importaciones por el capitalismo transnacional y la especulación
financiera se entiende generalmente en el contexto de dos momentos clave: la
dictadura de 1976-83 y el papel de Martínez de Hoz como Ministro de Economía de
Videla, y las reformas de privatización de Menem en la década de 1990. Piglia
ofrece así en Blanco nocturno una
versión idiosincrásica de la historia del presente (traducción nuestra).
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La sonámbula, recuerdos del
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(1998). DVD. Argentina: Fernando Spiner.
Autor:
Karlin Andrés Camperos
García:
Doctor en Letras por la Universidad de Los Andes (2021). Magíster Scientiae en
Literatura Iberoamericana (ULA, 2007). Licenciado en Educación Mención Lenguas
Modernas (ULA, 2003). Licenciado en Idiomas Modernos (ULA, 2001). Profesor
Asociado de la Universidad Nacional Experimental “Jesús María Semprúm” en el
área de lenguas instrumentales.